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El poliédrico Mario de los Santos

El poliédrico Mario de los Santos

Noche que te vas, dame la mano, novela del escritor y editor Mario de los Santos publicada por Candaya, presenta una singular estructura narrativa que se multiplica conforme avanzan sus páginas, hasta formar una suerte de poliedro cuyas caras se ven o quedan ocultas dependiendo del punto de vista que escoja el observador. En apariencia, el conjunto de la figura geométrica se sostiene sobre un solo plano que sirve para soportar el peso de los demás: el relato de un caso de corrupción en la etapa del boom inmobiliario.

¿Cuál es ese relato? El del constructor Severino Congel, prototipo del hombre machista, conservador y ambicioso cuyo propósito consiste en edificar un hotel de lujo sobre el solar de un antiguo convento, ubicado en el centro de la ciudad, frente a las obras de la exposición universal que se celebrará en pocos años. El convento lo habitan las montepulcianas, una congregación de monjas de clausura que no desea marcharse del lugar, pese a que Congel intriga en el arzobispado, tratando de chantajearlas con sumas de dinero, o amedrentándolas para que abandonen el lugar, con la sutil aquiescencia del primado.

"Es entonces cuando Mario de los Santos comienza a dar vueltas a su poliedro, multiplicando la realidad ante los ojos del lector, convirtiendo su narración en algo distinto que excede el género negro"

Un buen día, en el convento comienzan a morir monjas. Los cadáveres de todas ellas presentan un mismo color amoratado, lo que induce a pensar que son víctimas de algún tipo de envenenamiento. El aislamiento de la comunidad permite que inicialmente los hechos pasen desapercibidos. Finalmente salen a la luz y son investigados por la prensa y la policía.

Hasta este punto, Noche que te vas, dame la mano sería una novela negra convencional. Pero es entonces cuando Mario de los Santos comienza a dar vueltas a su poliedro, multiplicando la realidad ante los ojos del lector, convirtiendo su narración en algo distinto que excede el género negro para convertirse en una novela psicológica, en una novela de personajes.

¿Quiénes son los personajes? La obra se divide en cuatro partes, de las que tan solo la primera está narrada en tercera persona, adoptando las demás el punto de vista del narrador-personaje. La primera la protagoniza una monja del convento; la segunda un empleado de banca; la tercera la mujer de Severino Congel y la cuarta un policía a quien le encargan el caso del convento.

"El mal siempre proviene de la certeza, del convencimiento. De la convicción absoluta de la existencia de una idea, de un Dios, o de la superioridad de una raza"

Lo verdaderamente singular y valioso de esta novela es, en mi opinión, la aludida multiplicación de la realidad: cada uno de los cuatro personajes cuenta su propia historia y va ramificando el relato, llevándolo a terrenos que trascienden la trama policial y que en ocasiones poco tienen que ver con ella, lo cual provoca la constante sorpresa en el lector, ante cuyos ojos se van abriendo historias que no sabemos a dónde conducen y que, si bien están relacionadas con el affaire Congel, se separan de él y concluyen en una idea fuerza o cuestión palpitante: la idea de la corrupción. Pero no solo la corrupción política o financiera, esa que sale en los periódicos, sino la corrupción interior de cada ser humano, entendida como propensión al mal, o a la falta de ética. La pulsión al mal o a los vicios mantiene en la cuerda floja a los personajes de Mario de los Santos.

Respecto al mal, el policía protagonista de la última parte de la obra se pronuncia en los siguientes términos, que quizá coincidan con la opinión del autor:

“El mal siempre proviene de la certeza, del convencimiento. De la convicción absoluta de la existencia de una idea, de un Dios, o de la superioridad de una raza, un país, una opinión, de la convicción de que se dispone de impunidad. En esos huecos se mantiene la maldad (…) En cuanto aparece un signo de interrogación, cuando en el planteamiento hay dos caminos, no hay mal, hay malas decisiones que, si tomas, no te dejaran dormir algunas noches. Dudo, luego existo. Dudo, luego soy bondadoso. Dudo, luego lo hice sin querer, o porque no encontré otro remedio (…)”

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Autor: Mario de los Santos. Título: Noche que te vas, dame la mano. Editorial: Candaya. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro