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Pedro Lemebel, La Loca del Frente

Pedro Lemebel, La Loca del Frente

Pedro Lemebel es una figura singular en la historia de la literatura homosexual, e incluso podría decirse que de la literatura a secas. Él mismo, el personaje que creó o que fue sin querer serlo, no puede disociarse de sus libros. Yo le conocí tan fugazmente que apenas podría escribir de él con mucho criterio, pero un instante bastaba para reconocer la mecha donde comenzaba a arder su invención. Fue en la Feria del Libro de Santiago de Chile, un día en el que le acababan de expulsar de algún acto por “maricón”, lo que le mortificaba y al mismo tiempo le exaltaba. Bajito, regordete, con su sempiterno pañuelo pirata en la cabeza, me cogió las manos cuando nos presentaron y aceptó mis alabanzas a su obra con una coquetería envanecida. Necesitaba el afecto de todos aquellos que pudieran compensarle el desafecto del mundo; los halagos que le redimieran de los insultos y las burlas. Era una criatura rota, desvalida, que a veces hartaba a sus amigos con la exigencia de atención continua y de cariños excesivos. Mariconeaba con frivolidad, engrandeciendo su alma femenina, pero en ese espectáculo de travestismo festivo estaba todo el dolor que le salía por los ojos.

Su obra refleja ese mundo contrapuesto: la felicidad que crea infelicidad; el exhibicionismo de quien trata simplemente ser querido en el silencio de un cuarto. Los libros de Pedro Lemebel tienen una carga subversiva, pero no, como los de Genet o los de Fernando Vallejo, por el uso de la rabia consentida y convertida en acto político, sino de un modo más primario: es el dolor el que los vuelve perturbadores y turbulentos. Existe la rabia, por supuesto, existe el rencor; pero lo que actúa como revulsivo en quien los lee es sobre todo el desvalimiento de quien a pesar de ese rencor está desnudo.

"La prosa, como en toda la obra de Lemebel, está levantada sobre un barroquismo relumbrante, que hace de la expresividad homosexual casi un idioma propio."

Sus libros son sobre todo crónicas: Loco afán: crónicas de sidario, De perlas y cicatrices, Adiós, mariquita linda, Háblame de amores o Mi amiga Gladys, que fue publicado póstumamente. En esas crónicas, breves, punzantes, a veces desangeladas, Lemebel aborda episodios, estampas y retratos en los que el mundo ambiguo que constituye su identidad toma el protagonismo. El erotismo masculino, la sensualidad a veces podrida —putrefacta—, la marginalidad, la pobreza, el submundo social que está en los bordes de la realidad que solemos ver. Lemebel le ponía voz a los humillados de una manera muy particular: con ternura. Incluso en esas piezas más irritadas y resentidas, hay una sombra de vulnerabilidad que le hace manso.

Su única novela, publicada en el año 2001, se titula Tengo miedo torero, tomando un verso de una canción de Sara Montiel, y en ella está todo el universo personal de Lemebel. La novela toma como marco histórico el atentado que el Frente Patriótico Manuel Rodríguez cometió en 1986 contra Augusto Pinochet. El protagonista es un homosexual maduro y afeminado, “La Loca del Frente” (la voz de Lemebel, su espejo), que conoce a un joven guerrillero izquierdista del que se enamora perdidamente, con ese apasionamiento desgarrado de los boleros o de las coplas. Augusto Pinochet y su mujer aparecen como personajes, caricaturizados —o no tanto— para representar el amor iracundo, amargado, irritante, frente al amor verdadero y destellante que siente La Loca.

La prosa, como en toda la obra de Lemebel, está levantada sobre un barroquismo relumbrante, que hace de la expresividad homosexual casi un idioma propio (como Eduardo Mendicutti, por ejemplo). Ese barroquismo puntea a la perfección el sentimentalismo del autor: una pócima compuesta por desesperanza, malicia, ingenio sexual y fantasías. Como Lemebel, La Loca del Frente no confía realmente en lograr el amor, sólo aspira a representarlo lo mejor posible. Pero el amor, logrado o no, le transforma: le hace perder parte de su cinismo, le reconcilia con la lucha. Su compromiso político vuelve a él, y se siente orgulloso de ello.

"Su figura, icónica en Chile y demasiado poco conocida en España, no puede separarse de sus libros."

La homosexualidad como forma canónica de marginalidad está en todos los textos de Lemebel. Pero se trata de esa homosexualidad afeminada, llena de plumas y de arreboles que ni siquiera tiene a menudo la comprensión del resto de los homosexuales. La homosexualidad indigna, acosada. Por eso la rebeldía de Lemebel, que empieza y termina en la reivindicación soberbia, es tan singular. Su prosa de oropéndolas y balas no es accidental: responde a un propósito de restitución de la ternura. A golpes o a caricias, pero imperiosamente.

Lemebel murió de un cáncer de laringe a comienzos de 2015. Su figura, icónica en Chile y demasiado poco conocida en España, no puede separarse de sus libros, como decía antes, pero sus libros pueden leerse a la perfección sin conocer al autor. Son libros ásperos, broncos, hirientes y tristes. Son libros de una escritura bellísima, florida y verbosa pero nunca farfollante. Son libros que no deben dejar de reeditarse aunque la mano de dedos gordos y untuosos que los escribió no esté ya para agitar el abanico sobre ellos.