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Sigrid Kraus, editora de Salamandra: “Más que crear lectores, en el colegio se pierde mucho lector”

Sigrid Kraus, editora de Salamandra: “Más que crear lectores, en el colegio se pierde mucho lector”

Siempre ha existido el mito del olfato editorial, algo innato que no todos los editores poseen. En el caso de Sigrid Kraus, editora de Salamandra, confluyen su temprana vocación como editora, la libertad de poder elegir aquellos títulos que le gustan y ese mítico olfato que le ha llevado a descubrir autores literarios que de otro modo no hubieran llegado al público español. Limitarnos a decir que es la editora de Harry Potter en español excluiría a otros autores de su catálogo como Sándor Márai, Irène Némirovsky, Andrea Camilleri o Margaret Atwood, entre otros muchos, que han llevado al público emoción y aventura, intriga y reflexión… Es mucho lo que aporta el catálogo de Salamandra.

Ese catálogo refleja, en su mayor parte, la personalidad de Sigrid Kraus. Alemana de nacimiento pero ciudadana del mundo, ha vivido en tres continentes, Europa, África y América, y el recuerdo de esas experiencias es, en ocasiones, lo que busca en los manuscritos que recibe. Se considera una “última mohicana” porque, aunque ya no es una pequeña editorial, sí sigue siendo independiente y esa independencia es lo que le lleva a ejercer su vocación con total libertad.

Es verdad que le debe mucho a Harry Potter, porque gracias a sus ventas millonarias ha consolidado una estructura de empresa que incluye su propia distribuidora de libros, pero no se deja embaucar por los cantos de sirena y prefiere seguir llevando el control de lo que publica su editorial.

Con puntualidad germana nos recibe en un hotel de la madrileña Plaza de Santa Bárbara y durante algo más de media hora hablamos con entusiasmo de lo que es Salamandra y nos contagia de su vocación. Ella sí que es una editora intrépida.

—Después de ser rechazada por muchas editoriales, ¿cómo llegó a usted Harry Potter? ¿Por qué pensó que podría ser un éxito en español?

—Por un lado me favoreció que en la editorial no había una colección de libros juveniles y no tenía con qué comparar. Si estás todo el rato leyendo libros juveniles estás menos fresca que si lees uno nada más. Lo leí por insistencia del agente que era amigo mío. Pero no era tan evidente su publicación porque yo tenía previamente un informe de un lector profesional que leía libros para editoriales juveniles y decía que era muy anticuado, que no había ordenadores ni dada actual, que tenía poco ritmo… Pero cuando lo leí pensé que a mí con 11 años me hubiera gustado leer un libro como este. Esa fue mi guía. La negociación fue muy dura porque el agente quería que subiera un poco la oferta y yo no quería porque pensé que si todo el mundo lo había rechazado no iba a aportar más dinero. Luego mi marido y socio me apoyó en la decisión de editarlo porque dijo: “Imagínate que funciona, serán siete libros” y así lo hicimos.

—El primer libro de la saga se editó bajo el sello Emecé cuando todavía no pertenecía al Grupo Planeta. ¿Cómo fue su estrategia para poder conseguir los derechos de la obra antes de la venta?

—Tuvimos mucha suerte porque teníamos el catálogo de los libros contratados por Emecé España. Estos eran nuestros libros y nos lo llevamos cuando nos independizamos. También los libros que eran propios nuestros, o nuestros y compartidos con Argentina, o solo de Argentina publicados por nosotros. Cuando nos pidieron subir la oferta para adquirir Harry Potter yo escribí a Argentina y pedí que nos apoyaran, pero nos dijeron que no. En la negociación quedó claro que este libro era solo para nosotros. Todavía Harry Potter no tenía el éxito actual y la “gente de los números” de Planeta no sabía ni que existía este libro. Después sí se arrepintieron. Fue todo una suerte.

"Lo importante es la libertad que tengo de poder guiarme por mi olfato, es algo que desgraciadamente pocos editores en España tienen."

—Salamandra no solo edita a Harry Potter o El niño con el pijama de rayas, también descubre a autores extranjeros que de otra forma serían desconocidos para el público español. ¿Cómo se adquiere este olfato editorial para publicar siempre libros de éxito?

—Lo importante es la libertad que tengo de poder guiarme por mi olfato, es algo que desgraciadamente pocos editores en España tienen y también es un aprendizaje constante, en ocasiones muy duro. Es difícil desarrollar el olfato cuando la editorial no es tuya porque no siempre los dueños o gerentes confían en decisiones ajenas que pueden equivocarse. Cuando la editorial es tuya es tu problema, te juegas tu propio dinero y tienes total libertad. A muchos editores que trabajan para grandes empresas, aun siendo buenos editores, les falta esta libertad.

—Este olfato editorial es innato, no puede aprenderse en ningún curso…

—Sí, así es. Hay que saberse escuchar a uno mismo, y esto es muy difícil cuando estás muy presionado por los resultados, cuando no quieren arriesgar. Los editores a sueldo, cuando tienen que defender una contratación en un gran grupo, lo tienen que comparar con algo que ya ha funcionado. Yo no, al contrario, a mí me aburre mucho imitar lo que ya han hecho los demás.

"Hay una nueva generación y lo que están editando demuestra lo bien que se edita cuando se es independiente."

—La edición independiente en este sentido está aportando mucho porque no está tan presionada por las grandes estructuras y ahora tenemos en España muchas jóvenes editoriales que sí que arriesgan. Salamandra ya no es tan joven pero sí sigue siendo independiente e intrépida…

—Exacto, nosotros somos de los “últimos mohicanos”, pero a mí me encanta que haya muchos pequeños surgiendo que, seguro, alguno de ellos pronto será mediano, como nosotros. Hay una nueva generación y lo que están editando demuestra lo bien que se edita cuando se es independiente.

—¿Afectó mucho la crisis?

—Tuvimos suerte, mucha suerte, porque justo nos tocaron libros que vendieron mucho. No lo hemos pasado muy mal en particular, pero fue un momento muy duro en general. Fue muy difícil aguantar; muchas librerías lo pasaron muy mal y esto te afecta porque sin los libreros nosotros no somos nada.

—Los libreros también están en proceso de cambio y muy sensibilizados con el fomento de la lectura. ¿Se nota en su actividad un incremento de ventas?

—Sí, por supuesto. Lo que también creo que repercute es que están surgiendo librerías pequeñas que tratan con empeño ganar al lector para la causa, que recomiendan, incentivan, que tienen rincones infantiles y juveniles. Son más cercanos al público. En el libro juvenil todavía se pasa mucho por los padres y lo que tenemos que conseguir es que sean los propios niños los que pasen por las librerías y escojan lo que quieran leer.

"Más que crear lectores, en el colegio se pierde mucho lector."

—Pero eso es muy difícil. ¿Cómo se educa a un lector? ¿Qué parte de responsabilidad tienen en esto las editoriales?

—Es una cuestión de todos juntos. En los planes de estudio de la enseñanza reglada todavía hay mucho libro muy aburrido y exageradamente difícil. Creo que primero hay que entrar por cosas que fascinen a los niños y cuando tengan cierta madurez lectora ya podrán enfrentarse a textos con vocabulario más complejo, pero no empezar con esto. El problema es que no les dejan elegir. Más que crear lectores, en el colegio se pierde mucho lector. Los padres tenemos que leerles mucho de pequeños, facilitarles el acceso a los libros, llevarlos a la biblioteca, pero tenemos el problema de las redes sociales y de todo lo digital, que es una competencia muy fuerte y quita tiempo de lectura. En mi tiempo solo podías elegir entre la TV y la lectura, ahora hay muchas distracciones.

—Pero las RRSS también pueden utilizarse para promocionar la lectura. ¿Cuál es su relación como editorial con las RRSS?

—Somos la segunda editorial española con más seguidores en Twitter. Eso está muy bien para el tamaño que tenemos, y tratamos de aprovechar todos los canales. Somos muy activos, pero aun así yo veo más la competencia que la ayuda.

—En Salamandra son conscientes de que el público futuro son los jóvenes y que hay que atraerlos.

—Claro, y eso es muy bonito también, ver cómo van surgiendo nuevos lectores. Harry Potter es número 1 todos los años y eso significa que se van uniendo nuevos lectores a la saga. Eso es increíble.

"Con Harry Potter los niños perdieron el miedo a los libros gordos y eso ha sido muy bueno."

—¿Hubo un antes y un después en la literatura juvenil con la publicación de Harry Potter?

—Sí, los niños perdieron el miedo a los libros gordos y eso ha sido muy bueno. Les da mucha confianza saber que pueden leer un texto tan largo y eso les abrió muchas puertas.

—Es literatura de masas, y algunos críticos opinan que es porque el libro es muy básico y no tiene calidad…

—Eso es una tontería, para mí. Hay casos donde es así, pero los casos bonitos de verdad es como en Harry Potter, que son buenos libros, que están bien escritos.

—Cuando un libro como este pasa al cine, ¿pierde la magia?

—Yo fui estricta con mi hija mayor, y no le dejé ver las películas hasta que no se leyó toda la serie en papel. Sería mejor que leyeran primero y luego vieran la serie, porque la película siempre te limita la imaginación. Cada lector tiene que tener su propio Harry, y si ve la película primero luego ya toda la visualización gira en torno a la imagen de la película, no en la del libro. Las películas son más oscuras y tremendistas que el libro, en el libro es todo mucho más equilibrado, pero aun así están muy bien adaptadas, son muy buenas películas.

"Necesito descubrir siempre autores diferentes, con voces diferentes, en su mayoría internacionales."

—El colchón económico de Harry Potter le ha permitido editar a autores más de culto. ¿Cómo es el perfil lector de Salamandra?

—No lo sé. Me cuesta saberlo. Editamos más escritoras literarias, fuera de la novela romántica, y creo que por eso tendremos un público más femenino. Necesito descubrir siempre autores diferentes, con voces diferentes, en su mayoría internacionales. Tengo mucha curiosidad por distintas culturas y distintos países. He vivido en muchos países y algunos de mis libros me recuperan la memoria de esas experiencias. Por eso pienso que nuestros lectores deben ser personas con mucha curiosidad por otras culturas y otros países.

—¿Qué es lo más bonito que le ha dicho un lector sobre un libro de Salamandra?

—Un niño pequeño que había leído Harry Potter me dijo: “¿Sabes lo que pasa? Que cuando yo lo leo en mi cabeza aparece como una película y me lo veo todo”, y le dije: “¿Pero tú habías leído otro libro antes?”. Dijo: “No, es lo primero que leo”, y le dije: “Pues esto es leer, eso te va a pasar a partir de ahora con todos los libros”.

—¿Cuál es la tendencia editorial en la actualidad?

—Nosotros tenemos el éxito de Margaret Atwood, El cuento de la criada, que es el libro más vendido ahora y apunta más a la distopía, imaginación de mundos futuros posibles, que están dentro de la posibilidad, y creo que la tendencia va por ahí. Hay interés por esto. Ahora la gente es más abierta a aceptar este tipo de literatura futurista.

—Quizá sea porque ahora con la evolución de la robótica estamos un poco preocupados. ¿Va a cambiar mucho la forma de vida y la forma de editar?

—La forma de vida muchísimo. Espero que consigamos una sociedad en la que la gente que no trabaje no lo pase mal y pueda llevar una vida digna, que invierta su tiempo en cosas útiles, como la lectura.

"Todos los editores de Cataluña sufrimos un bajón increíble de las ventas en otoño. Si se radicalizara más la situación nos iríamos."

—Hablando de cambios: ¿cómo vive una editorial instalada en Barcelona la situación de incertidumbre política actual en Cataluña?

—Todos los editores en Cataluña tuvimos un bajón de ventas impresionante en otoño. Nadie tenía capacidad de lectura más allá de la informativa, todo el mundo estaba pendiente de las noticias en todo momento y se frenó mucho el consumo en general. La gente estaba tan insegura y tan preocupada por lo que iba a pasar en los próximos meses que no les apetecía consumir. Lo notamos muchísimo. A nosotros, como Editorial Salamandra, no nos convendría nada una Cataluña independiente, no tendría sentido. Una editorial que publica para toda España no puede estar en otro país.

—¿Se plantean en un momento dado cambiar la sede social de la empresa?

—Ahora mismo parece que las cosas se están calmando y que eso no será necesario. Si se radicalizara más la situación, yo creo que sí nos iríamos.

"No puedes ser editor si no entiendes todo el trabajo que implica hacer un libro."

—Usted es alemana y allí hay formación reglada tanto para libreros como editores. ¿Sería necesario algo así en España, o un editor no necesita una formación más allá de su inquietud literaria?

—Es muy necesario. Yo me formé en Alemania y allí van editores y libreros juntos. Esto es muy importante porque así conoces todo el proceso del libro. Tú no puedes ser editor si no entiendes todo el trabajo que implica hacer un libro. Los costes, la venta, la librería… Es una labor muy dura; aconsejar es bonito y complicado a la vez. En España debería haber algo parecido.

"La honestidad es lo más importante en este trabajo para poder hacer una marca."

—En el proceso del libro todos los eslabones son importantes pero, ¿cuál es más necesario? ¿Qué cuentas tiene que hacer un editor para que un libro funcione?

—Yo creo, que todo tiene un peso. Quizá lo más importante es que cuando ofreces el libro al librero, al periodista, tienes que saber explicar concretamente de qué se trata. La comunicación es fundamental y hay que ser honesto en la explicación. Claro que si luego el libro está mal hecho esto no sirve. Hay que tener honestidad a la hora de comunicar cómo es el libro. Aunque el libro sea bueno, si tú no lo sabes transmitir se va a perder. Si el libro es malo pero no eres honesto pierdes la confianza del público o del librero. La honestidad es lo más importante en este trabajo para poder hacer una marca.

—¿Cuáles son sus criterios para elegir editar un libro y no otro?

—La verdad es que es 80% intuitivo, aunque intento ceñirme al catálogo. Salamandra trata de que sus libros siempre conecten muy bien con el público, que sean fáciles de leer. La conexión entre los libros que conforman el catálogo es misteriosa, no sé cómo surge pero está. Es un camino tuyo también como editor, que un libro te lleve a otros.

—Pero cuando un catálogo está tan vinculado a la intuición de un editor, ¿qué pasa con la sucesión?

—Por lo general es un problema, pero nosotros, por suerte, ahora tenemos a Anik Lapointe, que estaba antes en RBA. Conectamos mucho porque ella funciona igual que yo y tiene una gran intuición. Ahora en Salamandra puede desarrollarla. También estamos formando a gente joven y editores de la casa para que continúen. Les damos esa libertad necesaria para que también puedan equivocarse, que no es fácil.

—¿Cómo ve el actual panorama editorial español? ¿Cómo ve la tendencia del sector del libro?

—A mí la excesiva concentración no me gusta, creo que no es buena ni para la edición ni para el país. Que Tusquets pertenezca a Planeta no me gusta. A nivel mundial es muy preocupante la unión de Penguin y Random House, creo que esto va en detrimento a la diversidad. Por suerte ahora han surgido muchos editores pequeños que equilibran esta tendencia.

—Pero las estructuras del libro, salvo excepción, están en manos de representantes de grandes grupos. ¿Cómo tiene voz un editor pequeño en estas estructuras?

—En realidad muy poca, porque también es una cuestión de tiempo. Un pequeño editor no tiene tiempo. Incluso si quisiéramos sería muy difícil podernos dedicar a esto. En un gran grupo siempre pueden encontrar un representante que vaya a las reuniones. Durante mucho tiempo tuvimos la suerte de que José Manuel Lara era un señor que era un gran editor y que le gustaba que el mundo editorial fuera un mundo sano, diverso, con precio fijo, con diversidad, y durante mucho tiempo estuvimos muy bien así. Ahora es todo una incógnita. Quién va a jugar qué papel es una incertidumbre en este momento.

—Sobre todo con la amenaza digital, el desarrollo de nuevos contenidos audiovisuales, videojuegos… ¿Salamandra cómo se sitúa, se sigue esta evolución?

—Sí, editamos en digital, audiovisuales todavía no, igual alguna cosa en audio. En Alemania el audiolibro es muy fuerte, pero en España todavía hay que ver su evolución. El problema del libro electrónico es la piratería: mientras que no se combata la piratería el libro no es rentable y no entiendo cómo no se persigue más este delito. Lo que más amenaza al mundo del libro en este momento es Amazon. Está creciendo mucho y va a perjudicar a la red de librerías. No es lo mismo para un editor depender de Amazon, como está pasando en otros países, que de una red  de librerías.

—Sin embargo, los editores tienen sus libros en Amazon, y para algunos representan ventas importantes.

—Efectivamente, no podemos no tener los libros en Amazon. Está creciendo mucho y es difícil no tener tus libros en la plataforma cuando la demanda está ahí, pero creo que Amazon necesitaría una regulación más fuerte de los gobiernos. Es una empresa que pierde dinero desde siempre y hace competencia desleal a los libreros. Yo trato de no comprar en Amazon pero hay que reconocer que en ocasiones es cómodo, sobre todo a la hora de encontrar un libro extranjero. Está bien para algunas cosas pero si empieza a dominar el mercado sería muy malo.

—¿Qué le supone a Salamandra la venta digital?

—Todavía para nosotros representa un porcentaje muy pequeño de la venta; el lector de verdad prefiere seguir leyendo en papel, incluso los niños, y ya es raro porque todo lo hacen en digital, menos leer, porque siguen prefiriendo el papel. Todavía hay mucha vida para el libro en papel.

—¿Cuál es su situación actual como editora?

—Estoy en un momento muy optimista. Hemos pasado años tan duros que ver ahora el mercado más estable da relajación y podemos volver a planificar. Estoy más tranquila, quizá también será la edad. Antes me ponía muy nerviosa por la competencia, sobre todo de los grandes, que tienen más dinero y pueden apostar más fuerte por una obra, y ahora veo que siempre hay algún libro bueno que ellos no ven y yo puedo conseguir.

—Hay ahora autores que prefieren la edición con pequeños editores.

—Esto es muy bueno para nosotros, y los entiendo, porque lo que nosotros podemos ofrecer de cuidado, de atención, de transparencia, no lo puede ofrecer un gran grupo. Creo que esto es muy buena señal, y aparte de ello en la distribución somos iguales, llegamos a los mismos puntos, y si el libro funciona funcionaría igual con un grande que con un pequeño.

—La distribución siempre parece el eslabón frágil de la cadena, pero sin embargo de ese trabajo depende la visibilidad de un libro. ¿Cómo gestionan la distribución?

—Nosotros tenemos la gran suerte, y eso sí se lo debemos a Harry Potter, de tener nuestra propia distribuidora, Anaquel. Ya estamos en todo el territorio con nuestros propios vendedores, es un lujo. Sólo distribuye nuestros libros, por lo que no tiene que explicar 100 libros a la semana, sino solo uno. Recibimos mayor feedback y estamos muy contentos. Es mucho más personalizado.

—¿Cómo ve el futuro de Salamandra?

—Yo espero que podamos seguir exactamente como estamos. No deberíamos agrandarnos más, aunque la editorial va tan bien que pide crecer, pero como a Pedro [su marido y socio] y a mí nos gusta mucho controlar todo lo que hacemos es importante que nos frenemos en esto y eso a veces nos cuesta, pero tenemos que esforzarnos por que sea así. Editamos 50-53 libros al año y somos 17 personas en la editorial, no todas a tiempo completo. Ya no somos tan pequeños.

—¿Qué le diría a un editor que empieza  ahora?

—Que se busque un distribuidor de acuerdo a sus necesidades, que es lo que más cuesta. Editar poco y bien editado. Escoger muy bien lo que quiere hacer, no perderse en 40 cosas. Cuidar todos los aspectos de la edición y ser honesto. Yo creo que un editor ahora tiene muchas posibilidades porque los gastos han bajado mucho. Ánimo, le diría.

—¿Cómo le gustaría ser recordada como editora?

—Espero haber aportado momentos de lectura satisfactoria, bonitos, inolvidables, a muchas personas.