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El origen del “Origen del mal”

El origen del “Origen del mal”

Siempre he querido escribir sobre un tema histórico que influya decisivamente en nuestra actualidad. Si esto ha sido importante a lo largo de la historia (todo suceso pasado influye en el presente en alguna medida) creo que es ahora, en pleno siglo XXI, tras haber sobrevivido a algunos viejos enemigos de la humanidad (pienso en las grandes plagas de antaño, en las guerras que enfrentaron al mundo entero, en la Guerra Fría), cuando más estamos viviendo ese hecho. Los conflictos actuales, económicos, sociales, son herencia del pasado. Esto nunca me ha parecido más claro que en el enfrentamiento que hoy vivimos contra organizaciones terroristas islámicas que tratan de reivindicar el pasado convirtiéndolo en una guerra actual entre dos conceptos, dos civilizaciones, dos formas de vivir el mundo y las creencias.

Pero no hubiese llevado nada de esto al papel ni hubiese surgido una historia que contar si no llega a caer en mis manos la biografía del militar y falangista Víctor Martínez-Simancas escrita por Guerrero Acosta. Su historia me pareció prodigiosa, y conforme la leía ese vínculo entre pasado y presente se hacía realidad en mi imaginación. Martínez-Simancas trabajó para los servicios de inteligencia españoles del norte de África en los años 50 y 60. En aquella época, con la hirviente cuestión de la independencia de Marruecos y el fin del Protectorado, el pueblo musulmán cobró casi por primera vez vigencia en nuestra cultura occidental moderna. Y aunque todo era bastante diferente entonces, aquel período contiene indudables vínculos con el que actualmente experimentamos. 

"Así empezó a nacer mi protagonista, Ángel Carvajal. Lo veía no como un héroe capaz de hacerlo todo, sino como un ser humano cuyo deseo era formar una familia y trabajar en aquel país que desde el principio le había enamorado."
 En teoría, la misión de militares como Martínez-Simancas era anticipar posibles perjuicios para España por parte de sus “viejos enemigos” de la época, como los soviéticos. Pero también era necesario conocer las intenciones reales del rey de Marruecos y prever qué ocurriría cuando se firmara por fin la independencia. Sin embargo, lo que más me fascinó de Martínez-Simancas fue que convirtió esa labor en un puente tendido entre dos culturas. Nunca vio un enfrentamiento: vio la oportunidad de unir a unos y a otros, de buscar intereses comunes para España y para el país vecino del sur. En esto fue, sin duda, influido por el tiempo que vivió en el país norteafricano y su profundo conocimiento de las gentes y la cultura del Protectorado. Siempre teniendo a España como referente —no podía ser de otra forma, pero tratando de unir, no de separar—, creo que Martínez-Simancas representó a ese otro “espía” tan diferente del que estamos acostumbrados a ver en la ficción, no un guerrero sino un mediador, no un ladrón de secretos sino un observador atento de uno y otro bandos.

Con su historia comencé a elaborar la mía. Conocí a personas que lo conocieron y trabajaron con él en los servicios de inteligencia, hablé con aquellos que compartieron el afecto con él, aquellos que lo recordaban, y aquellos que podían contarme cómo eran las cosas en el Marruecos de la época. Así empezó a nacer mi protagonista, Ángel Carvajal. Lo veía no como un “héroe” capaz de hacerlo todo, sino como un ser humano cuyo deseo era formar una familia y trabajar en aquel país que desde el principio le había enamorado. Frente a él coloqué a un amigo, Elías Roca, que seguiría sus mismos pasos pero que vería las cosas de una forma diferente, algo así como los dos caminos que en mi novela se mencionan como “paralelos”, dos historias, dos maneras distintas de concebir los enfrentamientos entre culturas.

Pero me faltaba una pieza final. Sin hablar del presente mi historia de Ángel Carvajal parecería tan solo un manuscrito sobre el que reflexionar. Necesitaba contar algo que, a su modo, sirviera de metáfora para esa relación, ese vínculo entre pasado y presente.

"En El origen del mal no hay notas a pie de página sino otra historia: la de la persona que lee la historia titulada El origen del mal y halla relaciones con un hecho terrible que sucede en el presente."

Cortázar decía de su Rayuela que su libro era muchos libros a la vez, pero sobre todo dos. Creo que la primera parte de su declaración puede afirmarse de cualquier libro también. Todo libro es, en sí mismo, tantos libros como sus lectores. Sin embargo, la segunda parte es difícil: no todos los libros son “dos libros”.

Creo que El origen del mal es también dos libros. La historia de Ángel Carvajal en Marruecos, una historia de traición, de crímenes, de investigación, es uno de esos libros; pero está también la historia del escritor que lee lo que Ángel Carvajal ha contado en un texto mecanografiado de hace 50 años. Este escritor también intenta tender “puentes” y establecer vínculos entre lo que lee y lo que sucede en su momento actual. Me fascinaba la idea de que el lector fuese también, a su modo, como el innominado escritor de mi novela, y en este sentido tal experimento no había intentado repetirlo desde mi novela La caverna de las ideas. En esta, un traductor se introduce subrepticiamente en el texto de la novela para convertirla en otra cosa, usando notas a pie de página.

En El origen del mal no hay notas a pie de página sino otra historia: la de la persona que lee la historia titulada El origen del mal y halla relaciones —extrañas, acaso aparentemente absurdas, pero cada vez más reales y misteriosas— con un hecho terrible que sucede en el presente. ¿Contiene la vieja narración de Ángel Carvajal, sus apuntes biográficos, las claves de la resolución de un misterio del siglo XXI?

Con El origen del mal logré, pues, hacer realidad ese deseo. Pasado y presente son una sola cosa.

Si ignoras el presente, no estás viviendo. Si ignoras el pasado, puedes morir.

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Autor: José Carlos Somoza. TítuloEl origen del malEditorial: Ediciones B. VentaAmazon y Fnac