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12 de octubre de 1936: ¡Viva la muerte!

12 de octubre de 1936: ¡Viva la muerte!

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

Lunes, 12 de octubre de 1936: ¡Viva la muerte!

Miguel de Unamuno, rector de la universidad, aguantaba pacientemente en su asiento. Unamuno presidía la mesa en el Paraninfo de Salamanca y dudaba. Él se había inclinado desde el primer día por el bando sublevado y se adhirió con un donativo de cinco mil pesetas a la suscripción nacional. Eso lo explicó en agosto a La Prensa, diario bonaerense. A más de ello, en nombre del claustro dirigió un comunicado a las universidades del mundo denunciando «los hechos criminosos llevados a cabo por los marxistas».

Y ahí estaba, el doce de octubre, día de la Raza, acogiendo en el claustro a la flor y nata de la España sublevada. En un acto que él mismo presidía. Sentados a su lado tenía a Carmen Polo, insulsa mujer del general Franco, a Millán-Astray, fundador de la Legión, al obispo Pla i Deniel y al poeta y escritor José María Pemán, que apoyó a los militares desde el principio.

Primero tomó la palabra Francisco Maldonado, catedrático de literatura, con un discurso duro contra los separatismos. Quienes conocían a Unamuno pudieron ver cómo se le torcía el gesto, según constataba la reacción exaltada del público. En algún momento el anciano rector, harto de gritos contra vascos y catalanes, se levantó de su asiento y pidió la palabra. Se hizo un silencio grave mientras paseaba la mirada por el público.

"Venceréis, pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir, y para persuadir necesitáis algo que os falta: la razón y el derecho en el campo de batalla"

—Sabéis que no quería hablar, porque me conozco, pero se me ha tirado de la lengua y debo hacerlo. Se ha hablado aquí de una guerra internacional en defensa de la civilización cristiana. Yo mismo lo hice otras veces. Pero no, la nuestra es solo una guerra incivil. Yo nací arrullado por una guerra civil, sé lo que digo. Vencer no es convencer. Y hay sobre todo que convencer. Pero no puede convencer el odio que no deja lugar a la compasión. El odio a la inteligencia, que es crítica y diferenciadora, inquisitiva, mas no inquisición. Se ha hablado de catalanes y vascos, llamándoles anti España. Pues bien. Aquí está el señor obispo Pla i Deniel, catalán lo quiera o no, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua oficial, que no sabéis…

Casi de inmediato, el general Millán-Astray se puso en pie. Al ver que no se le daba la palabra, se echó a gritar.

—¡Cataluña y el País Vasco, el País Vasco y Cataluña, son dos cánceres en el cuerpo de la nación! ¡El fascismo, remedio de España, viene a exterminarlos cortando en la carne viva y sana como un frío bisturí!

Unamuno lo miró fríamente. Procuró controlarse. Dijo:

—El general Millán-Astray es un mutilado que quisiera crear una España nueva, creación negativa sin duda, según su propia imagen. Y por ello desearía una España mutilada…

—Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte! —chilló Millán Astray—. ¡Basta de intelectuales bastardos, intelectuales que envenenan las mentes de nuestra juventud! ¡Viva la muerte y viva mil veces la muerte!

—¡No! ¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los malos intelectuales! —dijo, incomodado, José María Pemán. Pero era tarde para componendas.

—¡Este es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote! —Unamuno elevó la voz—. Vosotros profanáis su sagrado recinto. Venceréis, pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir, y para persuadir necesitáis algo que os falta: la razón y el derecho en el campo de batalla…

No pudo continuar. El alboroto fue tal, que la propia Carmen Polo le dio el brazo para sacarlo, entre empujones e insultos. De no ser por ella, no habría alcanzado el coche.

En la foto que inmortaliza el momento, se ve a Unamuno, el abrigo puesto, serio, la mirada baja, en medio de un mar de brazos en alto y boinas rojas que no se sabe si lo despiden o lo expulsan. Más de uno se quedó con la gana de descerrajarle un tiro. Hacía frío, mucho frío, ese día.

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Aguijón
Aguijón
13 horas hace

Si se cita a Pemán, testigo presencial de los hechos, no entiendo por qué se cuenta la versión de Portillo, ausente del acto narrado y que por tanto hablará de oídas.
La historia fue absolutamente intrascendente en su momento, pero años después, en la segunda guerra mundial, Portillo a instancias británicas la impulsó.
España cambiaba neutralidad por no beligerancia, la División Azul combatía a los soviéticos al lado de la Whermarcht, eso molestaba a los británicos y pagaban a propagandistas como Portillo.
Por cierto su hijo, el de los documentales de trenes con vestido entra de colores estrafalarios, trabajaría para la Thatcher.
Tras la batalla de Krasny Bor, la BBC anunció la aniquilación de la División Azul… la información era tan falsa como la crónica de Portillo.

Antonio
Antonio
8 horas hace

Vaya compañía la de Unamuno, porque no solo era el psicópata Millán. Pla y Deniel, en línea con la actuación “en extremo violenta” propugnada por Mola, había pedido “una operación quirúrgica en el corazón social de España”, y el mismo Pemán formuló una narrativa según la cual todo intelectual, docente o ciudadano de pensamiento liberal, republicano o de izquierdas formaba parte de una patología extranjera que debía ser extirpada para salvar la tradición católica nacional.