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No te olvides de ella

No nos damos muchas veces cuenta. Quizás porque lo concebimos como algo inherente, natural en la mayoría de los casos. Es una especie de fuerza silenciosa que influye en nuestra vida y que repercute desde el pasado hacia el futuro, sea para bien o para mal. Y solemos percibirla con mayor claridad cuando nos falta. Hablo, claro está, del amor. Y, en este caso, de uno especial, un poco diferente al de otras formas: el amor de una madre.

Esa persona a la que denominamos mamá está ahí desde que abrimos los ojos a este mundo. Su contacto piel con piel con la nuestra facilita la adaptación a ese nuevo espacio que es el mundo extrauterino. A lo largo de los meses y años venideros será una fuente constante de aprendizajes que nos permitirá crecer y afrontar nuestro propio camino. Sin embargo —y esto es algo que muchas veces comprendemos demasiado tarde— no siempre se valora el sacrificio que esa persona realiza en múltiples sentidos. Todo por nosotros.

"La obra parte de una situación tan sencilla como inquietante: la madre de una familia surcoreana desaparece en la estación de Seúl"

Y cuando ya no está, al mirar atrás, aparecen los arrepentimientos: no haber dicho más “te quiero” o “gracias”, recordar las veces que le hemos gritado o tratado con impaciencia, o aquellas en las que la hemos considerado torpe con las nuevas tecnologías o distante de nuestro mundo. En este sentido, Por favor, cuida de mamá (Destino, 2025), de Kyung-sook Shin, se erige como una novela que invita a detenerse un instante y reflexionar sobre esa figura cotidiana que muchas veces damos por sentada.

La obra parte de una situación tan sencilla como inquietante: la madre de una familia surcoreana desaparece en la estación de Seúl. Iba con su marido para reunirse con sus hijos en la ciudad, pero este la pierde de vista al subir al tren. Cuando las puertas se cierran, se da cuenta de que ella no ha entrado. No estaba detrás de él. Y ese detalle aparentemente trivial —no esperar, caminar siempre delante— se convierte en uno de los símbolos más poderosos de la novela.

"La hija mayor, Chi-hon, convertida en escritora y acostumbrada a viajar al extranjero, recuerda con incomodidad los pequeños gestos de su madre, que tantas veces la irritaban"

A partir de ese momento, los hijos comienzan una búsqueda por la ciudad colocando carteles con su nombre, su fecha de nacimiento —que ni siquiera recuerdan con exactitud— y una fotografía antigua, porque nadie tiene una reciente. Mientras reciben llamadas de personas que creen haberla visto deambular por distintos distritos de Seúl, empiezan también a emerger los recuerdos y, con ellos, la culpa. Cada uno de los miembros de la familia reconstruye entonces la figura de esa madre aparentemente silenciosa cuya vida desconocían en gran medida. Afloran los sacrificios invisibles: el hambre soportada, el frío, la resignación ante la indiferencia del marido, las traiciones o las impaciencias de los hijos.

La hija mayor, Chi-hon, convertida en escritora y acostumbrada a viajar al extranjero, recuerda con incomodidad los pequeños gestos de su madre, que tantas veces la irritaban. El primogénito, Hyong-chol, comprende demasiado tarde los esfuerzos que ella realizó para que pudiera convertirse en fiscal, un sueño que él mismo terminó abandonando. Incluso el marido empieza a descubrir hasta qué punto aquella mujer sostenía el hogar con una presencia discreta pero esencial en su casa. Porque la novela de Shin se construye precisamente sobre dicha revelación: la persona que parecía ocupar el lugar más humilde dentro de la familia era, en realidad, su núcleo invisible.

"Con un estilo sencillo, pero profundamente emotivo, Kyung-sook Shin logra construir una obra que apela directamente a la conciencia del lector"

La autora articula este descubrimiento mediante una estructura coral en la que cada voz aporta una perspectiva distinta sobre la madre desaparecida. El resultado es un retrato fragmentado que se recompone lentamente a través de la memoria, el remordimiento y el afecto. En ese proceso, la novela trasciende la historia concreta de una familia para adentrarse en una experiencia universal: la de quienes, al mirar atrás, comprenden que nunca conocieron del todo a la persona que más hizo por ellos.

Con un estilo sencillo, pero profundamente emotivo, Kyung-sook Shin logra construir una obra que apela directamente a la conciencia del lector. No mediante grandes dramatismos, sino a través de gestos cotidianos que, vistos desde la distancia, adquieren una intensidad inesperada. Tal vez por eso, al terminar la novela, la frase que la autora rescata de Franz Liszt resuena con especial fuerza: «¡Oh, ama, ama mientras puedas!»

En cierto modo, esa podría ser también la lección última de Por favor, cuida de mamá: recordar que las grandes tragedias familiares no siempre nacen del conflicto, sino de algo mucho más silencioso y frecuente: el olvido cotidiano. Tal vez por eso convenga no olvidar nunca a quienes siempre han estado ahí: nuestras madres.

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Autor: Kyung-sook Shin. Título: Por favor, cuida de mamá. Traducción: Aurora Echevarría Pérez. Editorial: Destino. Venta: Todos tus libros.

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