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Si ganas vives, si pierdes mueres

“…—No acudáis al duelo, señor, es una trampa —le supliqué angustiada—. Os va la vida.

Pedro me miró con ternura para después sonreírme triste.

—Debo estar el uno de junio en Burdeos, Constanza —musitó, repitiendo lo de siempre—. Me va la honra.

—¡Pero se trata de un engaño, una encerrona! —insistí—. No tendréis la más mínima oportunidad.

Sentía temor, inseguridad, tristeza. El día anterior, mi esposo, cumpliendo su promesa, me coronó reina de Sicilia. Y al día siguiente me abandonaba para iniciar un viaje hacia su propia destrucción, hacia la muerte”.

Con este diálogo en el Castillo de Mategrifon, Mesina, en abril de 1283, entre Pedro III el Grande y Constanza de Hohenstaufen, reyes de Aragón y Sicilia, da comienzo uno de los capítulos más desconocidos de la historia épica de dos reinos que con el paso del tiempo fueron uno, que gracias a Fernando el Católico terminaron formando parte del Reino de España y que hicieron a Aragón, en el siglo XIII y sucesivos, una potencia sin parangón en el Mediterráneo.

Pedro III no deja sola a su esposa por capricho: se tiene que marchar para salvar su honor y buscar su destino, que no es otro que evitar que los tres mayores poderes del siglo XIII —el papa Martin IV, el rey Felipe de Francia y el conde Carlos de Anjou, “el Narigudo”— se apoderen de sus reinos y acaben con su familia. Además, debe vengarse de Carlos de Anjou por las muertes de Manfredo y Conradino, padre y primo de Constanza.

"Constanza, una vez que se ve sola y sin experiencia de gobierno, debe luchar para imponerse en un mundo dominado por unos enemigos terribles"

A partir de este punto, Jorge Molist (Barcelona, 1951), con una narración rigurosa, ágil, emocionante, adictiva y de un ritmo in crescendo, cuenta cómo la Corona de Aragón, al no tener dónde expandirse territorialmente en la Península, decide mirar hacia el Mediterráneo. Y el primer paso fue el pacto de Jaime I el Conquistador con Manfredo I de Sicilia, para casar a sus hijos, Pedro y Constanza de Hohenstaufen, matrimonio que termina fundando una dinastía que conseguirá que la presencia española en los territorios del sur de la península Italiana y Malta dure cientos de años, y décadas en Neopatria, en varias islas del Mediterráneo y Atenas. Al crecer su poderío consigue que incluso el sultán de Túnez vuelva a ser su  vasallo y pague tributos a la Corona de Aragón.

Por su parte, Constanza, una vez que se ve sola y sin experiencia de gobierno, debe luchar para imponerse en un mundo dominado por unos enemigos terribles, que conformaron los tres mayores poderes del siglo XIII. En la lucha frente a Constanza y Pedro, sus enemigos usan todos los medios a su alcance sin mostrar ningún escrúpulo y demostrando una maldad sin límites.

La reina Constanza, a pesar de ser una mujer que se siente sola, insegura y sin experiencia de gobierno, rápidamente se ve obligada a aprender a gobernar. Pedro, antes de acudir a Burdeos, le pide que se gane al reducido grupo de nobles que forman el consejo del reino. La necesidad de mantener los territorios recuperados y que pertenecieron a su padre Manfredo hace que, sintiéndose bien asesorada, aprenda rápido, y tome decisiones acertadas tanto en el terreno político como en el militar y familiar, desbaratando las diversas intrigas que, por parte de una facción de nobles sicilianos, pretenden arrebatarle el trono.

"En esta novela, Molist vuelve a tratar, con su elegancia y solvencia habitual, la vida romántica de caballeros y trovadores propios de la época"

A lo largo de toda la narración, que en parte realiza Constanza en primera persona, se siente cómo el libro rezuma emoción por las seis caras que lo forman. Es la lucha del bien encarnado por Pedro y Constanza contra el mal representado por el eje formado por los poderosos franceses: el papa, el rey y el conde. Pedro y Constanza son conscientes, manifestando en diversos momentos que la razón en su lucha está de su parte, y que siempre vencerán, debido a que la “Justicia Divina” les acompaña.

En esta novela, Molist vuelve a tratar, con su elegancia y solvencia habitual, la vida romántica de caballeros y trovadores propios de la época. Hay amores puros, amores sorprendentes y amores interesados y mentirosos, que van surgiendo entre los distintos protagonistas. Molist es capaz de describir de manera emocionante lo que el corazón y la razón imponen a los amantes en cada momento.

La vida de los protagonistas de esta epopeya está llena de amor, odio y venganza, conformando una gran hazaña que asombra no solo a sus coetáneos sino también a las generaciones posteriores. Su lucha fue de tal envergadura que dio lugar a unos hechos que cambiaron, para bien, la historia de los Estados que formaban el mapa político del Mediterráneo en ese siglo y posteriores.

Cuando el dominio marítimo de las flotas aragonesas es total, su almirante, Roger de Lauria, afirma:

“… y desde ahora ninguna nave se atreverá a cruzar este mar sin licencia del rey de Aragón, y ni siquiera los peces osarán asomarse fuera del agua sin la enseña de sangre y oro marcada en su cola”. 

"Sobre el resto de antagonistas históricos de los reyes de Aragón y Sicilia, Dante manifiesta su mala opinión"

Prueba inequívoca de la magnitud de la grandeza de los protagonistas de este hecho histórico —remarcado por Molist— es que el poeta italiano Dante Alighieri, contemporáneo de los hechos narrados, refleja en varios versos de su obra maestra, Divina Comedia, la opinión que tiene sobre los protagonistas de este episodio de la Historia. Dante manifiesta su admiración y simpatía hacia Manfredo, el padre de Constanza, admira a Pedro y Constanza, y se muestra positivo hacia su hijo Alfonso. Sobre el resto de antagonistas históricos de los reyes de Aragón y Sicilia, Dante manifiesta su mala opinión, repulsa y antipatía. 

Expresamente dice sobre los protagonistas: 

De Pedro: “aquel que llevó en su cinto todas las virtudes”.

De Constanza: “honor de Sicilia y de Aragón”.

A Carlos de Anjou le llama dos veces «el narigudo».

De Felipe III dice: murió huyendo y mancillando la flor de lis.

A Felipe IV el Hermoso le llama «el mal de Francia».

Al papa Martín IV lo sitúa en el purgatorio de la gula: “expía con el ayuno los atracones de anguilas del lago Bolsena y del vino de Vernaccia” (supuestamente murió de un atracón de angulas y vino).

Lamenta la corta vida de Alfonso, porque habría sido un buen continuador de la obra de Pedro.

De Carlos II “el Cojo”, de Jaime II de Aragón y de Federico de Sicilia dice que no llegaron a la altura de sus padres.

Jorge Molist reflexiona en el Anexo:

“Los hombres y mujeres mueren, pero la historia sigue, jamás se detiene. El presente es un instante fugaz, una ilusión”.

Y el lector, al cerrar el libro, podría pensar: «¡Pero los protagonistas de la historia quedan para siempre en la memoria popular; sobre todo aquellos que luchan y triunfan en aras del honor y vencen a la injusticia!».

Para conocer nuestra olvidada historia en el Mediterráneo, ésta es lectura obligada, no se la pierdan.

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Autor: Jorge Molist. TítuloLa reina solaEditorial: Planeta. VentaTodostuslibros y Amazon

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