El cambio que en la técnica de la sociedad moderna está produciendo la intervención de la juventud será debido —se nos parece— quizá más que a lo que de sustantivo nos traiga su actuación, al modo y forma en que ésta se efectúa.
La diferencia está únicamente —creemos— en que antes la juventud como tal, es decir, como grey, masa o grupo, no actuaba directamente más que por explosión, es decir, en esas formas violentas y momentáneas, quirúrgicas, del mitin, la rebelión, la subversión temporal.
En lo demás, es decir, en la continuidad de los días, también actuaba la juventud, mas de manera difusa e indirecta, lo que podríamos llamar por irradiación. Actuaba a la manera femenina, y es que ambas, juventud y feminidad, estaban disminuidas en su valoración. Predominaba de manera exclusiva la masculinidad madura, y sus notas, los caracteres típicos de obrar del adulto varón, eran considerados los caracteres esenciales de toda acción. La juventud y la feminidad —hermanas en indeterminación y resistencia— no llegaban a obrar, a accionar, irradiaban, influían más que humana, física, cósmicamente.
Hoy es el momento en que el ámbito de lo humano se enriquece con estas aportaciones nuevas, inauditas, del joven y de la mujer. Estas dos fuerzas, que en la Historia humana habían sido algo así como el fondo de reservas que todo avance necesita dejar detrás de sí: riqueza indisponible y recinto donde es siempre posible volver después del fracaso (la pasividad de esas fuerzas era tanta como tener la retirada cubierta), han decidido ahora incorporarse a la acción, al cuerpo de ejército que está en la línea cerrada del combate.
Y ante este fenómeno peligroso como todo lo profundo, surgen por lo pronto estas dos preguntas. ¿Hasta dónde es posible que lo indeterminado sea capaz de acción precisa y continuada? La acción verdadera siempre es engendrada por un fin concreto y claro; ¿hasta dónde es posible que lo todavía informe y cáustico sea capaz de acción en su estricto sentido? ¿No será una imposibilidad vital este ansia de acción directa de la juventud —y de la feminidad—?
El otro problema sería: dado que sea posible esta incorporación total al ejército actuante de estas dos fuerzas hasta ahora dormidas, ¿no sería, no cabe pensar que fuera una catástrofe?
¿No cabe pensar, por el contrario, que fuera la mayor complejidad y enriquecimiento de la vida humana que hayan contemplado los siglos? Trataremos de averiguarlo.


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