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Susan Sontag, biografía de una generación

Susan Sontag, biografía de una generación

El escritor Benjamin Moser, que acaba de publicar en España su biografía sobre Susan Sontag, premio Pulitzer 2020, ha asegurado que la novelista y filósofa neoyorquina «anticipó aspectos del mundo actual, como el feminismo y la pandemia».

Sontag: Vida y obra (Anagrama) es el resultado, ha revelado Moser en Barcelona, de una investigación de más de siete años y tras haber realizado casi 600 entrevistas personales. A través del libro, «no solo se descubre a una persona excepcional como nadie hubo en Estados Unidos, sino a toda una generación que vivió el cambio en muchos sentidos».

En el epílogo, Moser dice que «el lenguaje puede consolar y destruir, nos previene contra la mitificación de los retratos», y aunque el biógrafo no tiene intención de desmitificarla, «durante toda su vida estuvo insistiendo en crear una imagen de sí misma, como si fuera una muñeca rusa». Por un lado, añade, estaba «la Susan con el mechón blanco, la intelectual omnipresente, la diva total de nuestra cultura, y por otro, la chica Sue Rosenblatt». «Me consuela saber que había esa niña insegura detrás, que siempre estaba fracasando, y eso la hace más humana, a partir de un material pobre», como ella misma dijo, porque no era excepcional inicialmente», subraya Moser, quien en los diarios descubre que «a los 12 años ya siente vocación de ser especial, se está preparando para el papel que sabe que va a venir».

Justifica la extensión de la biografía, más de 700 páginas, porque resultaba difícil condensar todo lo que hizo en tantas áreas: «Nadie alcanzó un nivel de presencia mundial como Sontag. Era conocida en Hungría, en Brasil, en Francia, Japón, España, Polonia, Yugoslavia, Rusia…». En Estados Unidos, añade el biógrafo, no hay una figura equivalente actual, pues «hay intelectuales como Noam Chomsky críticos con el poder, pero suelen ser respetados y no tienen ese aire hollywoodiano que tenía Sontag».

Aunque era consciente de que había «una leyenda negra de Susan Sontag», Moser descubrió muchas cosas, como que «nadie la había leído. Todos los que la criticaban tenían un conocimiento muy limitado de su obra y se centraban en su personalidad, en sus relaciones esporádicas». Moser confiesa que su propia vida cambió en su mirada sobre Sontag por todo lo que escribió: «En sus escritos aprendes sobre la cultura, el teatro, el baile, la fotografía, la guerra… Es como hacer varios máster».

En el proceso de escritura, Moser contó desde el principio con el apoyo del hijo de Susan Sontag, David, quien le propuso la biografía después de que escribiera un libro sobre la vida de Clarice Lispector, pero ese encargo le barró el paso a acceder a la pareja de Sontag, la fotógrafa Annie Leibovitz. «David y Annie se habían peleado por cuestiones filosóficas, después de que ella sacara fotos de Susan antes de morir y después de muerta y las publicara, pero finalmente convencí a Annie de que si no se entrevistaba conmigo faltaría su versión», ha dicho Moser, que cinco años después pudo acceder a Leibovitz.

Cuando empezó a investigar sobre Sontag, Moser pensó que estaba quedando «una figura anticuada», pero con el tiempo vio que «sus temas han vuelto a ser actuales, como el feminismo, que estaba en total descrédito, y ahora está en su punto más álgido; o la pandemia, que trató en varios libros sobre la enfermedad». Y no sólo se quedó en hablar de la enfermedad sino que «predijo esta pandemia y no por el hecho biológico evidente, sino por el lenguaje que se usa». Lamenta Moser que en su país «el presidente le ha dado un pasaporte a un virus, «el virus chino», algo que ha provocado que hayan sido atacados los asiáticos a causa de ese lenguaje racial que tiende a dar origen a un fenómeno biológico. Por tanto, ya anticipó que el lenguaje podía convertirse en un arma«.

La biografía empieza siendo la de Sue Rosenblatt, que comenzó a transformarse cuando a los once años, y tras adoptar el apellido de su padrastro, decidió dejar de ser una outsider. «Solo me interesa la gente que se ha embarcado en un proyecto de transformación personal», escribió Susan Sontag en sus diarios, y en Sontag Benjamin Moser resigue su metamorfosis.

En las páginas de Sontag se suceden aspectos vitales, como sus primeros textos en Chicago Review; su matrimonio con el profesor y ensayista Philip Rieff, y la verdadera autoría del primer libro de este; el nacimiento de su hijo David, al que lo unió una problemática dependencia; sus temporadas en Inglaterra y París; el redescubrimiento de su sexualidad y sus relaciones más duraderas, con la dramaturga María Irene Fornés y la fotógrafa Annie Leibovitz. También emerge la construcción de una carrera cultivada en The New York Review of Books y en la editorial Farrar, Straus and Giroux, en la que sus ensayos señalaron a generaciones enteras qué valía la pena mirar, dónde había que mirarlo y qué implicaba hacerlo en realidad.

Moser dibuja un mapa imaginario de los principales debates intelectuales de su época: la oposición a la Guerra del Vietnam, Cuba como promesa, el comunismo, el compromiso feminista o la crisis del sida, pero también el sitio de Sarajevo o la fatua decretada contra Salman Rushdie.

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