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Lorca y la poesía queer: sonetos del amor oscuro

Lorca y la poesía queer: sonetos del amor oscuro

La historia de Federico es de sobra conocida ya. Aunque hayan pasado ocho décadas desde sus últimos días, tras ser fusilado por los nacionales en 1936, el poeta y dramaturgo ha sido referencia y sujeto de estudio por muchos expertos y aficionados de la literatura.

Muchos, de vez en cuando, entonamos aquello de la aurora de Nueva York gime por las inmensas escaleras, gracias a maestros como Morente o Camarón, que exportaron las palabras del autor hacia fronteras geográficas y de género mucho más lejanas, convirtiéndolas en canciones populares.

Como es bien sabido, e inútil ocultarlo, a Lorca le gustaban los hombres, y sobre esos amores ocultos escribió en Sonetos del amor oscuro, libro póstumo del que ha publicado una nueva edición la editorial Flores Raras, con ilustraciones de Jesús Martínez Oliva y prólogo de Juan Vicente Aliaga.

¿Por qué una nueva edición de este libro? Tal y como dijeron ambos durante una entrevista en el programa Equilibristas de Radio 3: «Es sabido que los derechos ahora son libres y pensamos que era muy oportuno lanzar una nueva edición que tuviera una nueva lectura porque, aunque hace tiempo que sabemos que Lorca era homosexual ha habido un intento deliberado de ocultarlo, sobre todo por parte de la familia hasta los años setenta, de los sectores más conservadores de la cultura española e incluso también por parte de algunos círculos de la izquierda a los que les molestaba que el gran poeta español del siglo XX fuera homosexual».

"La familia de Lorca se negó a que se titularan como Sonetos del amor oscuro, circunstancia que provocó que terminaran por llamarse Sonetos del amor"

El ejemplo parece claro si nos remontamos al año 1984, momento en que se publican en el diario ABC estos sonetos y la familia se negó a que se titularan como Sonetos del amor oscuro, circunstancia que provocó que terminaran por llamarse Sonetos del amor, eliminando el adjetivo «oscuro» por su posible alusión a su orientación sexual. En 1995 apareció una nueva edición del libro a cargo Javier Ruiz Portela, en la que se llevó a cabo un intento claro de heterosexualizar al poeta (el dibujo de la cubierta muestra un cuerpo femenino), minimizándose en el prólogo la importancia de la carga homoerótica que tienen estos poemas. Para que quede más claro, cuando un poema refleja claras connotaciones heterosexuales todo está correcto; mientras que en el momento en el que se presente alguna evidencia homosexual se levantan ampollas en algunos sectores de la sociedad. El ejemplo claro es la comparación entre Machado y Lorca. Ya que en el caso del primero es bien sabido que escribía abiertamente sobre sus relaciones y sentimientos con mujeres. Sin embargo, con el segundo se ha intentado maquillar que los poemas trataban de relaciones con hombres.

Si se lee con detenimiento esta obra del autor granadino se ve que hay algunos poemas muy crípticos pero, por otro lado, hay otros en los que se entiende, perfectamente, que se habla de un hombre. Hay muchos estudios sobre cómo han sido escritas y corregidas las marcas de género en muchos de estos poemas (de hecho, en un manuscrito aparecería incluso su nombre, aunque posteriormente se eliminaría: Federico manda una paloma al amado / el poeta manda una paloma al amado). Hay un poema en el que se escapa una de estas marcas y aparece la palabra en masculino: El amor duerme en el pecho del poeta. La relación con la homosexualidad en el caso de Lorca y su obra muchas veces está encriptada, pero es inútil negar la evidencia.

Pero sigue durmiendo, vida mía.
¡Oye mi sangre rota en los violines!
¡Mira que nos acechan todavía!

Fotomontaje de El amor duerme en el pecho del poeta (ilustración de Martínez Oliva)

Está claro que no es una sorpresa que la orientación sexual de Lorca se ocultara durante el franquismo. Lo que sí sorprende un poco más es que tengamos que haber esperado tanto tiempo para reconocerlo abiertamente en una España con un régimen democrático, como lo era la de 1984 o la de 1995. Aunque claro, viendo episodios recientes como el del tuitero que justificaba la muerte del poeta «por maricón«, parece que algunos todavía viven en los años treinta del siglo pasado.

"La relación con la homosexualidad en el caso de Lorca y su obra muchas veces está encriptada, pero es inútil negar la evidencia"

Estamos en 2018 y tendemos a pensar, de una forma bastante ingenua, que hay ciertas cosas que están ya superadas. No es cierto. En nuestro país y en el resto del mundo hay muchos casos de machismo y homofobia, continuas agresiones a chicos homosexuales, mujeres lesbianas y a personas trans, y todo esto ocurre en la España de hoy. Por lo tanto, no nos debe sorprender que haya grupos a los que les cueste reconocer la variedad y la realidad social. El verso nos acechan es clave para entender cómo se sentía el poeta y cómo vivía su sexualidad, la sensación de estar perseguido es clara en los poemas y era una realidad cotidiana, tal y como afirma Ian Gibson: «Es una palabra muy importante. Se sentía acechado, emboscado, incluso en su entorno próximo. Tenía que ocultar sus inclinaciones y, aún así, por parte de la prensa fascista y ultracatólica había continuas alusiones y ataques contra su homosexualidad«. El propio García Lorca inventó un nombre para referirse a las pasiones homosexuales en público sin que los demás supieran de qué estaba hablando: hepéntico. Término que utilizó numerosas veces y que dio a conocer a Vicente Aleixandre, quien se lo comentó en las tertulias de su casa de Madrid a otros poetas que iban a verlo para que circulara de manera secreta entre una minoría escogida.

Fotomontaje de Noche de amor insomne (ilustración de Martínez Oliva)

Por suerte hay esperanza y parece que entre los autores jóvenes se lee y entiende a Federico de una forma mucho más natural, abierta y justa con la biografía y personalidad del autor. Además, en relación a todo este tema de la identidad y el género, también hay que destacar un nuevo movimiento centrado en el estudio de la Poesía Queer, que defiende:

«[…]cómo la escritura es usada por las poetas queer, disidentes sexuales y genéricas, para inscribirse en la memoria y en el presente, para producir cuerpos y sujetos propios, (in)inteligibles, inadecuados. Así, analiza la producción de identidades genéricas y prácticas sexuales en la obra de poetas lesbianas queer del Estado español, desde inicios del siglo XX hasta nuestros días, y la (re)apropiación que de las tecnologías de control normativo han hecho estas poetas en sus textos para así dar espacio a una subjetividad propia, abyecta, queer, que renuncia a toda concepción estable y fija de la identidad.» 

"Que alguien se atreva a afimar que Lorca merecía morir por ser maricón, por ser diferente, por ser raro, es solo la punta del iceberg de un problema que atraviesa nuestra educación y nuestros valores"

Este fragmento extraído del libro Poesía queer: Cuerpos y sujetos inadecuados (Icaria, 2014) escrito por Elena Castro, profesora de literatura contemporánea española y de literatura comparada en Louisiana State University, Baton Rouge (Estados Unidos), cuyos ámbitos de investigación giran en torno a la poesía y se centran en los estudios de género y sexualidad, especialmente la teoría queer y los estudios culturales, nos serviría para definir, grosso modo, esta corriente.

Elena Castro ha publicado numerosos ensayos enmarcados en estas áreas, entre ellos diversos artículos sobre la producción de identidades genéricas y sexualidades no normativas en la poesía LGTBQ española. Su libro La subversión del espacio poético en el surrealismo español (Visor, 2008) está dedicado a las relaciones visuales/verbales, como tecnología de producción de textos/cuerpos disidentes, en la poesía surrealista de la Generación del 27.

Otro autor a destacar sería Ángelo Néstore, poeta, editor, gestor cultural y traductor español especializado en Teoría Queer y Cómic, cuyo libro Actos impuros (XXXII Premio Hiperión de Poesía en 2017) valdría como ejemplo práctico de este estilo de poesía:

Actos impuros ( XXXII Premio Hiperión de Poesía) y Adán o nada: Un drama transgénero (Bandaàparte Editores, 2017)

E io chi sono?

Por la mañana abandono mi sexo.
Al atardecer vuelvo
cuando me desnudo para entrar en la ducha.

Mi madre siempre dice que tengo los hombros de mi padre.
Con el vaho en el espejo el contorno es más ancho, más
generoso.
Dibujo una línea recta con los dedos, con la mano la deshago.

En los ojos guardo la tristeza de las muñecas
que jugaron a ser hijas
y que mis padres acabaron regalando.
El agua fría me trae a mi cuerpo,
escondo el pene entre las piernas.

Mamá, ¿a quién me parezco?

Ademas, Néstore ha iniciado, hace relativamente poco, un proyecto, Vértigo 22: Vídeo antología de poesía para Instagram, con el que trata de dar visibilidad a escritores y escritoras queer, tales como Richie Hofmann (Second Empire. Alice James Books, 2015)  Alejandro Pérez Paredes (Dios tenía la misma consistencia que el pato Donald. Esto No Es Berlín Ediciones, 2018) o la italiana Giovanna Vivinetto (Dolore minimo. Interlinea, 2018).

"Debemos comprometernos con la idea de que existen otras realidades posibles, distintas a la nuestra"

Por todo esto, ya es hora de replantearnos muchos de los conceptos que nos han enseñado desde pequeños. Debemos comprometernos con la idea de que existen otras realidades posibles, distintas a la nuestra. Que alguien se atreva a afimar que Lorca merecía morir ‘’por ser maricón’’, por ser diferente, por ser raro, es solo la punta del iceberg de un problema que atraviesa nuestra educación y nuestros valores desde hace ya demasiado tiempo. Me viene a la cabeza una escena de la película In & Out, dirigida por Frank Oz, en la que Kevin Kline interpreta a un profesor de literatura de un pequeño pueblo norteamericano al que el anuncio de su supuesta homosexualidad por un antiguo alumno cuando recibe un Oscar, le cambia la vida por completo, llegando él mismo incluso a plantearse cuál es su verdadera orientación sexual. El momento en cuestión es cuando, durante la ceremonia de graduación de los alumnos de último curso, el director del centro y parte del claustro deciden no entregarle el premio ‘’por ser poco apropiado y moralmente dudoso que imparta clases a sus hijos’’, ante lo que se produce una oleada de solidaridad por parte de los alumnos y del pueblo casi al completo, levantándose uno por uno diciendo «soy gay», ridiculizando los anacrónicos y estúpidos argumentos que daba el sector conservador de la sala. Propongo que si alguien en nuestra presencia pronuncia frases como la de «Lorca se lo merecía por maricón», respondamos sin dudarlo con un contundente: «Yo también lo soy».

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