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Rumbo al norte (Diario de un viaje de novela, IV)

Rumbo al norte (Diario de un viaje de novela, IV)

Esta semana hemos subido hacia el norte de España. Han sido días de muchos kilómetros, de carreteras que cruzan montañas y ríos, de ciudades llenas de historia y de presentaciones inolvidables. Y también de algo que empieza a ser una constante en este viaje: conducir hacia una ciudad mientras al mismo tiempo damos entrevistas para la siguiente, preparando la presentación de la tarde o la del día siguiente. Todo sucede a la vez: carretera, conversación, libros y encuentros.

Nuestra primera parada fue Bilbao. Llegamos con un tiempo excelente, de esos días en los que la ciudad parece aún más luminosa. Bilbao siempre es una gozada. Pudimos dar un paseo nocturno antes de empezar al día siguiente una intensa agenda de entrevistas y encuentros que culminó con la presentación de El juicio en la biblioteca Bidebarrieta, ante más de doscientas personas, entre las que había público llegado de Barakaldo, Portugalete y hasta de San Sebastián.

Aunque Goya nunca visitó Bilbao, puede decirse que Bilbao sí fue a Goya. En el Museo de Bellas Artes de la ciudad se conservan tres retratos encargados por la familia de un comerciante bilbaíno que durante mucho tiempo estuvieron desaparecidos. En ese mismo museo también se guardan dos retratos extraordinarios de dos personajes claves de mi novela: el de Leandro Fernández de Moratín y el de Martín Zapater, el gran amigo de Goya. Y durante un tiempo, además, en la Gran Vía de Bilbao pudo verse uno de mis retratos favoritos del pintor: La marquesa de Santa Cruz, hoy en el Museo del Prado.

Al día siguiente partimos hacia Logroño. Allí conseguimos entrar con nuestra furgoneta prácticamente hasta la puerta de la estupenda librería Santos Ochoa. Allí tuve el honor de presentar la novela acompañado por el escritor Óscar Soto. En Logroño siempre nos sentimos como en casa; desde 2012 he viajado allí prácticamente con todas mis novelas y, cómo no, después de la presentación no pudimos evitar acercarnos a la calle Laurel para tomar algo.

La Rioja también tiene una conexión muy especial con Goya. Uno de los personajes fundamentales en su vida fue Sebastián Martínez, comerciante y gran coleccionista de arte, nacido en el pequeño pueblo riojano de Treguajantes —hoy despoblado y perteneciente a Cervera del Río Alhama—. Martínez estaba asentado en Sanlúcar de Barrameda, y fue allí donde Goya se recuperó de la grave enfermedad que lo dejó sordo en 1793. Durante esa estancia, el pintor tuvo acceso a importantes colecciones de arte y a un ambiente intelectual que marcaría profundamente su evolución.

Desde Logroño entramos en Castilla, siguiendo una carretera que discurre paralela al Camino de Santiago y que llega a Burgos atravesando el barrio de Gamonal. En esta ocasión decidimos visitar la zona del castillo de Burgos, donde se encuentra nuestro hotel y donde muy pronto se inaugurará la recreación volumétrica de la antigua fortaleza, algo que espero con mucha ilusión, como buen amante de los castillos. Desde allí bajamos caminando hacia el centro histórico, pasando por delante de la majestuosa catedral de Burgos y cruzando la monumental puerta de Santa María. Teníamos además muchas ganas de que Martina visitara el Museo de la Evolución Humana, una experiencia que la fascinó.

Antes de la presentación tampoco pudimos evitar detenernos ante una de las grandes imágenes de la ciudad: la estatua ecuestre del Cid Campeador, situada en la Plaza del Mio Cid, frente al puente de San Pablo. Curiosamente, también Goya representó al Cid en su obra: aparece en una de las estampas de la serie de La Tauromaquia, donde el héroe medieval alancea un toro.

La presentación tuvo lugar en la Fundación Círculo, acompañados por la librería Luz y Vida y por el periodista Alberto Marroquín. Fue otra tarde inolvidable.

La semana terminó en Vitoria-Gasteiz, una ciudad a la que tenemos mucho cariño porque allí tenemos grandes amigos. La primera parada fue la librería Astrolibros, donde nos recibieron sus siempre amables libreros Carlos y Joaquín. También nos reencontramos con nuestra amiga Ainara Hernando, ciclista y escritora. Tras un encuentro con suscriptores de El Correo, llegó la presentación en la biblioteca Alberto Aldecoa, también con muchísimo público y con la colaboración de la librería Elkar.

En el Museo de Bellas Artes de Álava, además, se conservan primeras ediciones de algunas de las grandes series gráficas de Goya: Los Caprichos, Los Desastres de la Guerra y Los Disparates, además de una segunda edición de La Tauromaquia.

Pero más allá de las presentaciones, esta semana también ha tenido algo muy especial: ver cómo Martina vive este viaje con nosotros. Cada vez se siente más cómoda viajando y ha aprendido perfectamente a orientarse con los mapas. Tanto que muchas veces es ella quien nos guía. En Vitoria vivimos una escena muy divertida: después de pasear por la ciudad, fue capaz de llevarnos de vuelta al hotel sin mirar ningún mapa, simplemente recordando las referencias del camino.

Además, nos ha emocionado mucho recibir un mensaje de su profesora: mientras nosotros recorremos ciudades, su clase también viaja con nosotros. Están siguiendo el recorrido de Martina, colocando fotografías en el mapa y calculando las distancias entre los diferentes puntos del trayecto. De alguna manera, mientras nosotros seguimos acumulando kilómetros por carretera, su viaje también continúa allí, en el aula.

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