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4 poemas de María Auxiliadora Balladares

María Auxiliadora Balladares es una escritora y profesora-investigadora de Literatura en la Universidad San Francisco de Quito, nacida en Guayaquil en 1980. Obtuvo su Ph.D. en la Universidad de Pittsburgh. Estudia la obra de poetas latinoamericanos del siglo XX y del XXI, así como la teoría crítica contemporánea. Ha publicado el libro de cuentos Las vergüenzas (Antropófago, 2013), el ensayo Todos creados en un abrir y cerrar de ojos (Centro de Publicaciones de la PUCE, 2015) acerca de la obra de Blanca Varela; también los poemarios Animal (La caída, 2017), URUX Una correspondencia (Pirata Cartonera, 2018), escrito junto a Sebastián Urli, y Guayaquil (Prefectura de Pichincha, 2019). Es parte del comité editorial de la revista en línea Sycorax. Presentamos un selección de poemas de varios de sus libros y un inédito.

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Materialidad

He lamido por largo tiempo
al cachorro
Parece que sólo así
sus músculos
se acostumbran al aire
y sus formas
dejan de ser arbitrarias

He golpeado
a los adultos
que se acercan a olfatearlo
o quieren tomarlo
en brazos
Nada nuevo hay
bajo el sol
a otras crías sus manazas

No quiero dormir
porque puede que la muerte
me someta
en el instante en que
mis ojos cierre
Tantas otras madres
recién paridas
reventadas de tanto abrirse
a la existencia
mueren cazadas
por la noche
aun cuando en el sueño
todo aparentara
ser apacible
y la vida
eterna

***

Sudor

Siempre he querido ver cómo brota el sudor de tus poros
Me interesa menos su recorrido sobre tu piel
Éste es circunstancial
Aquello es de vida o muerte
He observado con detenimiento tus radiografías
Tus tomografías
Tus resonancias
He dado con la casi imperceptible desviación de tu columna
He concluido que tus órganos son pequeños
Durante días repetí el gesto de medir el tamaño del hematoma
Observé el cambio de color
Anoté el tiempo que toma pasar del verde al morado
Del morado al negro
Del negro al color de tu piel
Mirar hacia dentro como si no fueses tú
Me parece bastante ridículo
Tengo que familiarizarme con tus venas
Con tus nervios
Con las capas subcutáneas
He visto una y otra vez en video tus pólipos
Los he contado
Los reconozco
Son mis hermanos
He imaginado la intervención en tu útero
De aquello no quedan registros
Por eso me vuelvo un poco loca
Me desespero
Y en esas circunstancias prefiero no tener nada al alcance de las manos
He mirado tantas veces tu sangre
Conservé en el carro por más de un año
El sombrero y el chal que llevabas
El día del accidente de caballo
Verlos me recordaba que no soportaría tu muerte
Imagino el estado de tu cerebro entonces
Camino del hospital
Te pedía que no te durmieras
Conversaba contigo para mantenerte despierta
Hacías preguntas que me llenaban de terror
Preguntas simples que me llenaban de terror
He revisado tus medicinas
Memorizado sus componentes
Sus efectos secundarios
Te he visto sonrojarte efecto de la alegría y de la vergüenza
He apoyado mi cabeza en tu vientre
Reconozco todos los lenguajes de tu cuerpo

Soy una vidente
Puedes preguntarme cualquier cosa
Te responderé presto
Porque soy la lama que crece en los bordes de tus piernas

***

Eres el niño caballo del árbol torcido
Eres la polenta de la humanidad recostada
Haces los sonidos de las mariposas al comer del gajo
Eres todo lo mínimo
Lo que descalabra el equilibrio de los tapiales
Eres lo mínimo subyacente
Lo que casi no acontece
Lo que viene de la nada
Y aglomera la sangre en las venas de las cabras
Somos verdaderos Roque
La justicia del reino vegetal
Somos la madre a quien el hijo doblega en su peso de espuma
Quién si no nosotros Roque
Cavará los huecos de los huertos
Te encargo enterrar mi mano cuando nadie más la vea
Cuando las luciérnagas nos pierdan de vista
Y no acontezca nada más que tu aliento en este mundo
Entierra mi mano hijito del eucalipto y el capulí
Mi mano que es tierna entre tus colmillos afilados
Que lames como se lamen las ventanas de los trenes
Que quieres como quieren los recién llegados al faro

***

PECES EN LA PECERA

eran cuatro en la pecera
un día precario de febrero
tres amanecieron flotando
quedó uno vivo
el más pequeño
el más feo
el mío

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