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Los cuentos de Borges, entre sueños, espejos y espejismos

Los cuentos de Borges, entre sueños, espejos y espejismos

Foto de portada: Jorge Luis Borges, en su visita a Santander en agosto de 1983. Foto: José María Plaza

Jorge Luis Borges es uno de los cinco (o seis) autores fundamentales del siglo XX, un autor que, desde su discreción y modestia, revolucionó la literatura. Borges dio la vuelta al concepto de realidad y al mismo tiempo dio la vuelta al concepto de ficción (e incluso dio la vuelta a todo ello) para elaborar unos textos tan personales que sólo pueden definirse como borgianos. Ahora la editorial Alfaguara, con motivo del 40º aniversario de su muerte, acaba de publicar tres imprescindibles volúmenes que recogen sus cuentos completos, sus ensayos completos y sus poesías completas, en lo que, sin duda, es el acontecimiento editorial del año. Un gran noticia, aunque me temo (y lo he escrito en Zenda) que la figura de Borges (me gustaría equivocarme) no interesa en España, aunque sí en otros países. En Francia, por ejemplo, Borges fue el primer autor no francés en entrar vivo en la Biblioteca La Pléiade, de Gallimard, que publicó sus obras completas en dos tomos. Ha habido tres nombres más que han tenido este privilegio: Milan Kundera, Mario Vargas Llosa y Philip Roth.

Comenzaré hablando de los cuentos, aunque yo prefiero sus ensayos (y Borges sus poesías). Los cuentos son sus textos más populares, especialmente dos títulos definitivos: Ficciones y El Aleph, que destacan (o los destacan) por encima del resto. Los otros cuatro libros se suelen considerar, si no comparsas, sí complementos. Algo totalmente inexacto. Antes que nada, y como una aproximación generalista, equívoca y eficaz, habría que sugerir,  lanzar al aire, que sus cuentos son como un laberinto de espejos y espejismos, y que Borges (alguien lo ha dicho) intentó hacer literatura con la metafísica.

"La década de los cuarenta, turbulenta en amores, fue un tiempo de gran productividad literaria, en la que también escribió los 17 cuentos del volumen El Aleph "

Hay dos fechas claves en su biografía, que marcarán su vida y condicionarán su obra: 1938 y 1955. Y en las dos, el cuerpo es el gran protagonista. Al fin y al cabo, somos también cuerpo.

En 1938 sufrió un duro golpe en la cabeza que le mantuvo varios días entre la vida y la muerte; cuando se recuperó, y para probar si no se había mermado su capacidad intelectual, probó (se probó) a escribir algo distinto, algo que nunca hubiera intentando; así es como surgió Pierre Menard, autor del Quijote, al que siguió Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, dos cuentos que formarán parte del libro El jardín de los senderos que se bifurcan, publicado en 1941. A estos siete cuentos se les añadió nueve más para configurar la edición definitiva del libro que pasó a denominarse Ficciones (1944).

La década de los cuarenta, turbulenta en amores, fue un tiempo de gran productividad literaria, en la que también escribió los 17 cuentos del volumen El Aleph (1949). Si bien ambos libros tuvieron buena acogida y fueron muy reconocidos en el ambiente cultural de Buenos Aires, el gran éxito de Borges no se produjo hasta 1961, año en que le concedieron el Premio Internacional de los Editores. A partir de ahí Borges fue traducido, festejado y requerido en todo el mundo. Se alumbraba el escritor universal, admirado y respetado por los grandes narradores de su tiempo, y estos dos títulos eran su estandarte y escaparate.

"Apoyándonos en estas dos fechas claves en su vida (1938 y 1955) podemos distinguir claramente las dos partes distintas (y diferenciadas) de los cuentos de Borges"

La otra fecha clave es 1955, año en el que le nombran director de la Biblioteca Nacional y se queda ciego de los dos ojos. He aquí lo sustantivo. Borges, que ya no puede leer ni escribir, deja la narrativa y vuelve a la poesía —ahora rimada— que había abandonado a finales de los años treinta. Ya no escribe cuentos, pero las revistas se los piden. Un poco empujado por Norman Thomas di Giovanni, su traductor para Estados Unidos (que pasó largas temporadas conviviendo con él), se animó a sumergirse en la narrativa (había dictado, tres años antes, el cuento La intrusa a su madre), y en menos de un año escribió los relatos que formarán El informe Brodie, publicado en 1970. A este título seguirá (1975) El libro de arena, el más querido por Borges (“un libro fácil de leer y fácil de olvidar”, decía), título para reivindicar, donde el autor es más inmediato, sobrio y directo que nunca. Su narrativa se cierra con La memoria de Shakespeare, que no es propiamente un libro, sino la recopilación de sus últimos cuatro cuentos.

Borges, en 1970, con Norman Thomas de Giovanni, su traductor al inglés, quien le animó a seguir escribiendo cuentos.

Apoyándonos en estas dos fechas claves en su vida (recordamos que son 1938 y 1955) podemos distinguir claramente las dos partes distintas (y diferenciadas) de los cuentos de Borges, que vienen precedidas por una especie de introducción o precalentamiento, como es Historia universal de la infamia, publicado en 1935: ocho textos narrativos (más un Etcétera borgiano) de los que sólo el último, Hombre de la esquina rosada, es considerado por el propio Borges como cuento. El resto son historias ficticias de hombres verdaderos (hombres infames, malvados), publicadas en el suplemento literario del periódico sensacionalista Crítica, según el consejo de su dueño, Natalio Botana: “Un veinte por ciento de realidad, y el resto, ficción”. Este suplemento, que Borges codirigió, y estos textos suponen una especie de campo de entrenamiento narrativo y de experimentación para ese Borges que hasta entonces había sido ensayista y poeta.

"Del volumen El Aleph me quedo con Emma Zunz, que excepcionalmente no es un cuento fantástico, sino muy realista, un melodrama popular"

No vamos a comentar nada por extenso (no es el lugar) sobre esa primera parte del cuentista, la que le ha dado fama universal, ya que se han escrito miles de artículos y estudios sobre esos dos libros, Ficciones y El Aleph. Se supone que —como con las canciones de los Beatles—, cada lector tiene su título favorito. Hablaré de tres, mis dos favoritos y una decepción. De Ficciones elijo el que cierra el volumen, El sur (en algún momento Borges dijo que era su preferido), su cuento más biográfico, ya que en la primera parte describe maravillosamente el accidente de 1938 y sobre la segunda planea ese avieso destino que le ha perseguido.

Del volumen El Aleph me quedo con Emma Zunz, que excepcionalmente no es un cuento fantástico, sino muy realista, un melodrama popular que Borges desarrolla y narra de una forma magistral. Su más famoso cuento, sin embargo, se me trastabilla. Debo de ser el único lector en el mundo que considera que El Aleph no es un cuento logrado del todo. Tiene el mejor comienzo que se ha escrito y un buen final, pero su parte intermedia no está a la altura: no naufraga, aunque bracea ostentosamente con esa alargada parte de Carlos Argentino y el detalle de sus pomposos poemas. Borges disfruto muchísimo vengándose de ese rival.

"Dos décadas después de estos dos excepcionales libros, Borges publica El informe Brodie (1970), un corte en el camino"

Su etapa de narrador, como temía (y se temía) no había acabado. Dos décadas después de estos dos excepcionales libros, Borges publica El informe Brodie (1970), un corte en el camino, que rompe con la línea fantástica y de orfebrería estilística anterior. Son once narraciones en los que vuelve los ojos a temas que  le habían obsesionado en sus comienzos: cuchillos, gauchos, orilleros, criminales, el Buenos Aires del suburbio que conoció o del que hizo mitología, para darles una vuelta y mostrarse ahora no épico, sino desencantado. Es como una reconsideración de ese criollismo que siempre había cultivado, y (¡la gran novedad!) están recreados con un estilo natural. Ya lo advierte en el prólogo: “He intentando la redacción de cuentos directos. No me atrevo a afirmar que son sencillos”. No es improbable que aquí destaquen La intrusa, El encuentro y El Evangelio según san Marcos, además del cuento —muy borgiano— que da título al volumen.

En 1970 publica El libro de arena, que puede considerarse como la otra cara, la cara B y complementaria del anterior. Son trece cuentos del género fantástico en los que vuelve a esos temas que se consideran borgeanos: el doble, el objeto mágico, las sociedades secretas, misticismo, el tiempo, herejías, máscaras… Hay que destacar, por su singularidad, dos (que no son los mejores): El congreso, su cuento más largo (casi veinte páginas) y el que más tiempo arrastró sin acabar. Borges lo prefería a todos, porque lo consideraba una síntesis de sus obsesiones (aunque la crítica del momento lo juzgó como una repetición). Y Ulrica, un cuento muy breve y sencillo, casi menor, pero es la única historia de amor (moderadamente feliz) de toda su producción.

"Algunos estudiosos dicen que Ulrica es María Kodama (y la propia acompañante del escritor lo reclamaba). Otros lo dudan"

Algunos estudiosos dicen que Ulrica es María Kodama (y la propia acompañante del escritor lo reclamaba). Otros lo dudan. Nos aventuramos a pensar que Ulrica no es una mujer concreta, sino una mezcla, una sensación; pero si tuviéramos que dar nombres (recordemos que la describe como “ligera, alta, de gestos afilados”) nos inclinaríamos por Norah Lange (un sueño) o Ulrica, aquella triste y misteriosa joven que conoció junto al lago de Lugano y ella lo invitó a su casa donde pasó casi una noche.

El estilo de este libro y del siguiente, La memoria de Shakespeare, es claro, directo, cercano al de los fabuladores, como los de las mil y una noches, que tanto admiraba. Llama la atención —un detalle anecdótico— que si en sus dos famosos libros predomina el punto y coma, aquí desaparece ese signo ortográfico, que es sustituido por el punto. No hay que olvidar que Ficciones y El Aleph los escribió personalmente con esa letra de pulgas traviesas, mientras que el resto de su producción narrativa se vio obligado a  escribirla en su cabeza y dictar. En esta segunda etapa hay cuentos muy interesantes, además de alguno ya citado, como El libro de arena, La memoria de Shakespeare (su último cuento), Agosto 25, 1983, que narra su frustrado suicidio de 1934, y Utopía de un hombre que está cansado, todo un legado y una confesión, como el propio Borges estaba y estuvo durante largos y tantos años.

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