Ignacio Martínez de Pisón acaba de publicar en Alianza un libro titulado Dos tardes con Benito Pérez Galdós (2026), que me parece importante por varias razones. La más llamativa de ellas es que uno de nuestros mejores novelistas, Ignacio Martinez de Pisón, que hace muy poco nos ha dado la cima de Castillos de fuego, una aventura narrativa sobre la inmediata posguerra en Madrid, a la estela y altura de Juan Eduardo Zúñiga, se dedique a explicar a un novelista del XIX como Galdós y se defina galdosiano. Nos descubre que podemos sentir como necesaria la gran tradición de modernidad narrativa que supuso Galdós para el siglo XIX, y pervivir en novelistas de hoy, asimismo comprometidos con la altura necesaria de la novela española y lo que puede suponer la literatura en nuestra formación como sociedad. Que Pisón es galdosiano era algo que todos los que hemos seguido su obra (creo haberla leído completa) deducíamos, pero que nunca habíamos visto proclamado por él. Al final de su libro observa que el adjetivo galdosiano es aplicado casi siempre a ese Madrid urbano suyo, de la Cava, Chamberí, Chueca o la Latina, pero es adjetivo que podría muy bien decidir un estilo narrativo, que Pisón, sin complejo alguno, reivindica como realista, pero que va más allá en la obra del autor canario. Realistas son Pereda, Clarín o Pardo Bazán, y Galdós lo es de modo diferente a ellos.
La diferencia la muestra muy bien este libro, y estriba, creo interpretar, en una conciencia de necesidad de dar explicación por vía literaria a la vida de los españoles, constituidos en nación en los años que recorren las cinco series de los Episodios nacionales. España como conjunto, desde lo político a los tipos del Madrid burgués, o bien popular y callejero. Esa dualidad, la España política y la España de las gentes que la pueblan, en este ensayo de Martinez de Pisón se distribuye en dos partes: la primera son los capítulos dedicados al recorrido por el espíritu y sentido de los Episodios nacionales, esas cuarenta y seis novelas que reúnen setenta y cinco años de vida española, casi todo el siglo XIX, desde Trafalgar (1873), primer episodio, a Cánovas (1912), que cierra la serie final. Hay dos constantes en este recorrido: haber sabido ver que Galdós poseía un programa implícito de observación del siglo XIX como una gran oportunidad perdida. Nace la decepción en el rey Fernando VII, el más deseado en su juventud por los españoles, deseosos de unirse frente a la invasión francesa, y el menos llorado cuando su muerte por esos mismos españoles. Las primeras dos series las va recorriendo Martínez de Pisón, buen conocedor de ellas, no aditivamente sino cogiendo de este episodio una cosa o reflexión, y otra distinta de ese otro episodio, con una línea de gravedad: la conciencia de haber tenido España en el Cádiz sitiado una oportunidad histórica, defraudada por el monarca al que se conoce como El Felón y por la serie de guerras carlistas que Galdós recorrió en distritos episodios. Lo peor de los políticos no era solamente el rey sino la instauración de las camarillas, una serie de nobles o aspirantes a nobles dedicados al esquilmo del país en su provecho. Alguna figura como el inmoral Pipaón vio Galdós emblemática de esta nueva casta política, que junto al clero tradicionalista fueron los dos grandes males de la nación.
Un segundo pivote político del libro lo forma la reflexión sobre Isabel II, “la de los tristes destinos”, y la simpatía de fondo de Galdós para con la reina desterrada. Este libro se originó precisamente en los estudios previos de Pisón, como guionista que iba a ser de una serie televisiva sobre la reina destronada. Son formidables las páginas del libro que glosan el artículo, resumen de una entrevista habida de Galdós con la reina exilada, en la residencia parisina de la rue Kléber, y que a modo de obituario publicó Galdós el día 12 de Abril de 1904, en el periódico El Liberal, tres días después de la muerte de la reina. Los claroscuros de quien siendo niña fue llevada a ser reina, se la malcasó, y nunca pudo adaptarse, y que recibe de Galdós una mirada más amable que su representación como reina castiza (al modo que había hecho Valle-Inclán).
Uno de los momentos clave de este libro, que se ha documentado muy bien en estudios que cita, como la extensa biografía de Yolanda Arencibia o los prólogos de Dolores Troncoso, es aquel en que va apuntando los años de distancia de los hechos narrados y el proceso de escritura por parte de Galdós. La importante pregunta metodológica de cuándo algo puede ser, para quien escribe, suceso histórico o bien formar parte de su presente me ha parecido crucial, pues explica una parte soberbia del ensayo, aquella en que se da cuenta de la cercanía creciente, a partir de la cuarta serie de los Episodios y el mundo habitado por las novelas madrileñas. El mundo político de Narváez, O’Donnell, o la revolución del 68 perpetrada por Prim que cierra la serie cuarta coincide con el mundo vital de los héroes y valores de las novelas madrileñas, en un Galdós que concentra, por así decirlo, una síntesis entre la macroestructura política e ideológica y la estructura social y económica, con tipos y modos como los arribistas, los funcionarios, los cursis, los señoritos y los desclasados, tipos que Pisón va recorriendo en algunas de las novelas y de los que muchas veces políticos y españoles de hoy somos herederos sin saberlo o advertirlo.
Terminaré esta reseña sobre tan importante librito de noventa páginas, que se lee en dos tardes efectivamente, con una reflexión contenida en el propio libro. Tanto Darwin como Franklin, o como Bell en cada una de las teorías evolutivas o inventos que crearon, que definieron el siglo XIX, eran en cierto modo sustituibles. Así ocurre en la ciencia y la técnica: de no haber sido Edison habría sido Tesla, de no haber tenido a este científico habría sido este otro. Sin embargo, ¿qué habría sido de la historia literaria española y de la vida consciente de los españoles sobre nosotros mismos si no hubiese existido Galdós? Ese lugar de la literatura, mucho más importante de lo que ella misma conoce de sí misma, ha sido puesto de relieve en este formidable ensayo, en el cual un escritor se da cuenta de las oportunidades que los españoles no podemos perder respecto al conocimiento y comprensión de quienes somos (resultado de quien hemos sido) y el reconocimiento de aquello en lo que sí somos o fuimos grandes. Únicamente leyendo y aprendiendo de gentes como Galdós y sus herederos (uno de ellos es Martínez de Pisón) dejaremos de ser, como ciudadanos y como nación, oportunidades perdidas.
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Autor: Ignacio Martínez de Pisón. Título: Dos tardes con Benito Pérez Galdós. Editorial: Alianza. Venta: Todos tus libros.


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