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Prohibido fijar cárteles

Esta novela empezó como todas: con una idea. Una idea que se va madurando en el Metro, en el coche, en la siesta, en los paseos por el barrio, en definitiva, en los ratos muertos. Me apetecía escribir sobre unos personajes extravagantes a la vista de la gente normal, personajes que tuvieran como sede o cuartel general un bar, pero no un bar cualquiera. El bar tenía que ser un garito sucio y maloliente poblado por borrachos de todos los pelajes, un bar de aquellos con sabor a antiguo, de cervezas y de vinos con aceitunas y cacahuetes, una barra, unas pocas mesas y por supuesto sin música, sin ninguna floritura moderna. En mi cabeza tenía dos conceptos abstractos: reencuentro y venganza.

"Sin pretenderlo ni el uno ni los otros, sus vidas se cruzan. En la guerra que se va a desatar cada uno jugará sus cartas, pero el juego no va a terminar como esperan el uno y los otros"

Fue así como se me fueron ocurriendo los personajes principales. Por un lado el Tijeras, un tipo alcohólico que solo aspira a beber cada día y que le dejen en paz. Por otro, el Lejía, antiguo amigo y compinche del Tijeras que, tras un largo periplo enrolado en la Legión, vuelve al barrio. Finalmente completa la terna el Pipo, otro amigo que, tras un largo periodo en la cárcel, finalmente sale porque está enfermo terminal. Los tres son exyonquis, expolitoxicómanos, exatracadores y otras cosas que se os puedan ocurrir que sean muy chungas y que lleven delante el prefijo «ex» (o no). Hasta aquí el reencuentro. Los tres aspiran a pasar los días tranquilamente en El Candil, el bar que regenta el Chino. Pero como la vida no es como se desea, sino como viene, los problemas en forma de mafia rumana vienen a interrumpir esos días tranquilos a los que aspiraban los tres amigos, hecho en el que va a comenzar la venganza.

El Ruso, el jefe de la citada mafia, se dedica a prestar dinero con intereses desorbitados y además se ha hecho con el control del tráfico de drogas en el barrio. Sin pretenderlo ni el uno ni los otros, sus vidas se cruzan. En la guerra que se va a desatar cada uno jugará sus cartas, pero el juego no va a terminar como esperan el uno y los otros.

"La trama transcurre en Canillejas, mi barrio, situado como la mayoría ya sabréis en el este de Madrid, porque todas las novelas negras han de tener un territorio geográfico ya sea real o ficticio, eso da igual"

«Prohibido fijar cárteles» (con tilde en la «a», muy importante) es mi octava novela, que se dice pronto. Llegados a este punto me apetecía hacer una novela sencilla, que no tuviera una trama muy complicada y que sin embargo mostrara los valores y los códigos antiguos de los barrios. Una novela de personajes con una crítica social devastadora implícita, porque no soy muy partidario de lo explícito, y emparentada, creo, por lo menos lo he intentado, con aquellas maravillosas novelas representativas del Hardboiled americano con toques de Realismo Sucio. Como las buenas novelas negras clásicas no es una obra muy extensa, ya que finalmente han salido 170 páginas. Por tanto, es ligera, fácil de leer, pero muy intensa, una novela que te golpea y no exenta sin embargo de sus párrafos de humor mordaz, como en mis anteriores novelas.

La trama transcurre en Canillejas, mi barrio, situado como la mayoría ya sabréis en el este de Madrid, porque todas las novelas negras han de tener un territorio geográfico ya sea real o ficticio, eso da igual. Ni Marlowe es más o menos Marlowe por moverse en el marco real de Los Ángeles ni los policías del distrito 87 de Ed McBain los son más o menos por moverse en el territorio ficticio de la ciudad de Isola, inventada por el novelista para situar a los personajes de su saga. Pese a la localidad del territorio, si el lugar contiene sitios o arquetipos de rasgos universales (como ocurre en el caso de mis novelas), la zona solo será un marco en el que alojar a los personajes y sus historias. Esta historia podría haber sucedido en cualquier barrio de la periferia de Madrid o de cualquier otra ciudad, española o extranjera, lo que la hace susceptible de ser leída en cualquier latitud, porque contiene todos los aderezos posibles que contiene un barrio de extrarradio.

Hasta aquí, la novela solo era mía. A partir de ahora es vuestra. Espero de corazón que os guste y aprovecho la oportunidad que me dan en Zenda para agradecer la fidelidad a los lectores, así como el trato y el cariño allá por donde voy. No somos na…

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Autor: Paco Gómez Escribano. Título: Prohibido fijar cárteles. Editorial: Milenio. Venta: Amazon 

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