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13 de agosto, seis décadas de aquella noche en la que se levantó el Muro de Berlín

13 de agosto, seis décadas de aquella noche en la que se levantó el Muro de Berlín

Sergio Campos en el memorial que recuerda las 140 víctimas mortales que trataron de cruzar el Muro de Berlín. Foto: J.M. Plaza

Cuando los Beatles actuaron por segunda vez en Hamburgo, empezaron a llegar al barrio de St. Pauli matones y mafiosos que abandonaban Berlín, como si adivinaran lo que se avecinaba. Las ratas siempre son las primeras en saltar del barco. Pocas semanas después ocurrió lo que los políticos occidentales sabían, pero no se creían que podría suceder: el levantamiento del muro. La noche del 12 al 13 de agosto de 1961, en una operación minuciosamente planeada, cientos de camiones rodearon la frontera del Berlín Occidental y tendieron una primitiva muralla de alambres de espino rodeando el perímetro de la ciudad-estado, una especie de circunvalación con una extensión que doblaba la de la M-40 de Madrid.

La frontera más marcada, lo que se conocerá propiamente como el Muro, lo que dividirá el centro de la ciudad serán unos 43 kilómetros de norte a sur: la puerta de Brandenburgo, la ópera, los clásicos edificios de la Universidad y la isla de los Museos quedaron al lado comunista, una grandeza que se fue deteriorando dada la ruina en la que los soviéticos, tras llevarse la industria, dejaron a su parte alemana. Esto ocurrió hace exactamente seis décadas.

"Lo curioso es que los comunistas vendieron a su población aquella construcción como un regalo, el muro de protección antifascista, tal como se denominó oficialmente"

No viajábamos a Berlín por este motivo. Íbamos simplemente con ojos de turista y con esa ansiedad del viajero que ha tenido que permanecer año y medio sin moverse de su tierra. Una vez allí —y como la cultura nunca descansa— nos enteramos de que se acababa de publicar un libro que trata precisamente este asunto: En el Muro de Berlín. La ciudad secuestrada (1961-1989) (Espasa), un volumen amplio y con abundante material gráfico que suponemos que se presentará en septiembre. Su autor, Sergio Campos, inédito hasta ahora, sabe de lo que habla, pues lleva 20 años viviendo en Berlín, donde trabaja como bibliotecario del Instituto Cervantes. Entre libros y muros extinguidos se mueve, por lo tanto, este estudioso que ha aprovechado la quietud de la pandemia para encerrarse en su propio muro, y dada su profesión, consultar todos los libros sobre el espinoso tema, sobre esas tres décadas robadas a tantos alemanes. El comunismo, ya saben.

Mapa del Gran Berlín y el trazado exacto del muro, que dividió la ciudad y aisló a la parte occidental.

Lo curioso es que los comunistas vendieron a su población aquella construcción como un regalo, ‘el muro de protección antifascista’, tal como se denominó oficialmente. Se construyó para impedir la huida en masa a la parte occidental y con la intención de aislar a los alemanes del Oeste, ya que el Gran Berlín era una especie de isla dentro de la República Democrática Alemana, la comunista por si a alguien confunden esas palabras. Aunque en realidad los que quedaron aislados, perdidos, empobrecidos, masacrados fueron los que se quedaron en el Este. La cifras que los historiadores consideran, y que Sergio Campos recoge en su libro, es que entre tres millones y medio y seis millones fueron las víctimas en la Alemania Oriental, ya fuesen exiliados, refugiados, secuestrados, asesinados, expulsados de su trabajo, presos políticos…

"El Muro, ya se sabe y lo hemos visto en las películas, dividió por la mitad familias, amigos, vecinos y calles"

Pero los números no dicen demasiado. Son sólo un dato para contabilizar, y no llegan al corazón; con las cifras no se comprende lo que realmente ocurrió, la vida tal como fue. Por eso Sergio Campos, que divide su libro en tres partes bien diferenciadas, dedica la parte central, la más gruesa, a lo que denomina Geografía funeraria del Muro. Es decir, a los que murieron tratando de cruzar la frontera. Las cifras oficiales de víctimas reconocidas, con nombres y apellidos, es de 140 —¿sólo 140?—, un número simbólico, que alude al muro que dividía en dos la ciudad, al margen de la otra muralla de, digamos, circunvalación. Esta es la parte más humana, emocionante y narrativa, la que nos turba, ya que se trata de las biografías —con su imagen— de esas personas que buscaban una vida mejor, o tal vez, a sus familiares del otro lado. El Muro, ya se sabe y lo hemos visto en las películas, dividió por la mitad familias, amigos, vecinos y calles. La mayoría de las víctimas fueron jóvenes obreros cualificados, pero también hubo menores (18), cuyas historias emocionan especialmente, como la de ese niño que vive con su abuela y un día se escapa de casa y trata de cruzar las líneas, como si fuese una aventura, para ir a ver a su padre en el lado occidental.

En la calle Bernauer Strasse se puede ver un fragmento de la frontera y su torreta de vigilancia en medio. Al fondo, el Berlín Este con la torre de TV de Alexaderplatz.

El Muro fue un ser vivo, que no cesó de evolucionar en sus casi tres décadas de aislamiento. Comenzó con un enmarañado alambre de espinos, y luego como una torpe pared con hierros incrustados, pero fue complicándose hasta llegar —en la zona central— a un amplio callejón con muros a los lados y torretas de vigilancia en medio. Así se puede ver en Bernauer Strasse, la zona donde tuvieron las primeras muertes, y donde hoy se levanta el Memorial del Muro, una visita imprescindible para el que pase por Berlín. Allí quedamos precisamente con Sergio Campos, quien nos enseñó aquel lugar, que conserva una parte original del Muro, además de un muro posterior, que es un homenaje a esos 140 muertos que intentaron escapar. Allí están sus fotos, que nos miran sin comprender; y en el libro de Campos, sus historias. Porque esa es la verdadera Historia de Muro de Berlín.

"El gobierno socialista de Berlín, apoyado por los comunistas, ha tratado de minimizar este acontecimiento, los sesenta años de su construcción"

«Mi deseo es que el libro ayude a disipar las brumas de la confusión, las mentiras, las ocultaciones y los intentos de santificar una ideología criminal», dice Sergio Campos, y no son palabras gratuitas, ya que el muro ideológico no se ha derribado totalmente, y según nos cuenta el autor, el gobierno socialista de Berlín, apoyado por los comunistas, ha tratado de minimizar este acontecimiento, los sesenta años de su construcción, de pasar por alto el nombre de los criminales y de evitar protagonismo de la palabra comunista, como si el Muro fuese algo que, como las setas, brotó espontáneamente en Berlín.

En la zona de Bernauer Strasse, alrededor del Memorial del Muro, abundan las fotografías que recuerdan aquella época.

Y ya que hemos empezado con los chicos de Liverpool, que tal vez no tengan nada que ver con esta historia, acabaremos con ellos, y diremos que la noche en que empezó todo, o sea, el 12 de agosto de 1961, los Beatles, a los que aún les quedaba un año para que les contratase una casa discográfica, estaban actuando en el Cavash, el club a las afueras de la ciudad de la madre de Pete Best, el batería del grupo. Hacía un mes que acababan de llegar de Alemania, de la República Federal, claro, y Hamburgo se movía. Lo notarían al volver en su tercera gira.

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