Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Domingo, 11 de octubre de 1936: Los rusos están por todas partes
El carné de la CNT —lo tengo delante de mí— data del 11 de octubre del 36. La portada rojinegra es la clásica, con sello de la CNT. Lo abro y a la izquierda se lee: «UNIÓN ES FUERZA. OBRERO: el sindicado es tu aglutinante. En él se forma la unión de los proletarios que caminan con la frente alta hacia su emancipación». En la otra cara: «La emancipación de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos».
Mi abuelo se lo sacó al día siguiente de que su amigo Ángel Navarrete le bajara del camión en que se lo llevaban a dar el «paseo». Sé que mientras comían juntos ese día mantuvieron una discusión importante. A Navarrete le alarmaba el decreto con el que Largo Caballero militarizaba las milicias populares y echaba pestes contra los comunistas.
—Ayer eran cuatro monos, hoy están por todas partes. Como son los que controlan el armamento soviético, Caballero los tiene demasiado en cuenta. Son lobos con piel de cordero. Pretenden que nos creamos que solo les interesa el triunfo del Frente Popular, cuando el embajador ruso y ese tal Koltsov, dos perritos falderos de Stalin, no paran de husmear por los ministerios. Buscan controlar el Ejército. Y lo están consiguiendo. Largo Caballero ha nombrado a Líster jefe de las Brigadas Mixtas. La gente lo sabe. Por eso cada vez son más los que se afilian. Si no hacemos algo, aquí pasará como en Rusia.
Mañas sabía que Navarrete se había ido acercando a los pestañistas, aunque no sabía hasta qué punto. Pero su amigo lo tenía claro.
—Pepe. Pestaña fue de los primeros en viajar a Rusia y ver el peligro. Conoció a Lenin en persona. Enseguida comprendió que era un eslavo que todo lo reduce a principios autoritarios. Los bolcheviques reducen la vida a fórmulas. Sueñan con una organización perfecta que no deje nada a la iniciativa espontánea. Que cada cual sepa hora por hora, día por día, qué hacer, qué pensar, cómo divertirse, cómo comer. Que el Estado forme especialistas en cada materia que piensen por ti y te lo den todo hecho. Quieren que el país sea una especie de sistema Taylor, todo previsto de antemano. Para un anarquista, eso es inaceptable. A su vuelta, Pestaña lo denunció en el seno de una Confederación donde Andreu Nin empezaba a hacer proselitismo en favor de los bolcheviques. Él fue el primero que denunció abiertamente lo que ocurría y su intervención en las asambleas de la CNT fue clave para que esta se apartara de la Tercera Internacional.
Mañas callaba, pensativo. Navarrete continuó.
—Él mismo cuenta cómo en el Congreso de la III Internacional se cortaba la palabra a los detractores y se presionaba a las minorías. También le impresionaron las detenciones nocturnas. Solo a los tres días se da a conocer el motivo de la detención, con una sentencia que permanece secreta hasta veinticuatro horas después del fallo. Nadie se entera hasta al día siguiente a la ejecución, por la noticia en el diario oficial, con el invariable epitafio: fusilado por contrarrevolucionario. Sus policías son iguales o peores que los que en todas partes sirven al Estado. Si no les paramos los pies, Pepe, nos exterminarán a todos.


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