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Marieke Lucas Rijneveld: «Frente a la oscuridad siempre está la luz»

Marieke Lucas Rijneveld: «Frente a la oscuridad siempre está la luz»

El debut literario de Marieke Lucas Rijneveld, La inquietud de la noche, ha causado conmoción en los Países Bajos, de donde es originaria esta escritora, que no ha cumplido los treinta y ya ha sido finalista del Booker Internacional 2020 con esta obra sobre el duelo de una mujer que pierde a su hermano.

En una entrevista con Efe, que Rijneveld contesta desde la granja en la que trabaja, rememora que ha tardado seis años en armar este artefacto, en una «época vulnerable y maravillosa a la vez», en la que ha aprendido a ser «implacable y a escribir lo que quería decir».

Publicada por Temas de hoy, en la novela Jas, entre la infancia y la adolescencia, pierde a su hermano Matthies en un accidente en un lago, lo que provoca el desmoronamiento de su familia, con unos padres muy religiosos, y otros dos hermanos, Obbe y Hanna, que intentan digerir el suceso. La escritora, a la que le encanta limpiar los establos del lugar en el que trabaja a tiempo parcial, no esconde que la muerte impregna todas las páginas de la historia, algo a lo que no es ajena, porque un hermano suyo falleció cuando contaba con doce años y ella tres.

Asevera que en aquel momento era muy pequeña y apenas recuerda nada: «De niña sí veía que mi familia corría el riesgo de romperse en lugar de unirse más. Y entonces yo estaba en la edad en que se crea el vínculo afectivo, lo que influyó en mi desarrollo», rememora. Una escritora que además es psicoanalista, Anna Enquist, le dijo una vez: «Tenemos recuerdos y algo llamado memoria corporal; puedes ser demasiado joven para sentir o expresar con palabras lo que ocurre, pero el cuerpo lo recuerda». Y Rijneveld cree que es lo que le ocurrió a ella también. «La pérdida está en mi cuerpo», dice.

A la pregunta sobre cómo ha conseguido esta novela altamente física, en la que lo escatológico se mezcla con Dios, en la que hay besos con lengua entre hermanas o algunas escenas que el lector llega a oler, sin obviar momentos que llevan a sonreír, Rijneveld precisa que siempre trata de «enfrentar la luz y la oscuridad». Considera que se puede escribir «algo duro y contrarrestarlo con comparaciones divertidas o tragicómicas para que se pueda asumir», no tanto para el lector como para sí misma. «Así también es como funciona la vida: frente a la oscuridad siempre está la luz», añade.

A pesar de que se puedan asociar los Países Bajos a Amsterdam y su cosmopolitismo, en esta novela queda constatado que apenas unos kilómetros al sur hay comunidades pequeñas en las que todo el mundo se conoce. La novelista no esconde que creció en un lugar así, que «a veces puede resultar opresivo, especialmente debido a la religión», pero que crecer en una granja, en el campo, siempre le ha parecido «algo maravilloso y bonito».

Respecto a los personajes creados, precisa: «En realidad, ya existían dentro de mí. La mayoría de ellos están basados en parte en gente que conozco, y Jas está basada principalmente en mí misma. Yo también pasé una época en la que no me quitaba el abrigo».

En cuanto a los padres que aparecen, devotos y siempre con una Biblia, remarca que no tienen nada que ver con sus progenitores, aunque pueda haber aprovechado algunos rasgos de carácter suyos. «Ellos son religiosos, pero no tanto como en el libro, lo he exagerado mucho. Pero es cierto que se toman la religión de una manera muy estricta, así que a mí también me dieron una educación religiosa. Mi madre es la única que se ha leído el libro. Mi padre aún no se atreve a hacerlo, y mis hermanos y mi hermana tampoco», explica.

Llama la atención, por otra parte, que aparezca en varios momentos aludida la figura de Adolf Hitler. «Hitler y yo nacimos el mismo día —arguye la joven escritora— y de niña se me hacía raro compartir el cumpleaños con un hombre tan monstruoso. Esto me llevó a preguntarme si yo también era mala persona, y me hizo desarrollar una fascinación por él».


En cuanto al hecho de ser finalista del Booker, dice que es «un gran honor, especialmente teniendo en cuenta quiénes son el resto de nominados y quién ha ganado en otras ediciones», y agrega que le da esperanzas para seguir escribiendo, destacando que le gusta que Jas haya tenido una acogida tan favorable —la novela se está traduciendo a varias lenguas— aunque se trata de un libro «absolutamente holandés».

Preguntada sobre nuevos proyectos, avanza que está con una segunda novela, sin añadir nada más.

En cuanto al hecho de añadir «Lucas» a su nombre de nacimiento, Marieke relata que así se llamaba un amigo imaginario que tenía cuando era pequeña, en un tiempo en el que se sentía más como un niño que como una niña. Más tarde volvió a plantearse dilemas sobre su identidad: «Por ahora la respuesta es algo intermedio, y de ahí el nombre de Marieke Lucas, pero aún no sé dónde terminará mi búsqueda», concluye.

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