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Poemas de «No puedes ser así», de Luis García Montero

Poemas de «No puedes ser así», de Luis García Montero

Luis García Montero (Granada, 1958) ha publicado libros como Habitaciones separadas (1994), Completamente viernes (1998), Vista cansada (2008) o Balada en la muerte de la poesía (2016). Catedrático de Literatura española en la Universidad de Granada, poeta, narrador, ensayista, ha recibido, entre otros, el Premio Nacional, el Premio de la Crítica, el Premio Poetas del Mundo Latino y el Premio Carlo Betocchi. Actualmente dirige el Instituto Cervantes.

De nada sirven las fechas y los episodios históricos recordados si no somos capaces de escuchar en ellos el rumor de los seres humanos. La poesía de Luis García Montero ha indagado a lo largo de su obra los latidos históricos que tejen una educación sentimental. Saber lo que decimos al decir «soy yo», «soy hombre», «soy mujer», es la clave para unir la verdad de una conciencia íntima con el tiempo que nos toca vivir, heredar y dejar como herencia. En este nuevo libro, subtitulado Breve historia del mundo, elige el camino contrario y busca en los hechos históricos el rumor de vida y muerte, de amor y odio, de soledades e ilusiones colectivas, que define nuestra intimidad. Más que nunca, el poeta es un romántico ilustrado o un optimista melancólico que se enfrenta a las trampas del posmodernismo, el mal y la renuncia, en favor de una segunda oportunidad: un gran relato lírico y cívico capaz de sostener las apuestas de la razón y los derechos humanos.

II

En este duelo están todos los duelos
como en su nombre pueden estar todos mis nombres,
los de mis hijos antes de encerrarse en su cuarto.
Bienvenido a la plaza una vez más,
nos lo dice el verano o el otoño a deshora,
la vieja lentitud de un dolor sin palabras.
Bienvenidos a un resto de silencio.

Es el deber de las autoridades,
enterrar a los muertos y convocar la muerte.
con la lengua de fuego de un avión,
con los tambores del patíbulo,
con el desahucio en la memoria
y la oración del atentado,
convocar a la muerte y enterrar a los muertos.

Ya lo hemos visto todo, pero escucha…
De nuevo están ahí
los cascos del caballo, las casas incendiadas,
la violación y las banderas
y los crucificados.
Hoy han sido cien víctimas,
tal vez tú y yo, nosotros,
vivos en el ayer de las ciudades,
rodeados de mar, de sangre antigua,
con palabras mal puestas en la cola
de una conversación interrumpida.

Claro que tengo miedo.
Dora la luz el rostro de un cadáver
todavía caliente,
el zapato de un niño todavía dormido
y el cálculo preciso de un misil:
los sesenta segundos mal contados
que tienen los minutos de silencio.
claro que estoy aquí, en esta plaza
donde la historia abre los balcones
para reconocer su duelo y su catástrofe.
Están aquí mis nombres,
las sílabas heridas con las que llamaré
esta noche a mis hijos:
que la cena está puesta,
que es la última cena como todas las cenas,
que duele la campana del reloj en la plaza,
el principio del fin,
la sábana de olvidos para tapar un rostro.

Y, claro está, la sombra me persigue.
Duele también la buena muerte,
lo que se llama y firma la muerte natural.
Lo saben los doctores de la nada,
lo saben de verdad,
como lo saben las mentiras,
como lo saben todas las lápidas sin nombre.

En este duelo pueden estar todos los duelos.

V

Esta ventana sin cristales
me pide una paloma. Va la luna
redonda y amarilla a detenerse
encima del tejado. La ventana
quiere también un gato.
La luz nocturna baña las paredes,
ilumina las grietas y juega con las sombras
para llamar al perro, la vaca y el caballo,
la oveja sin pastor y el escorpión.
con los cables eléctricos que cruzan la fachada,
la luna ha dibujado una jirafa,
una cita de amor y una arboleda.
cuando voy al encuentro de tu nombre,
llegan las nubes negras y se pone a llover.
Es la estación de los diluvios.

La casa se levanta, empieza a navegar
una vez más, despacio, los postigos cerrados,
dispuesta a resistir con sus arañas,
su hiedra y sus poetas.
Me salvo en la unidad de esta melancolía
optimista que vuelve a la navegación,
aquí, junto al Nosotros
de la cita lluviosa en las ciudades,
de la mirada inquieta en las orillas,
mientras el mundo choca con el mundo
en las rocas del mar, en el árbol del viento
y en la cuneta del accidentado.
Recorremos caminos de madera
entre la cruz y el arca.

Todo lo que no fue es ahora presente,
una vez más, despacio, mientras cesa la lluvia
sobre un amanecer sin dioses ni profetas
cargado de recuerdos. No es un cero, es el sol
que ilumina la casa para cambiar de siglo.
Lo afirman las palomas y los gatos
que saltan a la calle. Hay otro siglo XX,
como hay otro siglo XIX,
como está por hacerse el siglo XXI.
todo está por hacer y deshacer,
caminos de madera,
los pronombres, el duelo y el abrazo.
Puestos a enumerar lugares propios
en la historia indecisa,
deja el amanecer al descubierto
catástrofes, incendios corrosivos,
pero también hogueras para sentarse a hablar
con la noticia de la rebeldía
y las navegaciones de buen puerto.
Es una rebeldía sentada, ¿lo comprendes?
¿O lo vuelvo a escribir?

Entre el fuego y el aire, entre el agua y la tierra,
vuelve a cruzar la gente. Su sombra es la poesía.

No cerraré los ojos al mirar la crueldad.
No ocultaré el dolor con el estilo.
Pero el beso me llama en su naturaleza

para intentarlo una vez más
sin esperanza y con convencimiento.

NO PUEDES SER ASÍ

Que no,
no puedes ser así,
sabor de cáliz
en la sala de urgencia del espejo,
una vez más herido
de mirarte a los ojos en ruinas,
noche oscura con manos de caín,
escandalosa huella
en carne y hueso del pasado.

De ti sale despacio,
igual que de una historia con cajones,
toda tu condición
mientras los acontecimientos se suceden.
El crimen, los traidores, la copa envenenada,
el verdugo, los sueños
afilando su espada de matar,
que se llama Satán, caudillo o Bruto,
salen de ti, te miran,
Judas del bien y el mal,
están donde hace siglos
en la letra que escribe
tu sonrisa, tu beso, tus abrazos…
No puedes ser así.

Pero, cambiando de conversación,
recuerda
otro camino que también es tuyo.
Desde la roca alta y soleada,
mira la paz del campo,
escucha el mar, recoge
como una red la historia entre tus manos.
convivir con la muerte fue también
la única manera de celebrar la vida.
Por los olivos suben
seres que no son cifras sino cuerpos.
también sale de ti
otra huella de siglos
que resiste a su mal porque tiene zapatos
muy cansados, muy hechos
a levantarse y regresar
después de cada fecha
por amor a la vida y a los sueños descalzos.

Estás aquí, has recibido el fuego.
quizá todo consiste en mantener
la llama sin quemar y sin quemarte.

No puedes ser así.
tampoco puedes ser de otra manera.

PASA LA VIDA

Un tiempo que no fue del todo nuestro.
Antonio Jiménez Millán

Cumplida cierta edad, y me permito
hablar del mundo y de mis años,
el corazón parece un bar de carretera.
Llega un viajero, busca
un lugar libre, pide cualquier cosa,
se acomoda al murmullo de la tarde.
Sus maneras correctas o sus antipatías
llueven sobre mojado.

En una mesa, al fondo,
está sentada y sola la memoria
de un tiempo que no fue del todo mío.

Pero yo soy de él, así que reconozco
el cenicero, el humo de sus días,
los labios en la copa,
la mano descansada en otra mano ausente.
Su vacío es la piel
en la que puede acariciarse
aquello que no existe.

Y el mundo vulnerable permanece
en un amor de arena.

A veces un viajero se acerca hasta el rincón,
se sienta a conversar. Es una suerte extraña.
Después de su café y de sus quimeras,
lo normal es que, frágiles o fuertes,
se vayan pronto los recién llegados.

Cuando el bar se despuebla,
la memoria camina hasta la barra,
dice mi nombre, pone
dos copas y salimos a la calle
para mirar la carretera.

Los coches y las sombras
saben su dirección, van a lo suyo.
Nosotros esperamos que alguno se detenga.
Pero ese es otro asunto, por ser otro vacío:
lo que sigue pasando en esta vida.

EN OTRA CAVERNA
(Habitación 5427)

Una mujer extraña me sonríe.
Yo la estaba mirando
porque su edad discute con su ropa
y quiebra la penumbra del café.
En las paredes de cristal se mezclan
la calle, mi silencio y las conversaciones
como ascuas lejanas.
Mundos habituales de este mundo
se despliegan delante del que mira
a sus sombras pasar entre la gente.
tampoco falta un perro abandonado,
el reloj de una iglesia y la tranquilidad
del tiempo que envejece.
De manera importuna, después de la noticia,
viajé muy de mañana
para caerme del avión
lejos de mí,
en una tarde de domingo.

Es verdad que son muchos los poemas
de amor que suelo dedicarte.
Pero en estas palabras
la cicatriz devuelve su retórica
y se deja de versos.

El amor hace sombras de mi vida,
descarnado egoísmo,
todo lo que yo soy
cada día mezclado con mi nombre.

Hablo solo de mí, de lo que nunca
puede tener sentido si me faltas.

—————————————

Autor: Luis García Montero. Título: No puedes ser así. Editorial: Visor. Venta: Todostuslibros y Amazon

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