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Si de dandys hablamos…

Se acaba de reestrenar el documental Francisco Umbral: Anatomía de un dandy, en la Cineteca del Matadero y en la pantalla televisiva de Los imprescindibles, como un espejo de la vida/obra del escritor y periodista, desde la perspectiva de su propio libro Larra: Anatomía de un dandy.

Desde el título, el film producido por Alberto Ortega y Charlie Arnaiz rescata el “mito y el enigma del dandy”, perfil que el autor alimentó en sus miles de artículos y en sus libros, entre memorias, diarios, novelas y ensayos, en los que engarza sus propias experiencias personales y además incluye la relevante presencia de María España, la mujer, compañera, esposa y amiga que siempre estuvo a su lado.

"La ciudad que lo vio crecer fue una suerte de madre-madrastra, con quien tuvo una relación de amor-odio"

Aunque la figura de Francisco Umbral no sólo es volver a las raíces de su clan matriarcal y a los ambientes de su infancia y niñez en su provincia de «tedio y plateresco», es retornar a su adolescencia en el río Pisuerga y en los cines de barrio que frecuentó. Es volver a la tierra de Miguel Delibes, su amigo, mentor y padre literario-periodístico, que le abrió las puertas de El Norte de Castilla. La ciudad que lo vio crecer fue una suerte de madre-madrastra, con quien tuvo una relación de amor-odio: “Todo el dolor y todo el amor que esta ciudad me dio os lo devuelvo a vosotros […]. Valladolid es la ciudad de la infancia cruel y de la adolescencia atroz. Es mi autobiografía […]. Valladolid, madre madrastra, me enseñó a hablar bien y a escribir regular”.

Cartel de Anatomía de un dandy

Es también reconocer que el cine jugó un rol importante en su vida y en el universo literario femenino que admiró. Las niñas-mujeres vallisoletanas son la suma de las artistas del cine con las que soñó: “Saltábamos de la noviecita párvula del barrio a los mitos dorados de Hollywood. […] Nuestro sexo imaginativo, mitómano, freudiano, pedía levitar en la butaca del cine o en los altos del gallinero con la boca inmensa de Rita o el escote andino de Lana Turner”. Mujeres con sus luces y sombras, cruces y coronas, penas y glorias, risas y llantos, brillos y opacidades convertidas en “metáforas femeninas” que se vestían de arte.

"Un singular Partenón de divas del siglo XX, mimetizadas con su vida escurridiza, como Francesillo, Paquito o Jonás"

Un singular Partenón de divas del siglo XX, mimetizadas con su vida escurridiza, como Francesillo, Paquito o Jonás. Así como Totó, de Cinema Paradiso, el cine reforzó su pasión y devoción por las mujeres “olímpicas de cabeza estatuaria”, a las que dedicó páginas enteras: a Greta Garbo en El hijo de Greta Garbo; a Ingrid Bergman, Rita Hayworth (Gilda), Katherine Hepburn en La forja de un ladrón; en Mis mujeres aparecen todas, desde Shirley Temple hasta Catherine Deneuve, Marylin Monroe, Jane Fonda, Sophia Loren. Siempre ha confesado que aquellas mujeres míticas de los años cuarenta configuraron su sexualidad y fijaron “para siempre mi erotismo”.

Como cronista/testigo vivió atento a la vida artística y cultural de España y no se cansó de publicar crónicas, reportajes y entrevistas, en las que retrató todos los arquetipos femeninos, en armonioso diálogo con el cine, la pintura e incluso con la música. Una suerte de Picasso que pintó todos los ángulos y matices de la mujer plural, en permanente transformación. Mujeres de la alfombra roja del éxito y la fama que han brillado en el escenario: Sarita Montiel, Lola Flores, Carmen Sevilla, Rocío Dúrcal, Rocío Jurado, Isabel Pantoja, Ana Belén, Massiel, Victoria Abril, entre otras estrellas.

"Es justo y necesario que el cine, como arte que le inspiró y que tanto amó, recupere los espacios de su niñez-adolescencia"

En suma, igual que los personajes que retrató, él es un arquetipo de hombre híbrido que fusiona al ángel y al diablo, al romántico y maldito, al seductor y rebelde que aprendió de sus maestros escritores y actores como Bogart, a subirse el cuello del abrigo y “a estar enfadado con el mundo, con la gente, con la vida, cabreado con el tiempo y el espacio”. Un hombre-niño que llevó la bufanda a lo Principito y convirtió las palabras en su mayor tablero de juego.

Es justo y necesario que el cine, como arte que le inspiró y que tanto amó, recupere los espacios de su niñez-adolescencia. Ahora, la figura de Umbral se incorpora “a nuestra vida y circulará por nuestra sangre”, como el escritor dandy, cuya voz se mezcla con el eco de sus libros.

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