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Óperas y Rembrandts

MESA DE ENTRADA: ÓPERAS Y REMBRANDTS

Fin de semana de ópera en Buenos Aires

Ah sí, parece que las tres compañías de ópera que hay en Capital Federal (Ciudad Autónoma de Buenos Aires es el nombre legal) se pusieran de acuerdo para brindar sus funciones lo más cercanas en fechas como les sea humanamente posible. Mejor todavía si logran tener funciones en los mismos días y horarios. Una maravilla de coordinación de agendas. Si lo hicieran a propósito seguro que no les salía tan bien.

Pero a lo que iba. Viernes de ‘Faust’ de Gounod en el Teatro Avenida por BAL (Buenos Aires Lírica). La ópera de Gounod -estrenada en París en 1859 y que narra la leyenda medieval del pacto con el diablo- no tiene ni por asomo todo el aire metafísico y filosófico de la obra de Goethe en la que está basada, pero no deja de ser una maravillosa historia de amor, perdición y perdón. Y el más divertido pacto con Mefisto, que siempre termina perdiendo almas a último momento. Despojada de toda la seriedad del ‘Fausto’ de Goethe, presenta a un Diablo mucho más cómico, humano, burgués y dispuesto a todo por llevarse al alma del Dr Fausto (y a unas cuantas más) al infierno. Mefistófeles, vestido de frac, galera y bastón, paseó su buena voz por la platea y uno de los palcos, besó manos de damas y nos hizo sonreír a muchos. La orquesta acompañó sin descollar pero sin pasar vergüenza. Y hasta hubo lugar para que en medio de la “antimisa” (¿se llamará así? Había cruz invertida y el diablo la presidía, así que lo supongo) apareciera una mina en bolas en el escenario. Sep. La ópera da para todo.

El gran problema de este estreno es que la sala estaba semivacía (claro, ya dijimos que lo estrenaron el mismo día que había función en el Colón). Y semivacía creo que era mucha gente. Una falta de gente que este ‘Faust’ no se merecía. Seis personas en primera fila de platea, unas diez en la segunda y así. Palcos total y completamente vacíos. Me imagino el mal trago para los actores que salieron a escena con una sala en esas condiciones. Pero también imagino a la gente detrás, los que pagan las cuentas. Esa función les dio pérdida seguro. Una pena. No se merecía aplausos de tan poca gente.

En contraposición, el domingo me fui a la función del Colón (¡cómo me gusta este teatro! Me tiene enamorada desde la primera vez que lo vi) de ‘Don Giovanni’ de Verdi. Sala llena, llenísima. Claro, daba vida a Don Giovanni el bajo-barítono de la otra orilla (en cualquier momento empezamos a decir que es rioplatense, y de ahí a apropiarnos de él y decir que es argentino hay un paso) Erwin Schrott, por primera vez en papel protagónico en el Colón. Y no defraudó. Yo no sé si es un excelente actor además de cantante, pero encarnó a la perfección a ese decadente seductor amante de la buena vida y las mujeres. Su figura llenaba el escenario (¡y qué figura!) y su voz se escuchaba clara y potente. El resto del elenco -sobre todo las tres mujeres- acompañó maravillosamente, logrando una excelente versión. Por la puesta… no sé cómo definirla. Un graaaaaaaaaaaaan marco dorado barroco enmarcaba (nunca mejor dicho) la boca del escenario y lo achicaba y elevaba. Lo bueno de esto es que permitía ciertos “salir de cuadro” (uyyy, cómo estoy hoy con los juegos de palabras… ¿Se nota que es lunes?). Por otro lado, eso fue lo más “novedoso” de una puesta despojada y shena (así, marcando bien la “ll”) de dorados y ocres. A Dios gracias por el vestuario más bien oscuro de la mayoría de los personajes. Y, como frutilla del postre, se puede ver online la última función (miércoles 13 de abril a las 20 hs ARG) en el siguiente enlace: www.teatrocolon.org.ar/es/en-vivo

‘Crescendo’ (libro 2 de la serie ‘Hush hush’)

Me animé y lo leí. La tapa es un poco menos reveladora que la de ‘Hush hush’, pero la historia nace sin fuerza. Bueno, en realidad, nace sin fuerza y sigue sin fuerza. Le faltan vitaminas, minerales, aminoácidos esenciales y cualquier otra cosa que conozcan que ayude al buen crecimiento y fortalecimiento (y varios -cimientos más) de la historia. Pero lo dicho, me animé. Se lee fácil y rápido, como ‘Hush hush’, pero yo notaba que estaba menos enganchada con la trama. Hay problemas de pareja entre adolescentes (normal cuando la adolescente sale con su ángel de la guarda que antes era un ángel caído) y mucha lágrima de la protagonista por el “te quiero, no te quiero, te vuelvo a querer, quizás ya no tanto, me trauma que seas un ángel”. Y entre ellos dos cada vez hay menos química. Y siguen queriéndola matar, y ella sigue pasando la mayor cantidad de su tiempo sola y viviendo en la casita alejada de la civilización, y su mamá de viaje, y su amiga de novia (con otro ángel caído), y por si fuera poco baja la niebla para reforzar bien reforzada la idea de que “ohhhhh, está en peligro”… Además, no sé cómo lo logra la autora, pero siempre es de noche en el libro, y los peligros acechan, el ángel no está cerca… Pero sí, en el momento cúlmine aparece -entre sombras- a salvarla. Es de esos libros que recomendaría la primera parte, pero no la segunda. Y si una alumna se lo quiere llevar, le avisaría que si se aburre lo devuelva y se lleve otro. Y el tercero y cuarto libro van a quedarse sin leer.

‘Me before you’

Otro que leí porque me atrajo su tapa roja y letras con firuletes. Después vi el tráiler de la peli que van a sacar y me gustaron sus actores (babas por él aparte). Y fue empezarlo y ya no poder dejarlo hasta que lo terminé. Chica veinteañera que vive a la sombra de la hermana inteligente, se viste raro, no consigue trabajo estable y es quien debe sostener económicamente a su familia se convierte -por necesidad- en cuidadora de chico tetrapléjico que era exitoso hombre de negocios, hiperactivo y un poquito adicto a la adrenalina.
Hasta ahí las bases para la parte de historia de amor del libro. Lo que me resultó mucho más interesante son los planteos alrededor de la vida que llevaba antes del accidente y que se ve ahora obligado a llevar el muchacho. ¿Cuáles son los límites de una persona? ¿Quién puede juzgar cómo tiene que vivir una persona? ¿Es suficiente el amor familiar o de pareja para una persona que lo tuvo “todo” y ahora está condenada a solo recordar lo que fue? ¿Qué lugar pasan a tener, o más bien qué importancia le das a, tus creencias y tu religión cuando el que sufre es alguien que amas? ¿Qué haría o qué dejaría yo de hacer en esa posición? ¿Hasta dónde llega la esperanza y a partir de cuándo decís “hasta acá llegué”? ¿Qué esperaría de quienes me rodean: acompañamiento, desesperanza, ánimos, que me entiendan y me acompañen en mis decisiones? ¿Lacrimógeno? Sí, un poco. Pero no lo sentí desesperanzador. No sé si es el libro que recomendaría a mis alumnos de secundaria, pero sin duda se lo recomendaría a los profes (igual que les recomendaría que tuvieran un paquetito de pañuelos descartables cerca, por las dudas). Espero ansiosa la segunda parte.

Retrato nuevo de Rembrandt

El 6 de abril nos enteramos que el Museo Rembrandt de Amsterdam, la Universidad de Tecnología de Delft, la Mauritshuis de La Haya y Microsoft presentaban en sociedad un nuevo retrato “pintado” por Rembrandt. Sí, pintado por Rembrandt, suena raro. En realidad, lo pintó una impresora 3D con una “tinta” especial (¿lo pintó o lo imprimió?). Y logró pintarlo luego de juntar muchísima información sobre el estilo de los retratos del pintor. Y crearon un “modelo” basado en sus mediciones, en sus algoritmos, con los ojos “como los de Rembrandt” y la boca y la ropa y el color de piel. Pero, más allá de que la lógica dice que no es un Rembrandt original, ¿pasaría la prueba? Si -sin saber su origen- lo vieras colgado en la pared de un museo, ¿pensarías que lo pintó Rembrandt? Y de ahí se me disparan las preguntas -para las que no tengo respuesta, lo aclaro desde ahora-: ¿qué hace a Rembrandt Rembrandt?, ¿qué convierte a una pintura en arte?, ¿se lo puede considerar un “original”?, ¿es una copia? Pero en ese caso, ¿copia de qué? ¿Se lo podría considerar como “de la escuela de Rembrandt” o se lo tiene que considerar como una falsificación? Pero no debería ser considerada falsificación, porque no está copiada de ningún original.

Y como es lunes mientras escribo y me hace falta el café de la tarde que me mantenga enfocada en mis tareas, mi mente divaga y vuelve a discusiones bizantinas repetidas durante horas con profesoras, alumnos, amigos y familia: ¿tiene límites el arte?, ¿cuáles son esos límites?, ¿qué consideramos arte? Y la que más me hace repetir este cuadro: ¿es esto arte? Si contestara mi queridísima profe de Historia del Arte -Carolina Randle, la más genia de todas- diría que si te emociona, entonces puede ser considerado arte. Y a mí, en lo personal y allá en el fondo de mi alma, este cuadro, con todos sus interrogantes y alcances, y sabiendo que es producto de un montón de máquinas y algoritmos sin sentimientos, me emociona.

El vídeo sobre cómo se hizo ‘El próximo Rembrandt’ (en inglés): https://www.nextrembrandt.com/