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Siempre al Oeste, comienza la aventura

Siempre al Oeste, comienza la aventura

Todo empezó, más o menos, hará un año. Alabra organizaba un gran evento en la Casa de México en España y nos encontrábamos algo impacientes, ultimando detalles. En un corto y merecido descanso, noté que JEOSM estaba maquinando algo. “Alabra y Zenda deberían hacer cosas juntos”, me dijo entre bocanadas de humo. Yo, que no tenía la cabeza para más pitos que los que estaba friendo, le respondí que sí, que claro, que cómo no. 

Nada más lejos de la realidad: que Zenda y Alabra pudieran colaborar me parecía una idea magnífica, pero intuí que aquel comentario expresado a vuelapluma en medio de semejante fregado no obedecía a otra intención que a la de cumplir con las normas de la cortesía. Era, en mi opinión y por experiencia, una más de tantas fugaces buenas intenciones que se empiezan a difuminar al instante de ser formuladas, como el “sin falta te llamo en unos días y nos tomamos un café”, silbado como excusa en un encuentro atropellado y casual con alguien al que hace tiempo que no ves. 

Pero para los que no lo conozcan, JEOSM no se rige por las normas de la cortesía —un atributo que le sobra, a su particular manera— o por la efusividad del momento, sino por el principio de la acción. Ni da puntada sin hilo ni dice las cosas por regalar los oídos. Sólo una semana después nos estábamos reuniendo mi compañero Luis Pardo y yo con María José Solano y él en el café Varela, ese lugar emblemático en el que se han alumbrado tantas grandes historias, como esperamos que sea esta, la de Siempre al Oeste.

"Al poco tiempo, cuando ya estábamos diseñando el proyecto y poniéndolo en marcha, a Arturo Pérez-Reverte se le ocurrió un nombre: Siempre al Oeste"

Éramos conscientes de la inconsciencia que supone lanzar al sobresaturado panorama actual de contenidos audiovisuales un podcast más, pero también teníamos la certeza de que lo que nos traíamos entre manos —la criatura todavía no tenía nombre— sería algo distinto.  

Al poco tiempo, cuando ya estábamos diseñando el proyecto y poniéndolo en marcha, a Arturo Pérez-Reverte se le ocurrió un nombre: Siempre al Oeste. Más allá de su contundente atractivo y de su evidente potencia evocadora, había algo en el título que me era familiar, pero era incapaz de situarlo. Soy de los que no les gusta desvelar esta clase de referencias o guiños, pero este es tan sutil, y viene tan al pelo, que creo que merece la pena que todos los lectores lo conozcan. Unos días más tarde, y por casualidad —como casi todo—, di con ello al leerle uno de los libros de Tintín a mi hijo Javitxu. En El tesoro de Rackham el Rojo, el profesor Tornasol —es su primera aparición en el universo de Hergé— no para de insistir, sin que le hagan caso, hasta desesperar al capitán Haddock, en que debían dirigirse siempre al oeste

(Nota a la foto: esta viñeta está extraída del libro de Tintín – El tesoro de Rackham el Rojo, editado por primera vez en España por Juventud en 1960. La errata en la tilde del fue es de la edición, no nuestra (la tilde a este monosílabo agudo se eliminó en 1959, un año antes de su publicación).   

Por supuesto, Tornasol tenía razón… Y también Pérez-Reverte. Porque Siempre al Oeste nace con la intención de ir en la dirección contraria a la mayoría de los video podcasts actuales. No queremos justificarlo en la inmediatez ni en la efímera y perversa moda del día, sino que cada capítulo perdure en el tiempo o, incluso, que madure como los buenos vinos. Huimos de la polémica accesoria y del clickbait, ya que pretendemos que nuestros invitados, y sobre todo nuestros espectadores, disfruten de un video podcast diferente, amparado en el respeto, especialmente, a la inteligencia. Nace Siempre al Oeste con la suerte de que no tenemos anclajes ni ataduras y la convicción de que hay espacio en el saturado panorama audiovisual español para un producto más reposado y sofisticado (en todos los sentidos), que escape de la vulgaridad y la zafiedad, sin que eso signifique renunciar al entretenimiento y la diversión. 

"Siempre al Oeste se vale de ese género tan maltratado y olvidado que es el de aventuras, en sus diversas expresiones artísticas (literatura, cine, incluso música), como hilo conductor"

En todos los sentidos incluye el apartado técnico y artístico. Porque la puesta en escena es importante: para nosotros, una declaración de intenciones. Hoy parece que todos los podcasts se graban a la pata la llana, en un ficticio aquí te pillo, aquí te mato; sea un salón desordenado, sea una mesa de un bar. Una falsaria producción que pretende imitar los humildes orígenes de este formato, como si evolucionarlos supusiera matarlo. Por eso, hemos tratado de que Siempre al Oeste sea elegante y visualmente arrebatador, con una estética en consonancia con la línea editorial de Zenda, inspirada en el cine clásico, y guiada por la dirección de arte de JEOSM. Todo ello sustentado sobre un equipo técnico y humano de solvencia. No hay apuesta más segura. 

En definitiva, ¿qué es Siempre al Oeste? Pues es una serie de trece —ahí, tentando a la suerte— aventuras de Zenda y Alabra. Porque cada capítulo es eso, una aventura única e irrepetible. En ese ánimo de ser diferentes, ni siquiera tenemos un conductor fijo (como el resto de los podcasts), sino que habrá varios entrevistadores, que se turnarán para ir presentando (en parejas, como la Guardia Civil) cada capítulo. 

Siempre al Oeste se vale de ese género tan maltratado y olvidado que es el de aventuras, en sus diversas expresiones artísticas (literatura, cine, incluso música), como hilo conductor para que nuestros invitados, todos figuras de la cultura española reciente, nos hablen de sus propias vivencias personales, de sus influencias, de la inspiración y del proceso creativo, entre otras muchas cuestiones. 

Y ya está: me resulta imposible ponerle una etiqueta más concisa o definirlo más (no, este no es un podcast de literatura, ni siquiera de cultura). Sólo puedo asegurarles que lo único que tenemos claro es que somos dueños de nuestro destino, que está, como decía Tornasol, Siempre al Oeste. 

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