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Un trampantojo literario

Un trampantojo literario

Rescatar un texto premiado, salvo que se trate de una pieza muy notable o que roce lo extraordinario, no suele ser frecuente. Lo más normal es que estos premiados duerman olvidados en algún almacén, pasadas las alegrías de la entrega del galardón. Sin embargo, no ocurre así con el libro que me propongo comentar y recomendar. Se trata de Experto en silencios, de Pablo González Cuesta. Esta novela, 125 páginas, fue objeto del Premio de Novela Breve Juan March Cencillo y publicada por Bitzoc en 1997. Ahora la relanza, en 2024, la editorial Sloper.

En la contraportada, tras la presentación, se lee un entrecomillado que reproduce la opinión del propio autor sobre su texto: “Yo creo que esta novela les habría hecho reír a carcajadas a Chesterton, a Saki y a Wodehouse, a quienes siempre imagino, no sé por qué, sentados en grandes sillones de cuero verde”. Es evidente que el escritor tiene en la memoria grabada esa imagen de los clubs ingleses para caballeros, cuya mención es un recurso frecuente en la obra de estos autores y, puesto que todos ellos escribían, en particular Wodehouse, historias hilarantes, no es de extrañar que se los imagine de ese modo, aunque finja no saber por qué.

"En todo momento, a lo largo de la narración, el personaje reclama de un otro instrucciones para enfrentar las diversas situaciones. Este otro es un tal Marcel, que resulta ser el experto en silencios"

No se puede hacer caso de los que escriben obras literarias y de lo que dicen de ellas, por varias razones. En unos casos, con el paso del tiempo creen haber escrito algo diferente de lo que en realidad hicieron; en otros, han olvidado del todo qué escribieron y, preguntados, responden lo primero que les viene a la boca y otras razones varias más que todos los que producen literatura saben.

El libro que nos ocupa es sin duda y a ratos hilarante, cierto. Pero eso es solo un trampantojo que el autor maneja con tal esmero y capacidad que solo se descubre por la acumulación de despropósitos. La historia que se narra es la de un personaje que no sabe quién es, ni cuál es su papel en la existencia y que va dando bandazos hasta encontrar que es un delincuente habitual, rodeado de gangsters y perseguido por la autoridad, lo que moralmente parece repugnarle. En sus andanzas, lo secundan una hermosa mujer y un joven que declara ser su hermano, pero al que no parece reconocer como tal. En todo momento, a lo largo de la narración, el personaje reclama de un otro instrucciones para enfrentar las diversas situaciones. Este otro es un tal Marcel, que resulta ser el ‘experto en silencios’. Jamás responde a las demandas, dejando a su pupilo abandonado a los imponderables que le atacan, como el hecho de que llegue en un crucero de recreo, al parecer, a Madrid.

"Este libro que prometía ser divertido y un juguete, sin embargo, es un retazo de vida real, marcada por un aterrador silencio que impide tomar decisiones sabias ante las diversas alternativas que se presentan cada día"

Las referencias geográficas son a la par que precisas, engañosas, pues resultan imposibles físicamente. La naturaleza, muchas referencias a aves y animales de toda especie a los que se llama por su nombre vulgar y científico, precisamente por esta referencia culta o casi pedante, pierde su ‘naturalidad’ y se convierte en una especie de diccionario enciclopédico, mientras que las descripciones del paisaje que pueden parecer líricas, se cortan bruscamente y se tornan espacios amenazadores o con cierto aire absurdo, como un mal telón de fondo en el que falla la perspectiva o incluso la orientación.

La acción de la novela se acelera y parece que pueda resolverse de un modo satisfactorio, pero el silencio, desencadenante de las grandes tragedias, animado por comparaciones cargadas de intenciones de todo tipo, unas veces es: “tu silencio de botella de agua de Vichy expuesta en el escaparate de un restaurante”; “tu silencio de alcachofa ciega metida en una lata de 200 gramos”; “tu silencio de dátil colgado de una palmera de Jaraíz de la Vera, provincia de Cáceres”, en la categoría de referencias a comestibles. Otras, roza lo poético y las ensoñaciones: “tu silencio de pequeña ola junto a mí, tan cercana y tan lejana”. Otras es el absurdo más logrado, pero expresivo de un silencio irritante: “tu silencio de enmohecida moneda de un centavo perdida en cualquier rincón de un bosque de Montana, Estados Unidos” y así podríamos seguir apurando las definiciones de ese silencio a cuyo dueño se reclama una respuesta satisfactoria y reveladora que nunca llega.

"Este libro es pues un inmenso trampantojo que enfrenta al lector con una arquitectura que parece sólida y guiada por una mano razonable, pero que deriva en esa radical incertidumbre y fragilidad que es la vida de los seres humanos"

Se ha dicho que la vida puede ser ilógica, irracional, absurda, pero la ficción no. La ficción necesariamente ha de parecer verosímil. Este libro que prometía ser divertido y un juguete, sin embargo, es un retazo de vida real, marcada por un aterrador silencio que impide tomar decisiones sabias ante las diversas alternativas que se presentan cada día. Es un libro que pone al personaje frente a la tragedia irremediable de amar lo que no debe amar y de fascinarse por aquello de lo que debería huir.

Este libro es pues un inmenso trampantojo que enfrenta al lector con una arquitectura que parece sólida y guiada por una mano razonable, pero que deriva en esa radical incertidumbre y fragilidad que es la vida de los seres humanos.

Parecería que os he desvelado cuál sea el contenido de este texto breve. No es verdad. Este comentario es también engañoso. Comprobadlo.

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