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Todos esperamos algo

Cuarenta y ocho años se pasó en el corredor de la muerte, a la espera del cumplimiento de su sentencia, el exboxeador japonés Iwao Hakamada. Quizá sea este el caso más espectacular del que se sirve Miguel Albero para ilustrar su completo, útil e interesantísimo ensayo titulado Godot sigue sin venir. Vademécum de la espera. Digo útil porque Albero ha recopilado, abarcando distintos ámbitos, que van desde la literatura y la filosofía hasta la política y la actualidad, un repertorio casuístico que busca narrar y visualizar el fenómeno antropológico de la espera, el fenómeno de la postergación, del aplazamiento, de la retardación.

Somos animales racionales porque esperamos, pues el día de mañana nos incumbe desde la noche de los tiempos: el ser humano es un ser que piensa el futuro, es capaz de la suspensión del presente en aras de algo que vendrá. La inteligencia apareció el día en que se activó la idea de que existe un tiempo futuro. La idea de futuro nos trajo la utopía, que es la espera por antonomasia. Porque detrás del orden filosófico de la espera alienta algo sobrecogedor: nunca encontraremos el significado de la vida ni de la existencia, porque ese significado siempre remite a otro que se construye desde el aplazamiento.

"Uno de los hallazgos más sólidos de este libro reside en que no solo se nos regala un ensayo literario sino que también se nos da por añadidura un manual."

En la España actual, sin ir más lejos, llevamos siete meses a la espera de un gobierno. El pueblo español esperó cuarenta años la llegada de la Democracia. Y en lo que concierne a Hakamada, al final no fue ejecutado. Su espera de la muerte resultó ser en vano. ¿Cómo puede sentirse un hombre que espera a la muerte durante cuarenta y ocho años, un hombre que se despierta todos los días pensando que hoy puede ser el último? La espera es uno de los grandes temas de la vida humana, como bien demuestra Albero. Todos esperamos. Todo escritor joven escribe y espera recibir el Premio Nobel algún día. Todo diputado espera ser Presidente del Gobierno. Todo teniente espera ser General. Todo deportista espera el oro olímpico. Se pospone siempre el encuentro con lo deseado.

Miguel Albero, sabedor de nuestras esperas históricas, desliza ironías constantemente en este ensayo. Nuestras esperas pueden ser tan ingenuas que, bien analizadas, parecen cómicas, y de ahí que el autor haya invocado una de las esperas más célebres y absurdas de la historia de la literatura como es la de Esperando a Godot de Samuel Beckett.

Uno de los hallazgos más sólidos de este libro reside en que no solo se nos regala un ensayo literario sino que también se nos da por añadidura un manual. Este libro puede ser utilizado como libro de consulta, pues en su índice se incluye toda la tipología de las esperas posibles. En ese sentido, aquí el autor ha manejado una cantidad de información abrumadora. Hay mucha erudición en estas páginas, pero sabiamente administrada; hay muchas lecturas y mucho tiempo dedicado a mirar el mundo desde este núcleo filosófico de la espera. Importa mucho el conocimiento que viene desde la literatura, con Kafka tal vez como gran figura de este ensayo, pero con  ramificaciones en el cine y el arte. La espera es el motor de la idea de futuro y su semilla filosófica se encuentra en todas partes en donde alienta el conocimiento humano, desde lo más trivial, desde la consulta de un dentista hasta la espera de una decapitación.

"Nos gusta esperar. Sin la espera, tal vez toda la civilización se vendría abajo. ¿Cuántas veces al día consultamos nuestro correo electrónico? ¿Esperamos un email definitivo?"

Todas las tradiciones religiosas, y también las ideologías políticas, se sustentan en la fabricación de un mañana glorioso. Por eso, Albero desconfía de las esperas trascendentales. Todo dictador hace esperar a sus súbditos. Todo Señor de los Cielos hace que sus fieles esperen la llegada de la eternidad y de la dicha infinita. El cristianismo es espera: todo nos será dado en un “después” constantemente pospuesto. Y la vida laboral es espera. La jubilación es una espera. El capitalismo es espera. Los anuncios son espera. Mientras esperamos, la vida tiene sentido. La vida es una posposición. De ahí todos los juegos de palabras que caben en el castellano: espera, esperanza, desesperación, o el dicho célebre “el que espera, desespera”.

Y las últimas tecnologías son también espera. La conquista más ansiada en la era del ciberespacio es la velocidad. Hasta la velocidad de la luz contiene los ingredientes de la espera. Esas estrellas que alumbran el firmamento esperaron tanto a que viéramos el testimonio de su luz que cuando ésta llegó ellas ya no existían. Y por supuesto, el misticismo clásico español es la construcción de un orden puro de la espera. No es posible la consecución del deseo, e inventamos entonces la utopía del deseo, por citar conceptos del gran poeta español Luis Cernuda, del que en este libro también se habla. Y si hablamos de Cernuda, hablamos de un escritor que se pasó la vida esperando. Y si hablamos del exilio español, lo mismo.

Godot sigue sin venir, Miguel AlberoEn cualquier acto humano que nos detengamos encontraremos el fantasma del aplazamiento; incluida la vertiente nacional, de carácter cómico, que late en el larriano “vuelva usted mañana”. ¿Podemos vivir sin esperar algo? Albero cita a T.S. Eliot a la entrada de su libro. Nos gusta esperar. Sin la espera, tal vez toda la civilización se vendría abajo. ¿Cuántas veces al día consultamos nuestro correo electrónico? ¿Esperamos un email definitivo? Los enamorados se suicidarían si no creyesen en la espera de la consecución de algo que no existe. Si recomiendo la lectura de este ensayo es para que aprendamos, al menos, a ser conscientes de que esperar es, en el fondo, una invención que nos caracteriza como especie. La ingenuidad del que espera es la ingenuidad de toda la especie. A estas alturas de la Historia, solo deberíamos esperar la desaparición de la espera en tanto en cuanto ésta es una rémora de nuestra deformación religiosa y política.

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Autor: Miguel Albero. Título: Godot sigue sin venir. Vademécum de la espera. Editorial: Páginas de Espuma. VII Premio Málaga de Ensayo. Edición: Papel

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