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Marcos Ordóñez: «“Una joven pareja” es mi novela más feliz»

Marcos Ordóñez: «“Una joven pareja” es mi novela más feliz»

 

Marcos Ordóñez (Barcelona, 1957) ha publicado nueva novela, Una joven pareja (Pepitas de Calabaza). Con esto bastaría para que cualquier persona sensata corriese a la librería, pero como no suele ser así, me siento a charlar con Marcos para que nos la explique. Entiendo que ustedes, como personas sensatas que son, correrán a la librería después.

Escrito en pandemia, este libro escapa al otro lado del continuo de la realidad: es luminoso, alegre, habla de la juventud sin nostalgia(s) y nos cuenta el inicio del amor entre dos veinteañeros en aquella Barcelona de finales de los setenta. Como todo lo de Ordóñez, Una joven pareja siempre tiene lugares a los que agarrarse, de los que aprender.

Le digo, al otro lado del teléfono:

—«Le voy a grabar. Dígame algo para probar sonido».

—Pues, mira, esta noche me he dado cuenta de que el detonante de la novela fue una serie de películas de cine español que vi en los años setenta, luego pormenorizaré…

—Me ha dado un buen pie. Le iba a preguntar por la escritura de Una joven pareja. Pero ya que en esta prueba de sonido me ha hablado de estas películas, pues hablemos de esas películas.

"Un tío muy importante para mí, para aprender a escribir y para aprender a leer también, fue un tío del que, por desgracia, mucha gente no se acuerda ya: José Luis Borau"

—Un tío muy importante para mí, para aprender a escribir y para aprender a leer también, fue un tío del que, por desgracia, mucha gente no se acuerda ya: José Luis Borau. De él hay tres películas importantes para mí: La sabina, Tata mía y la tercera, que la hizo con otro tío para mí también muy importante, Manolo Gutiérrez Aragón: Furtivos.

—De esas tres, la que no controlo es La sabina.

—Se vio en cines grandes. Creo que fue la que la que hicieron ellos dos después del exitazo de Furtivos. No tuvo el súper éxito de Furtivos pero es una historia muy importante para mí.

—¿Por qué?

—Pues porque hace lo que más me gusta y lo que creo que yo hago un poco bien: mezclar los géneros. O sea, que se pueda pasar del humor a la tragedia. Y también pensé en Almodóvar. Para mí y para mucha gente él ha sido un cineasta importante. Las dos pelis que me vinieron juntas, como un fogonazo, durante la escritura de mi novela: una, creo que la penúltima, fue Dolor y gloria. Y la primera, que me parece un peliculón, fue La ley del deseo. No sé si vista ahora sentiría lo mismo que entonces.

—Al leer la novela tienen mucha importancia los sentimientos, digamos, «de entonces». De cuando usted tenía —o teníamos todos, porque al final estos sentimientos son compartidos a esa edad— unos veintitrés años. ¿Ha vuelto a tener esos sentimientos «de entonces»?

—La verdad es que sí. Con toda la humildad, al escribirlo te vuelve lo que más te flipó cuando te llegó esa edad: las canciones, los libros… Lo que te atizó entonces por primera vez.

—Me suena que gran parte de Una joven pareja es autobiográfica. Pero ¿la salpicó en algún momento de ficción, o casi todo lo que se encuentra el lector, en esa relación de esos personajes que empiezan a quererse, es autobiográfico?

"Y luego la música es muy importante. Aparecen músicas muy imprevistas, sobre todo para mí"

—(Se ríe) Qué más quisiera yo que fuera todo autobiográfico… A la vez que hablamos estoy pensando en cosas que se me han ocurrido esta noche, que me ha despertado esta entrevista, porque el libro lo tenía un poco apartado hasta que se ha puesto en marcha o unos buenos amigos me lo han puesto en marcha. Entonces, por ejemplo, he caído en la cuenta de que el personaje protagonista femenino sale de una piscina, sale del agua como si fuese propia, y eso tiene mucha importancia en la ficción. Y luego la música es muy importante. Aparecen músicas muy imprevistas, sobre todo para mí. No sabía que iba a salir en la última parte una canción famosísima de los años cuarenta y cincuenta de Lola Flores y Manolo Caracol, «La niña de fuego». O que el tema de cierre de la historia fuese «Caravan», de Van Morrison: una canción de «¡vamos hacia la felicidad, tíos!».

—¿De sus novelas, y aunque suene un poco cursi, no cree que esta es la más feliz?

—Sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, y mil veces sí… Me encontré con gente como Jordi Costa, que me decía «flipé mucho con la novela por la alegría que desprende en un momento de mierda», porque la empecé el momento de la pandemia desatada. Ahí arrancó la cosa, e incluso creo que fue poco el detonante: me dije: «No, no. No me quiero comer este marrón. Vamos a buscar algo alegre». Aunque también haya muerte en el libro y haya todo lo que hay en la vida.

Marcos Ordóñez con 17 años.

—Para mí, que fui uno de sus primeros lectores, lo que era sorprendente fue cómo la ha escrito. Aun habiendo muerte: cómo escribiéndola desde un presente pandémico terrible y desde su edad actual fue capaz de meterse en esos personajes pasados y en esa edad, en esa luz concreta. Meterse en unos años donde la muerte no existe y transmitirlo perfectamente. En esta novela la muerte deja de existir de la manera que no existe para gente de veintitrés años.

—Los veintipico son los años en los que se está acabando esa sensación. Notas que se te va entre las manos un juguete muy bueno y que empiezas a ver cosas que no te apetecía ver.

—Otro personaje muy importante es aquella Barcelona de principios de los ochenta.

"Recuerdo aquella Barcelona muy oscura, muy oscura, muy, muy chunga y, al mismo tiempo, muy libre, cosa rarísima siendo pleno franquismo"

—Pasé por muchas barcelonas. Todos los que tenemos una cierta edad pasamos por ciertas barcelonas… Ya son mundos distintos. Por eso te preguntas cómo era yo y cómo era la ciudad a los  veintitrés años. Y diez años más tarde ya es totalmente distinto. Tengo la sensación de estar diciendo obviedades, pero yo las he vivido así. Recuerdo aquella Barcelona muy oscura, muy oscura, muy, muy chunga y, al mismo tiempo, muy libre, cosa rarísima siendo pleno franquismo. Porque el franquismo acaba con el golpe de Estado del 23-F, donde felizmente se fueron al carajo. Eran tiempos inestables, e incluso a muchos se nos metió en la cabeza largarnos, concretamente a Francia, supongo que porque era más barata que Londres (se ríe).

—Otra de las cosas de su vida que en Una joven pareja está menos presente es el teatro. Quizás porque en aquella época todavía no le entusiasmaba. ¿O usted ha sido siempre un entusiasta del teatro?

—Creo que a una edad temprana flipaba con el teatro. Bueno, flipaba con todo. Porque decías «hoy puedo ver una peli en tal cine a las 11 de la mañana». Y luego, ¡un segundo pase! ¡En un día te podías cascar tres o cuatro películas! Esto hay gente que le da igual, pero para mí era súper importante. Y luego las músicas que íbamos descubriendo. Y las lecturas… Estos días me preguntaba qué leía cuando estaba con esta novela. Como no puedo pegar el coñazo, diré dos o tres cosas. Entre los más recientes, anoté una novela que me pareció muy valiente. Hay mucha gente que le parece un poco cursi pero a mí me pareció una patada en los huevos: Ordesa, de Manuel Vilas.

—Magnífica.

—Para mí fue zambullirme en una historia también feliz, como Una joven pareja, pero con dureza. Y patada en los huevos porque no te la esperas. Leí además a una tía que siempre ha hecho cosas que me han gustado mucho: Marta Sanz.

—Vale, magnífica por dos, Ordóñez. Vamos a la par.

"Para mí un escritor importante fue Patrick Modiano, os apunté una para no apuntar veintisiete: El café de la juventud perdida"

—Apunté una novela de Marta que puede parecer muy obvia en un tío como yo, que viene de la farándula, porque se llama Farándula. Y luego un libro muy, muy duro y muy verdadero, muy auténtico para mí: La lección de anatomía. Un libro muy bonito, me parece muy verdadero: es una autobiografía pero ¿qué es cierto en ella? ¿Qué no lo es? No lo sé. Para mí es auténtico. Estos libros me tocaron cuando estaba a punto de meterme con Una joven pareja. Luego para mí un escritor importante fue Patrick Modiano, os apunté una para no apuntar veintisiete: El café de la juventud perdida. Si no la has leído, te puede gustar mucho, es una mezcla de relatos. Y ya que me preguntas sobre teatro: Alfredo Sanzol me gusta mucho por esta mezcla de historias tristes, de historias duras y de historias de partirse el culo de risa. Léete Delicadas. Y luego hay un autor en cierto modo poco conocido llamado Pablo Remón, además guionista de cine. Recomiendo mucho una mezcla de cine y de teatro y de relato que se llama El tratamiento. Es un tío también que encaja en el tipo de narración que a mí me gusta hacer o me gustaría hacer.

Portada de Una joven pareja, de Marcos Ordóñez.

—¿Es usted nostálgico?

—No lo puedes evitar. Está ahí. Los personajes de Una joven pareja no son nostálgicos, lógicamente: aprenden a querer, aprenden a lanzarse. Aprenden lo que quieren que sea su futuro. Ella, la protagonista, Patricia, es una tía de sangre gitana, pero al mismo tiempo es matemática y guitarrista. ¿Y esto cómo contarlo y que la gente se lo tome en serio? Yo me creo al personaje aunque viva en esas dos cosas tan distintas. El chaval, Iván, es el chaval que quiere aprender a escribir. Es de casa buena, como se dice en Cataluña. Si estuviera yo haciendo un musical en lugar de un libro abriría con la canción «Simple Twist of Fate», de Bob Dylan, que también aparece. Una canción muy, muy bonita con un aire melancólico, con un aire de tristeza pero al mismo tiempo con la fuerza de la belleza.

—Una pregunta que me sale y que no sé ni por qué, ni para qué sirve: ¿se ha quedado contento con Una joven pareja?

"El título de Un jardín abandonado por los pájaros tiene un punto de novela de François Sagan"

—Pues la verdad que sí. Uy, (se ríe) ¡si no, tampoco lo diría!… Diría «ha salido de puta madre, os va a gustar mucho, por favor, compradla. Necesito dinero» (nos reímos). Siempre paso de una sensación a otra. Ha habido momentos de decir «la he cagao, esto no gusta a nadie, van a pensar que es una mamonada». Pero luego te despiertas por la noche y piensas: «Oye, esto yo me lo creo bastante». Y se lo pasas a tu mujer y a otros amigos y te dicen que les ha gustado. Ahora, si ya gusta un poco más entre los lectores que a ellos, doy saltos de alegría.

—Aparte de Una joven pareja, Marcos Ordóñez ¿qué libro de Marcos Ordóñez recomendaría?

—Un jardín abandonado por los pájaros es un libro de memorias, de memorias de familia. Es decir, que hablo yo de mí mismo mismamente. Pero también se habla de la gente que era mi familia y de las historias que me había contado mi familia desde los años cincuenta y de lo que fui viendo yo. El título tiene un punto de novela de François Sagan.

—A mí con el título me vino la imagen de una plantación sureña de Tennessee Williams.

—Tú ahí podrías vivir bien (nos reímos). Y a mí me costaría bastante.

—Una buena plantación con esclavos, ¿no? (se ríe)

—Tú putearías al personal y te matarían por la noche, merecidamente. Yo no putearía: haría grandes cenas en el casoplón con un grupo de amigos y amigas, disfrutando de la vida.

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