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«Los asesinos de la luna», de David Grann: mi «true crime» por excelencia

«Los asesinos de la luna», de David Grann: mi «true crime» por excelencia

Podría empezar esta crítica de mil maneras diferentes y ninguna conseguiría plasmar todas las emociones que Los asesinos de la luna me ha arrebatado y se ha llevado consigo. La forma en que David Grann (Nueva York, 1967) te trasmite esta historia real es tan perturbadora y poderosa que se convierte en una obligación no dejar que caiga en el olvido.

Solo si consigo contagiaros una ínfima parte de los sentimientos que por ella me hizo pasar, mi esfuerzo no habrá sido en vano. Más aún, será mi mayor recompensa. Pero para ello es necesario empezar por el principio y que me permitáis explicaros quiénes eran ellos, los Osage, protagonistas indiscutibles de este apasionante relato.

LA TRIBU INDIA DE LOS OSAGE

En 1870, una tribu india perteneciente a Kansas, se vio obligada a abandonar sus tierras y exiliarse a una reserva en el estado de Oklahoma, aparentemente un territorio hostil y rocoso sin valor. Décadas más tarde, dicha reserva pasa a convertirse en una de las más ricas de Estados Unidos, al estar «asentada, literalmente, sobre una fortuna»: uno de los mayores yacimientos petrolíferos de todo el país. Para evitar que los colonos se hicieran con el control, la reserva india selló el pacto de la ley de Adjudicaciones ante el Congreso, y todas las familias Osage recibieron lo que se conoce como headright, una acción «en el patrimonio mineral de la tribu», las cuales quedaba prohibida su venta o comercialización y sólo podían heredarse.

La familia de Mollie.

Esto supuso que los pieles rojas, como se les conocía en el resto del país, («Oklahoma» en lengua choctaw significa gente roja) en poco tiempo se hicieran de oro, con mansiones, coches de lujo y criados blancos, dando una imagen totalmente distinta a la que la mayoría de americanos tenían sobre ellos: salvajes, pobres y muertos de hambre.

Pero el gobierno, argumentando que muchos eran incapaces de gestionar su patrimonio y viéndose privados de ese capital, optó por considerar a algunos de ellos «incapaces» obligándoles a tomar como tutor de sus fortunas a un colono blanco. Por lo tanto, un Osage incapaz no podía disponer de sus rentas sin la autorización de su tutor. Si a eso se le suma que los headright únicamente se podían transmitir de forma hereditaria, hagan ustedes la relación.

Y tras estas pinceladas de historia, pónganse cómodos, porque la nuestra empieza así.

PETRÓLEO, RIQUEZA, CONSPIRACIÓN Y EXTERMINIO

A principios de la década de 1920, Anna Brown, una Osage con residencia en Gray Horse (Oklahoma), hermana de Mollie Burkhart, es hallada muerta en un barranco, cerca de Fairfax, ciudad vecina, de un tiro en la cabeza. La búsqueda de su asesino se convierte en el objetivo principal de la reserva y de William Hale, el colono «Rey de las colinas Osage».

Crimen de los Osages (nytimes.com)

Pero su muerte no era la primera ni sería la última de toda una serie de asesinatos o defunciones extrañas que se produjeron durante el periodo denominado Reino del Terror, que se cebó no solo con más de una veintena de Osage, entre ellas buena parte de la familia de Mollie, sino que todo aquel investigador que parecía meter las narices en el caso acababa arrojado desde un tren en marcha, cosido a balazos o envenenado.

LA CREACIÓN DEL FBI

Por aquellos años un joven de 29 años, J. Edgar Hoover, fue puesto al frente del Bureau of Investigation, predecesora del FBI, para modernizar y renovar el cuerpo, conocido por aquel entonces como «el departamento de moral dudosa», debido a todos los casos de corrupción e ilegalidades de su antecesor. Para evitar que las muertes de los Osage, que iban en aumento, le pudiesen salpicar, nombra a Tom White (ex Ranger de Texas) para que asuma el mando de la investigación y aporte, junto a sus sabuesos infiltrados, nuevas pruebas que lleven a los culpables a prisión y, ya de paso, a Hoover al pedestal.

Complots, sobornos, jurados amañados, perjurio, obstrucción a la justicia y un corte de alas al gobierno federal y estatal son la realidad de uno de los casos más importantes y de mayor repercusión entre blancos e indios Osage de los Estados Unidos de América. White llegó a decir en una ocasión que «tenía la sensación de estar vagando por un desierto de espejos. Topos, agentes dobles, triples». Nadie se salvaba de haber podido traspasar la delgada línea en «unas tierras empapadas de sangre». Porque no era un solo hombre. Estaban ante una red de conspiración que iba más allá de un asesino y sus esbirros.

EL DOLOR DE UN CASO QUE PASÓ AL OLVIDO

Los asesinos de la luna es un relato perturbador, agonizante y sin parangón, capaz de estrujarte el estómago en un puño y no soltarlo hasta leer la deliberación final, que invito a que conozcas de la mano de Grann. Y ni con eso uno consigue olvidar el dolor que parece haberse infiltrado en la piel del lector. Al menos en la mía.

David Grann, periodista de The New Yorker y autor de la obra de Z, la ciudad perdida, pone sobre la mesa esta investigación con una bibliografía perfilada y aplastante, con millones de páginas de documentos clasificados del FBI, informes médicos y forenses, telegramas, cartas, transcripciones de juicios, testimonios, testamentos, recortes de diarios y un sinfín de material inédito para reconstruir una parte de la historia del pueblo indio Osage, aquel que, tras la alegría de descubrir yacimientos de petróleo bajo sus pies, estos se convirtieron en su peor pesadilla. La historia fue ganadora del Premio Edgar Allan Poe al Best Fast Crime y tuvo una enorme repercusión en Estados Unidos.

David Grann (Foto: NY Times).

Aún hoy, existe la incertidumbre de los descendientes de los casos no resueltos, aquellos que llevan, décadas después, a remover el pasado en busca de pruebas que ya no quedan, pues «las páginas de aquella época fueron arrancadas mucho tiempo atrás», y a dudar de cualquier persona blanca, amiga de la familia o familiar, que les hubiera rondado de cerca. Ahora sólo quedan las conjeturas.

CAMINO A LA GRAN PANTALLA

En 2019 se dio a conocer que el director de cine Martin Scorsese llevaría a la gran pantalla Killers of the Flower Moon. Entre los actores protagonistas, Leonardo DiCaprio y Robert De Niro, que encarnarán a Ernest Burkhart y William Hale, respectivamente. El coronavirus retrasó su grabación y por ende su estreno, que esperamos que esté previsto para este 2022, haciendo conocedora a parte de la sociedad de este triste exterminio de toda una población indígena.

«Durante Xtha-cka Zhi-ga Tze-the, el asesino de la luna de las flores. Vadearé el río del pez negro, la nutria y el castor.
Remontaré la orilla donde los sauces nunca mueren»

Elise Paschen

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