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Poemas inéditos de Ismael López Gálvez

Poemas inéditos de Ismael López Gálvez

En esta serie de poemas inéditos y exclusivos para Zenda, el poeta Ismael López Gálvez (La Carolina, 1990) nos invita a cruzar territorios donde el tiempo no es reliquia inmóvil, sino materia palpitante que respira y piensa el amor, la pérdida, la identidad y la resistencia moral. Frente a lo transitorio, sus versos sostienen una permanencia secreta: amar incluso entre ruinas, elegir el otoño sin nostalgia, asumir el desgaste como la última intensidad de estar vivos. Su mirada se posa en lo mínimo —una hormiga, un verso antiguo, la posibilidad de una ausencia—, y en esa atención demorada, cada poema suspende el ruido del mundo y nos acerca la pureza de nuestra condición. Allí la ética desplaza a lo épico y llama a resistir sin estridencias, a no traicionar y a nombrar la injusticia aunque la palabra arda y tenga precio. Todo converge en una poética de la fidelidad al amor constante, a la conciencia limpia y al arte heredado que, a través de formas fijas como la tanka, el haiku y los endecasílabos blancos, se transforma para recordarnos que seremos como somos porque somos como fuimos. (Araceli Gutiérrez Olivares)

A continuación reproducimos 11 poemas inéditos de Ismael López Gálvez.

*****

I VARIACIONES

SOBRE UN TEMA DE SEMÓNIDES

Homero nos cantó lo más sublime:

«Así, como las hojas, nos caemos».

Los hombres, sin embargo, no recuerdan

que el viento los despoja en su murmullo.

Tan jóvenes y hermosos, son tan necios

que la vejez les llega silenciosa,

gris como aquel otoño sin caricias.

 

Goza la vida tú, recuerda el verso:

quien se muere de amor no muere nunca.

*

LOS BESOS DE CATULO

Me preguntas los besos que me faltan

para saciarme, vida, de tu boca.

Son tantos como arenas hay en la Tierra.

Tantos como crepúsculos amparen

los amores furtivos de los hombres.

Son tantos, tantos besos, que no existe

cifra que los contenga. Ni palabras.

Ni lengua que los nombre sin quebrarse.

Son tantos que los dioses sempiternos

besarán a la muerte mucho antes

de que ceda los besos que te debo.

*

EN EL OCASO

«Tu invierno es más cálido que el sol del verano».

Paulo Silentario

 

No temas el avance del arroyo;

cuanto más fluye, sacia más su agua.

Y cuando el tiempo acampe en tus arrugas

más arderá el hogar de tus impulsos,

que en otoño las hojas son más vivas,

y más dulces los frutos que maduran.

Yo amaré la ceniza de tu cumbre

como antes amé el fuego de tu aurora.

Pues el amor exige permanencia:

la admiración devota de sus ruinas.

***

II CONTEMPLACIONES

 

Tus ojos fluyen

como un río que es uno

y otro a la vez.

Me limpian como un agua

que jamás se ha tocado.

*

¿Dónde comienza

la soledad sin ti?

Nadie responde.

*

A Luis Alberto de Cuenca

El mar me trae

los restos de un tebeo.

Yo me pregunto:

¿Qué tendrán las infancias

que no naufragan nunca?

*

La mariposa

nunca se desespera

en la quietud.

 

(Variación de un haiku de Kobayashi Issa)

*

A Raquel Lanseros

Aquella hormiga

carga el mundo en su espalda.

No le consiente

limosnas a la vida;

le basta con el todo.

***

 

III ARTES

LOS REGRESOS

Como te has ido, todo ha regresado.

Han vuelto los silencios a los cuadros,

el frío del invierno a las paredes,

sólo un cuerpo aparece en los espejos

y los libros te nombran a ti sola.

Incluso yo regreso a ser el de antes:

ese desconocido al que desprecio.

Así retorna todo cuando huyes

al mundo primigenio y espantoso

de cuando no existías. A las horas

que merecen la pena ser vividas

sólo por la esperanza de que vuelvas.

*

DRÁCULA

(Bram Stoker, 1897)

El sol se ha puesto. Salen las criaturas

de la noche. La sombra me acompaña.

Me filtro como niebla en los resquicios

perversos de tu mente. «Ven», te llamo,

y cruzas tierra y mar para encontrarme.

El deseo te empuja sin remedio.

No me puedes negar. Eres la sangre

de mi sangre, la raza de mi raza,

la carne de mi carne. «Ven», te llamo.

Entrégame tu cuerpo. Yo te di

el dolor de mi herida, mi vacío.

Bebiste de mi pecho descarnado

como la sed se bebe a lo que sacia.

Ahora estás aquí. El tiempo es tuyo.

Tu llegada ha callado mis lamentos.

Ha iluminado nuestra oscuridad

el marfil ya afilado de tu boca.

*

EN LAS TERMÓPILAS DE CAVAFIS

A Israel Muñoz Gallarte.

Honor a quien resiste en sus Termópilas

y sigue lo que dicta su conciencia.

Gloria a quien nunca miente ni traiciona.

A quien juzga lo injusto por injusto

aunque lleve su nombre la injusticia.

Paz para quien pelea sin ser bravo,

para quien no se jacta de los triunfos

y muestra su piedad a los vencidos.

Más honra todavía al que revela

las traiciones de Efialtes y no huye

a pesar de la muerte asegurada.

 

Vida eterna a quien niega sus principios

y salva a las personas que le importan.

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