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Se avecina una sequía devastadora

Se avecina una sequía devastadora

Macondo estaba sumido en una devastadora sequía. Tres meses habían transcurrido sin que el cielo de la ciudad mágica derramara una sola gota sobre sus campos. Por aquí y por allá se afanaban nigromantes en tareas de oración y plegaria para que los campos de la región volviesen a recibir alimento, salubridad, vida. Auspiciados por estas malas condiciones de trabajo, la huelga sindical se hizo carne. Miles de obreros se echaron a las calles secas del país para reclamar una mejor coyuntura laboral, y de paso quejarse por no ser remunerados con dinero efectivo, sino con vales para comprar jamón de Virginia. Tras resistir a la represión y la muerte en una cruenta jornada policial, José Arcadio Segundo llegó a Macondo pronunciando su nombre letra a letra. Allí, una mujer con un bebé en brazos le informó de que no había existido ni esa represión ni esa muerte. Pero algo sorprendió a la mujer: José Arcadio había aparecido empapado en agua. Efectivamente, había vuelto a llover. Y ya no dejó de hacerlo durante cuatro años, once meses y dos días.

"Los televidentes observaban las noticias con especial atención no sólo por las corbatas de Carrascal, también por el estado de los embalses"

Así, más o menos, lucía el recuerdo de la sequía de Arequipa en la mente hechicera de García Márquez. Mucho menos talento tiene la memoria del que escribe este artículo, pero como la del colombiano también guarda recuerdos de una sequía devastadora. Hablamos de mediados de los noventa. Era yo apenas un crío, no cumplía diez años. Ahora que está de moda la nostalgia, permita usted, lector, que recuerde un titular con el que me topé entonces. Se aparecía con letras gigantes en la portada de no recuerdo qué periódico, y contaba entre sus términos con un adjetivo que ha aparecido dos veces ya en este texto, título incluido: «Se avecina una sequía devastadora». En aquel tiempo, se hablaba continuamente del agostamiento de los campos, de la desertización de las tierras, de la malnutrición y la deshidratación. Los televidentes observaban las noticias con especial atención no sólo por las corbatas de Carrascal, también por el estado de los embalses. Se llegó a hablar, incluso, de evacuar Sevilla —pueden encontrar esa noticia con un solo clic en Google—.

"Los pantanos están veinte puntos por debajo de su media en esta época del año. Varias regiones ya han entrado en estado de alerta. La cosa pinta mal"

Ahora que de casi todo hace ya treinta años, veo que vuelve a hablarse de sequía. Hoy varios periódicos vuelven a abrir, como entonces, haciendo saltar las alarmas respecto a la falta de precipitaciones. Es el año más seco desde el 2005. No hay previsión de lluvia hasta dentro de semanas. Los pantanos están veinte puntos por debajo de su media en esta época del año. Varias regiones ya han entrado en estado de alerta. La cosa pinta mal. Como seguro que surgirán voces que hablen de desastres naturales, de catástrofes futuras y blablá, sin ser yo un negacionista del cambio climático, ni mucho menos, viene bien recordar que Arequipa estuvo meses —en la medida temporal de Macondo— sin una sola gota de lluvia, que Sevilla estuvo a punto de ser evacuada, y que ya entonces los periódicos abrían con el mismo titular que todos barajan hoy: se avecina una sequía devastadora. Esta generación, la nuestra, no es la primera en nada, por mucho que lo pretendamos olvidándonos, como en tantos otros aspectos, de los libros de historia.

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Ricarrob
Ricarrob
4 meses hace

Mucho peor es la sequía de ideas. Mucho peor es la sequía de ética. Mucho peor. Repetir, repetir, todo se repite, menos la sequía de ideas y la de ética, que es permanente y, a la mayoría, le importa un pito. Secos están los embalses mentales, secas las limitaciones éticas. Seca está esta degradada y decadente incivilización. Seco todo horizonte de futuro…