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El porno mezcla bien con todo

El porno mezcla bien con todo

Estamos en una feliz época de buen trabajo editorial; quizá sea por aquello de que en las crisis se aguza el ingenio y la creatividad. De un tiempo a esta parte, multitud de pequeñas y medianas editoriales han saltado a las mesas de las librerías y los aficionados al libro las reconocen y valoran; a unas, por su imaginativa selección y recuperación de textos clásicos; a otras, por las variadas tentaciones y sugerencias que brotan de sus catálogos. Muchas, en fin, por lo atractivo de las portadas, o el delicado diseño y la cuidada encuadernación.

El lector habitual, fácil para estas cosas, se deja así convencer para adquirir una vez más esa novela que ya tiene veinte veces, quizá porque la traducción es nueva, o una presentación irresistible da la excusa, pues es sabido que releer el libro amado es siempre –siempre– mejor que el mejor descubrimiento. Pero tampoco hacemos ascos, antes todo lo contrario, a los autores desconocidos; y aquí también es fundamental el trabajo de estos novísimos editores y sus seductoras propuestas. Que las probabilidades de acierto no superen a las de un décimo de lotería va de suyo, y si lo lamentamos un poco no es por el dinero invertido, sino por el tiempo malgastado. 

Una de estas inquietantes editoriales es Alrevés, de Barcelona. Apenas sabíamos nada de ella hasta que nos la hemos encontrado en la reciente feria del libro de Madrid, donde montó una muy digna caseta. En su página web nos informa de que tiene vocación de riesgo –qué remedio– y clara voluntad de independencia; lo cual, suponemos, hace al estilo empresarial y no al lugar de origen. Pues bien, acaba de dar un puñetazo sobre la mesa con un título calculadamente provocativo, donde la palabra porno sobresale por más que quede empaquetada entre otras y en un teórico segundo plano tipográfico.

Se trata de una colección de trece relatos de otros tantos autores donde, al menos en la intención, lo criminal y lo pornográfico deberían entrar en simbiosis para deleite de la parte más canalla de nuestros gustos literarios. Eros y Tánatos siempre se han llevado bien, y hemos conocido multitud de emprendimientos, si no del todo parecidos, al menos en esa línea. Ahora nos viene a las mientes, entre otros varios, la antología que con el título de Los dominios de Venus, sacó Siruela no hace muchos años, y que incluía las mejores novelas del género: Teresa filósofa, Fanny Hill, Gamiani, La Venus de las pieles

Esto es otra cosa. En primer lugar, se trata de autores actuales en castellano, algunos más conocidos que otros, y los relatos se han escrito ex profeso y de encargo. Además, subsiste un propósito cierto de resaltar el sexo explícito, no sea que alguien vaya a confundir la pornografía con el erotismo como ocurría con la libertad y el libertinaje. El editor, en un prólogo francamente mejorable –su relato, en cambio, es de los buenos– se dedica a intentar explicar el asunto, ¡a estas alturas!, y el resultado no es nada convincente frente a la realidad de los textos, donde se puede apreciar con toda claridad la dificultad de ser un pornógrafo sobrevenido.

En efecto, en varios de los relatos lo porno y lo criminal se mezclan como el agua y el aceite y todas las costuras se notan. Otros, los que mejor funcionan, son o bien lo uno, o bien lo otro; y el componente menor realza el conjunto como la especia al guiso. La desventaja de la pornografía es que, al contrario que ocurre con el erotismo, no siempre resulta grata, y no por una cuestión moral, sino estética, o higiénica. En los terrenos en que aquí incursionamos, lo que para tal persona sería atrayente, a otra le puede resultar repugnante. Uno supone que no hay pornófilos de amplio espectro, sino que cada cual tiene su parcela de, digamos, especialización; y esto también puede lastrar el interés del libro. En fin, añadiremos que, desde un análisis puramente literario, es una obra sin duda interesante por lo que tiene de ejercicio de estilo. Así que igual puede acabar en los anaqueles de la sección de filología de una librería convencional que en un sex-shop. Ignoramos la preferencia de la editorial al respecto.

Obscena. Trece relatos pornocriminalesY, al cabo, tras tanto excurso, se preguntará el lector: ¿es recomendable el libro? Mójese el reseñista. Pues bien, sí. Apoyamos la valentía del editor, la originalidad de la idea y el resultado general del emprendimiento. En cuanto a lo literario, se impone matizar, y a lo antedicho nos remitimos. Al menos, en conjunto, se hace honor al título, porque con algunos de los trece autores no nos importaría compartir una orgía, mientras que a otros… a otros los mataríamos sin remordimientos.

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Título: Obscena. Trece relatos pornocriminales.  Relatos de Carlos Salem, Carlos Zanón, David Llorente, Empar Fernández, Fernando Marías, Guillermo Orsi, José Carlos Somoza, Juan Ramón Biedma, Manuel Barea, Marcelo Luján, Marta Robles, Montero Glez y Susana Hernández. Edición de Juan Ramón BiedmaEditorial Alrevés. Páginas: Edición: papel.

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