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Vicente Vallés: «Nací en un barrio de chabolas que había detrás del campo del Rayo Vallecano»

Vicente Vallés: «Nací en un barrio de chabolas que había detrás del campo del Rayo Vallecano»

Tiene Vicente Vallés (Madrid, 1963) la habilidad informativa de señalar incoherencias, desmontar verdades oficiales —ya lo dijo el personaje de Lionel Hutz en Los Simpson: “Existe la verdad… y la verdad”— y, en definitiva, de mostrar la desnudez de los reyes —entiéndase la metáfora— recurriendo, simplemente, a los hechos. De un modo aséptico y cristalino. Con ecuanimidad, que no es lo mismo que equidistancia, sin piruetas sensacionalistas y sin sumergirse en una piscina de barro. En su espacio televisivo, el periodista expone las noticias, las explica, las contrasta y, luego, que cada espectador saque sus propias conclusiones. Por ello, su método provoca urticaria a los poderosos, ya cojeen estos de la diestra o de la siniestra.

Licenciado en Periodismo por la Complutense, forjado en la SER, en TVE o en Telemadrid, exdirector y presentador de programas como La mirada crítica (Telecinco) La noche en 24 horas (Canal 24 Horas de TVE)o director y presentador, desde septiembre de 2016, de Antena 3 Noticias 2y galardonado con, entre otros, la Antena de Oro, el Premio Ondas o, recientemente, el Premio Francisco Cerecedo, Vallés conversa con Zenda sobre su infancia, vivida en chabolas y en calles de barro, sobre su manera de entender el “oficio”sobre las presiones más o menos “sutiles” recibidas y sobre su faceta de escritor: ha publicado dos ensayos, Trump y la caída del imperio Clinton (La Esfera de los Libros, 2017) y El rastro de los rusos muertos (Espasa, 2019), y está rematando su primera novela, muy periodística, “llena de datos reales, tanto históricos como actuales”, aunque con “algunas licencias literarias”.

Hablamos por teléfono: nuestros horarios son incompatibles y, por cosa de la covid-19, las entradas en Atresmedia están muy restringidas:

—Señor Vallés, ¿cuál es el primer recuerdo de su infancia?

"Debía de tener tres años y vivía con mis padres en la casa de mis abuelos paternos, en una chabola que construyó mi abuelo con sus propias manos"

—Pues… (Piensa) Mira, el primer recuerdo que yo creo tener de mi infancia es el de, siendo muy pequeñito, estar en mi barrio, que era Vallecas, en una calle llena de barro, porque no estaba asfaltada. Nací en un barrio de chabolas que había detrás del campo del Rayo Vallecano. Ese es mi primer recuerdo. Debía de tener tres años y vivía con mis padres en la casa de mis abuelos paternos, en una chabola que construyó mi abuelo con sus propias manos durante la posguerra. Y me acuerdo de salir a la puerta y jugar con otros niños en una calle sin asfaltar que, cuando llovía, se llenaba de barro.

—¿Qué me puede contar de sus padres?

—Los dos vienen de familias muy humildes. En el caso de mi madre, emigrante de Andalucía, eran seis hermanos que se vinieron en los primeros cincuenta a Madrid, desde un pueblecito de Jaén.

—De Arjona, ¿verdad? De ahí es también Juan Eslava Galán, el escritor.

"Digamos que yo soy un madrileño típico, porque ninguno de mis cuatro abuelos es madrileño"

—Así es. Pues de ese pueblecito llegaron a Madrid en los primeros cincuenta. Se instalaron en la calle que estaba al lado de la que vivía mi padre, en una calle paralela, y allí se conocieron. Y mi padre era hijo de un conquense y de una murciana. Digamos que yo soy un madrileño típico, porque ninguno de mis cuatro abuelos es madrileño (risas). Se conocieron y allí nací y me crié, en Vallecas.

—¿Cuándo le picó la avispa del periodismo?

—Obviamente, no había ninguna tradición en mi casa (risas). No soy de una familia con tradición periodística ni nada que se le parezca. Pero, en buena medida, es responsabilidad de mi padre. Ni mi padre ni mi madre tuvieron estudios, nada más que los básicos. Empezaron a trabajar desde muy pequeños y no pudieron seguir estudiando porque había que comer y, a pesar de eso, mi padre siempre tuvo una inquietud permanente por aprender y por informarse. Una costumbre que siempre tuvo, lo recuerdo desde pequeñito, es que en mi casa nunca faltaba el periódico del día. Y me acuerdo de sentarme muchas tardes con él, después del colegio, cuando él volvía de trabajar, y estar en el salón de casa pasando las hojas del periódico con él. Yo creo que ese fue el primer incentivo que tuve por interesarme en esta profesión.

—He leído que sus inicios profesionales fueron en la Cadena SER, a mediados de los ochenta. ¿Cómo ha cambiado su mirada periodística desde entonces?

"En la universidad se aprenden, digamos, elementos básicos de la profesión, pero luego está el oficio, y el oficio se aprende ejerciéndolo."

—Creo que, al final, la mirada periodística siempre es la misma. Es el interés por las cosas que pasan, por contarlas, por enterarte de ellas, por explicárselas a los usuarios de la información. Yo creo que eso no cambia. Cambian, lógicamente, los conocimientos que vas adquiriendo conforme pasan los años, la experiencia en el oficio… Hablamos habitualmente de la profesión periodística: a mí me gusta decir el oficio periodístico. Y el oficio es una cosa que como tal no se enseña en la universidad. En la universidad se aprenden, digamos, elementos básicos de la profesión, pero luego está el oficio, y el oficio se aprende ejerciéndolo. Y creo que eso es lo que empecé a hacer cuando era muy jovencito. Todavía estaba terminando la carrera, pero empecé a ejercer el oficio y a aprenderlo a base de ver trabajar a mucha gente con la que he tenido la suerte de compartir redacción en varios medios de comunicación. Y gracias a eso, entre mi trabajo y lo que he aprendido al ver trabajar a otros, he ido, lógicamente, mejorando en la manera de ejercer este oficio.

—¿La mayor satisfacción de su carrera?

—Creo que la mayor satisfacción ha sido poder ejercer la profesión, ¿sabes? Poder dedicarme profesionalmente a mi vocación, que ha sido esta. Porque cuando yo empecé a estudiar Periodismo en la facultad, no tenía la seguridad de que iba a prosperar, de que iba a ganarme la vida trabajando como periodista. Y creo que esa ha sido mi mayor satisfacción. Luego, lógicamente, ha habido momentos mejores o peores. Son muchos años de profesión, y no todo es lineal hacia arriba…

—¿Y el mayor disgusto?

"No recuerdo grandes disgustos en la profesión. Recuerdo momentos difíciles porque siempre los hay"

—(Risas) No recuerdo grandes disgustos en la profesión. Recuerdo momentos difíciles porque siempre los hay. En tu carrera profesional, sobre todo cuando vas acumulando años, inevitablemente no todas las cosas salen bien, hay momentos en que tienes unos objetivos y no se cumplen… Por ejemplo, en la televisión, siempre, uno de los objetivos evidentes es poder competir en el mercado de las audiencias, y hay veces que te va mejor y veces que te va peor, y las veces que te va peor lo pasas mal, porque no es ya sólo una cuestión personal tuya, que lo es, sino de la empresa en la que trabajas, que tiene unos objetivos, que ha depositado una confianza en ti y, a lo mejor, no estás consiguiendo los resultados esperados. Y momentos de esos, a lo largo de tantos años de profesión, pues ha habido algunos. Del mismo modo que ha habido los contrarios: momentos en los que, de repente, las cosas funcionan bien y todo se pone de cara y, claro, estás más tranquilo y más feliz (risas).

—¿Para qué debiera servir un periodista?

—(Piensa) Lo básico es para transmitir a la gente las noticias que a la gente le deben interesar. Incluso las que le deben interesar aunque la gente no sepa que le interesan. Hay una parte de nuestro trabajo que consiste en hacer llegar a la gente informaciones que nosotros consideramos que son importantes de conocer de todo el mundo. Y creo que es el trabajo fundamental que tenemos. A partir de ahí, hay muchas derivadas, muchas otras cosas que puedes añadir a lo básico, que es eso: transmitir, en una sociedad democrática, a los ciudadanos información relevante para que los ciudadanos puedan tomar sus propias decisiones.

Foto: Roberto Garver

—¿Y para qué debiera servir un informativo?

"Otro elemento muy importante de nuestra profesión es poner las noticias en su contexto, en su perspectiva"

—Para canalizar eso, precisamente. Un informativo de televisión es un producto habitualmente corto de tiempo, en torno a media hora / cuarenta minutos y, en ese periodo corto de tiempo, tenemos que ser capaces de decidir cuáles son las cosas que la gente necesita saber, explicárselas bien, y yo creo que otro elemento muy importante de nuestra profesión es poner las noticias en su contexto, en su perspectiva. Creo que es la parte de análisis que nosotros, los periodistas, debemos aportar a la gente.

—Va una pregunta de Pero Grullo: ¿alguna vez ha recibido presiones?

—Depende de qué se entienda por presiones. Si por presiones se entiende que alguien te llama y te dice lo que le gustaría que dijeras y lo que le gustaría que no dijeras, esto es el día a día de nuestro trabajo. No es nada extraño. Luego, cada uno hace más o menos caso, ¿no? También es verdad que, algunas veces, no se puede interpretar tanto como una presión. Alguien te llama, te dice algo y tú, después de analizarlo, te das cuenta de que está en lo cierto. Eso no es ya una presión, sino un dato más con el que cuentas para elaborar la información que vas a dar a la gente. Pero esto es parte normal del trabajo. La cuestión no es tanto si alguien quiere presionarte, sino si alguien consigue presionarte. Ese puede ser el problema.

—Permítame citar al vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias: “En una democracia todos los poderes son objeto de crítica. También el mediático. Aunque hay algunas críticas que he leído que no comparto. Se ha llegado a llamar cloaquín a Vicente Vallés. No me gusta, y lo dice alguien que sabe lo que es ser insultado. Pero también hay que naturalizar que cualquiera está sometido a la crítica y al insulto”. ¿Eso es una presión o, directamente, es poner a un periodista en el paredón?

"Jamás hubiera podido imaginar que un vicepresidente del Gobierno iba a estar hablando de mí en la rueda de prensa del Consejo de Ministros de los viernes"

—Yo creo que eso puede ser… cómo diría yo… un ejemplo de cierta sutileza. No la mejor sutileza posible (risas). Recuerdo que yo iba en el coche cuando dijo eso Pablo Iglesias, tenía la radio puesta y lo iba escuchando en directo. Y lo primero que pensé cuando lo escuché es: “¡Cómo ha cambiado mi vida en los últimos años!”. Porque, claro, cuando yo empecé a hacer información política hace, no sé, veinticinco años, una de las cosas que hice fue, precisamente, cubrir las ruedas de prensa del Consejo de Ministros en Moncloa. Y jamás hubiera podido imaginar que un vicepresidente del Gobierno iba a estar hablando de mí en la rueda de prensa del Consejo de Ministros de los viernes. Me llamó mucho la atención y me hizo hasta gracia en ese momento. Es verdad que luego se habló de muchas cosas, de las presiones y tal… Yo me lo tomé con un poquito más de filosofía. Pero también me preocupó que, con tantos y tan graves problemas como tiene el país en este momento, en una rueda de prensa con cuatro miembros del Gobierno se estuviera hablando de periodistas.

— Hace unos días, Fernando Cano, en El Español, publicaba una información titulada: “Vicente Vallés dispara las alarmas en Moncloa: el ‘verso suelto’ que impide que toda la televisión sea fiel a Sánchez”. Cuando lee este tipo de cosas, cuando se le convierte en trending topic por contrastar en su informativo la verdad oficial, ¿qué piensa?

—Que todo el mundo exagera mucho.

 (Silencio)

—¿Y ya?

—Sí. Tenemos que tomar las cosas con mucha más normalidad. No creo que en Moncloa hayan saltado las alarmas, de ninguna manera. Y luego, esto de los trending topics… En estos tiempos, casi cualquier cosa se puede convertir en trending topic cuando hay un grupo de personas que se ponen de acuerdo para provocar un trending topic. Es bastante habitual en estos tiempos.

—A La Última Hora, la web de Dina Bousselham, ¿le casa bien el adjetivo “informativo”?

—(Risas) Cada uno se puede calificar como quiere. Otra cosa es como lo vean los demás.

—¿La libertad de expresión es hoy, en España, menos libre que cuando era impensable que un vicepresidente del Gobierno hablara de un periodista en una rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros?

"Contrariamente a lo que mucha gente piensa, vivimos en un país en el que la libertad de expresión está asegurada"

No lo creo. Contrariamente a lo que mucha gente piensa, vivimos en un país en el que la libertad de expresión está asegurada. Sólo hay que ver la cantidad de cosas que se dicen, algunas auténticas barbaridades, y está permitido que sea así, y está bien que se permita que sea así. Siempre y cuando no hablemos de amenazas personales. Ya estaríamos en otra categoría. Seguramente, ahí entra el Código Civil o el Código Penal. Cuando se trata de opiniones, habrá unas que nos gusten más y otras que nos gusten menos. Pero de eso se trata la libertad de expresión, y yo creo que no está amenazada en España. Otra cosa son las exageraciones que se puedan producir, como esa de la que hemos hablado antes, u otras. Pero yo no temo por la libertad de expresión en España. Temo por el mal uso que se pueda hacer de la libertad de expresión, que eso no es bueno.

—Peguemos un volantazo internacional: usted ha publicado dos libros: El rastro de los rusos muertos y Trump y la caída del imperio Clinton. ¿Cómo ve los ecosistemas ruso y estadounidense en estos momentos?

—El libro de Trump lo escribí en el año 16 y el de Putin lo terminé, si no me equivoco, a finales del 18 y se publicó a principios del 19. No ha pasado nada que me haga cambiar la tesis que defiendo en los libros. La situación de ambos personajes y de ambos países sigue siendo como yo la describía en los libros y creo que, en ese sentido, se han estabilizado bastante, y no creo que para bien. En ambos países, y con ambos líderes, las cosas no van precisamente a mejor.

—¿El mundo será cada vez más ruso, más estadounidense, más chino…?

"China se ha convertido en una nación muy muy poderosa ya, y con visos de ser mucho más poderosa en el futuro"

—Previsiblemente va a ser más chino, pero tendremos que verlo. Desde luego, China tiene una gran oportunidad de imponer muchos de sus deseos, que no siempre coinciden con los deseos de unos países democráticos, como los europeos, por ejemplo. China tiene un potencial enorme. Sólo con la población que tiene, que es inmensa, con eso ya tendría suficiente. Pero es que, además, tiene una enorme capacidad militar, una enorme capacidad tecnológica, de creación de nuevas tecnologías también, de buen aprovechamiento de las tecnologías existentes… China se ha convertido en una nación muy muy poderosa ya, y con visos de ser mucho más poderosa en el futuro. Teniendo en cuenta qué tipo de régimen político rige en China, pues, ciertamente, no sé si será la mejor noticia, pero es la noticia que existe, la que tenemos.

—Por curiosidad, ¿está escribiendo un nuevo libro?

—Estoy en ello, sí. Ya lo tengo bastante avanzado. Me falta tener un poquito más de tiempo para darle un empujón definitivo. Yo creo que me falta un tercio para acabar.

—¿Me puede decir de qué va?

"Mi primer libro fue sobre Trump, y el segundo fue sobre la Rusia de Putin"

—El primer libro fue sobre Trump, el segundo fue sobre la Rusia de Putin. Los dos son ensayos periodísticos, largos reportajes. Y podría decir que este es el tercer libro de una trilogía, aunque no es un ensayo periodístico, sino una novela. Una novela que tiene mucho que ver con mis libros anteriores.

—¿Ha notado la transición del ensayo a la ficción?

—Pues mira, no me ha costado en realidad. Seguramente, porque la manera que tengo de escribir ficción no es muy distinta a la manera que he tenido de relatar los ensayos periodísticos. No porque los ensayos hayan sido muy literarios, sino porque la novela es muy periodística (risas). Una cosa que sí he notado es que, al tratarse de ficción, la obligación que tienes de reconfirmar todos los hechos no es la misma: te puedes permitir algunas licencias literarias. En cualquier caso, mi deformación personal me lleva a que, pese a ser una novela, está llena de datos reales, tanto históricos como actuales. Envuelvo la historia en un montón de circunstancias auténticas.

Foto: Roberto Garver

—Vamos terminando, señor Vallés. ¿Exageran quienes dicen que la covid-19 ha inaugurado una civilización?

"No sé si habrá un cambio de civilización pero sí, desde luego, un cambio de costumbres sociales"

—No estoy seguro de que inaugure una nueva civilización. Es posible que sí, pero no lo sé. Sí creo que esto nos cambia. Me cuesta saber en cuánta medida, pero difícilmente lo que está pasando ahora, cuando termine, que ojalá termine pronto, se va a limitar a ser un pequeño episodio de la Historia. Ha habido, hay demasiadas víctimas, y demasiado destrozo económico, como para que esto termine sin más. Ha pasado algo sobre lo que tenemos que reflexionar y, lógicamente también, algunas de las costumbres que hemos tenido hasta ahora quizá cambien. Esto no se sabe cómo va a evolucionar, pero determinadas costumbres, quizá dentro de unos años, cuando ya haya pasado la pandemia, no se mantengan. No sé si habrá un cambio de civilización pero sí, desde luego, un cambio de costumbres sociales, que siempre es importante.

—Para finalizar, permítame darle la enhorabuena por sus recientemente concedidos Premio Escaparate, Premio al periodismo innovador de la Asociación de Corresponsales de Prensa Extranjera y Premio Francisco Cerecedo. ¿A qué cree que se debe tanto galardón y en tan poco tiempo?

—Debe de ser que tengo muy buenos amigos en la profesión y han querido ser muy amables conmigo (risas). Yo lo agradezco mucho, es una alegría siempre. Está coincidiendo eso con algo que para mí sí que es lo más importante en este momento: estamos teniendo el apoyo de la audiencia en el informativo. Ha sido una labor muy complicada. Cuando yo empecé a hacer el informativo, hace cuatro años, éramos los terceros, detrás de Telecinco y de TVE, y estábamos muy lejos. De hecho, ni siquiera atendíamos mucho a las audiencias que hacían ellos: intentábamos mejorar sobre nosotros mismos. Tener hoy mejor audiencia que ayer. Hace dos años y pico conseguimos pasar a la segunda posición, se consolidó, y ahora llevamos unos meses en primera posición, y hace falta que se consolide: estas cosas no siempre se consolidan. De momento están yendo las cosas bien. Todos los premios se agradecen muchísimo, pero lo que más se agradece es que la gente preste atención, aprecie y considere una referencia informativa el producto que hacemos.

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Fotos cedidas a Zenda por Vicente Vallés.

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