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5 poemas de Flores de sangre sobre la hierba, de Marta del Riego Anta

5 poemas de Flores de sangre sobre la hierba, de Marta del Riego Anta

Flores de sangre sobre la hierba (Eolas Ediciones) es el diario de una mujer que es muchas mujeres: la niña, la adolescente, la adulta. “Yo vengo de un entorno rural: mis novelas giran en torno a la relación con la tierra, mis poemas, también. Se podría decir que Flores de sangre sobre la hierba es un poemario «filotelúrico», donde la mujer y la tierra se funden en plena intensidad”, afirma Marta del Riego Anta.

Está la sangre que tienen todos estos poemas desde el cuerpo. Pero también desde el alma: la maternidad, las pérdidas, la posibilidad imposible del amor, el vuelo corto y el abatimiento largo. La fuerza del poema para entrar en la sordidez sin embozo, y para salir de ella con esa extraña ternura, tan personal, que solo encuentra anclaje en los elementos externos (el río, los mirlos, la mujer que da el pecho al bebé, los juncos, la hierba húmeda, los animales…) para conjurar la soledad.

Los poemas de Flores de sangre sobre la hierba poseen la capacidad felina de atraernos y, sin solución de continuidad, arañarnos. Con un lenguaje de mixtura original (y natural) entre las palabras de la tierra, las lecturas, y el lenguaje cotidiano, tan urbano, que conforman ese ser híbrido de tantas cosas que se adivinan en el libro, y que seducen por su verdad.

Zenda adelanta cinco poemas del libro.

***

MEDUSAS DE TIERRA

El pastor persigue a la niña entre los campos de maíz

husmean los jabalíes

¡no entres ahí!

tallos temblorosos, carrera oscura

se agacha, se esconde

pero el pastor encuentra a la niña entre los campos de maíz

la atrapa por la cintura, la arrastra, la coloca sobre sus rodillas, levanta la mano

(sucesión de actos):

-Mala, mala, espantaste a los curros, mala.

La mano golpea

azada contra los surcos

excava.

Mira la niña al suelo: los reblos, la tierra roja, repta un sapo hasta la mitad del camino

y la sombra de la bilda

contra el muro

agazapada,

¿dónde estará su padre que no viene a la majada?

 

Trece años tiene, es niña, pero sabe,

y piensa

y mira la bilda,

tridente marino

muerte

cómo en la garganta

piensa

cómo se la hundiría

piensa

al hombre que golpea

con la mano abierta

y bala la oveja en la majada

y la niña piensa,

si se la clavo, ¿qué pasaría?

aprieta los dientes

bala la oveja, bala

la ha visto parir, ha visto

masa verde amarilla roja

placenta

medusa de tierra

ha visto al cordero húmedo, de huesos blandos

ha visto la lengua de la madre, que lame

ha visto la placenta que flota sobre la paja

medusa de tierra

llega el mastín y separa las fauces, la devora,

abre y cierra la mandíbula

se le cae la babilla

-Tiene muchas vitaminas- dice su padre

y el pastor busca placentas entre la paja,

complace a su padre, al hombre que paga

y acecha a la niña, la clava a la tierra

como una azada

y el pastor busca placentas, hurga con la bilda, pesca, las hace girar en el aire

(sucesión de actos)

medusas de tierra,

el mastín abre sus fauces

y el cordero salta

y la oveja bala

y la niña se esconde cuando no está el padre en la majada.

 

Trece años tiene, pero sabe

y el pastor, con la mano abierta, golpea

hay un fuego extraño, duro áspero frenético

con la mano golpea

y ¿acaso acaricia?

aprieta, hurga, penetra

(sucesión de actos)

hay un dolor rojo

remoto

una placenta verde roja amarilla

la niña calla, se hace la muerta

y si se la clavo, piensa

-Qué es eso de bañarte en la canaleta, rapaza mala

golpea el hombre

jadea

y cuando la suelta sobre las piedras

la niña no huye, gatea

despacio

se incorpora, se coloca

con lentitud

hay una placenta entre sus piernas

verde roja amarilla

medusa de tierra

se acerca a la bilda

contra la majada

el cordero bala, el pastor ríe

-Dónde vas rapaza mala

la sigue con su boca abierta, la mano sobre el sexo

inquieta

¿dónde estará su padre?

y la alcanza de nuevo entre el portón y la cancela

el mastín repliega las orejas

-Dónde vas rapaza mala

y ella levanta la bilda

y se la clava.

***

HERRUMBRE Y FILO MELLADO

Agarró las tijeras de esquilar

herrumbre y filo mellado

(como su amor)

herrumbre y filo mellado

y sostuvo un mechón entre sus dedos

con dedicación

concentración

buscó el mechón

el hombre inclinado sobre ella

hacía calor

la hierba desprendía melancolía

y una especie de sopor

el hombre le cortó un mechón

-hay que apretar así- dijo él

mansamente

la voz en una cueva

la voz superviviente

los cabellos se derramaron por su espalda

ella dijo: -no importa

él dijo: -las tijeras no están afiladas

ella sonrió

(lo hubiera besado)

él la miró y pensó: tijeras clavadas en su pecho

flores de sangre sobre la hierba

la sangre de ella

que no era de él

que no le pertenecía

fluía

buscó otro mechón

-¿me dejas?

ella quieta, a la espera

¿qué más podía deparar el día?

 

Había toda esa gente a su alrededor

pastores labradores vecinos

habitantes de otras vidas

y ellos bajo los castaños

-dame otro mechón

la sangre de ella

savia sagrada

lágrimas lluvia orgasmo,

la sangre de él

hielo nieve semen

fuego que fluye

de una mano a otra mano

-dame otro mechón

el cabello derramándose

agua que arde

-dame otro mechón

dámelo todo

dámelo.

***

LE SUCEDÍA LO SIGUIENTE

(Homenaje a Yeats)

Le sucedía lo siguiente: le gustaban los hombres.

La sal de la tierra.

El pan, el vino, el sacrificio.

El aroma a maleza mojada.

Ven conmigo a jugar.

Yo, tu amante, te espero.

(Te deseo).

Está todo dicho, empecemos ya.

Pero las cosas no funcionaban de esa forma.

No, no eran tan simples.

No todo consistía en dejarse caer entre los tallos verdes

y alzarse las faldas.

No.

No en deslizarse hasta las arribes del río y rendirse,

ven, sígueme

una ondina una hoja que mece el agua

estirada

abierta

a la espera.

No.

Pero, ¿no eran así los hombres?

Tan dispuestos.

Ligeros, rápidos, libres sus corazones.

Y ella los aguardaba con los ojos ceñidos,

la blusa desabrochada.

No.

 

Todo prende, las plumas entre los muslos,

la confusión y el desorden

la olvidada pureza

es el castigo, la campana,

¿qué otra cosa se puede añadir?

Le sucedía lo siguiente: le gustaban los hombres.

***

EL HOMBRE DEL BOSQUE

Yo lo contaré así:

el hombre del bosque camina junto a su perro

hay una senda que solo él conoce.

El hombre del bosque se despierta despacio

abre la puerta del patio

la niebla se cuela por las rendijas,

se hilvana con lo escarpado

el hombre se estira

pausado, descuidado,

tiene las botas de agua, tiene a su perro, tiene una cabaña

mira a su alrededor

la vida que quiere, la que anhelaba

también la tiene

es feliz, sí,

camina junto a su perro

conoce el nombre del monte

y el del silencio

y el de la calma

sigue las huellas del oso,

jeroglíficos sobre un abedul

adivina, vigila,

y se dice: soy feliz.

 

Yo lo contaré así:

estalló la tormenta, la mujer irrumpió en el bosque,

el perro aulló

-no sé quién eres, pero no me importa

tenía el cabello de algas

los dedos ordenados como pequeñas teclas

los muslos blandos

la piel de nutria

se apretó contra él

acuosa laguna ría.

 

Yo lo contaré así:

el hombre del bosque levantó el hacha

se escuchó el chasquido de los troncos

una y otra vez

el círculo de hayas se cerraba

una y otra vez

levantó el hacha

era un ritmo arcaico, sincopado

una y otra vez sin detenerse nunca

había sangre en el mango

había sangre en su palma

había sangre y no le importaba

¡ella dormía en su lecho!

el hombre cortaba leña para su fuego

le daría fresas silvestres, le daría ambruños moras arándanos

había sucedido algo en la noche

el perro aullaba

algo en la noche

y lo tocó,

tocó con su pecho su corazón violento

y se inundó

se volvió pescador

quién eres tú que flotas entre mis aguas

de quién es ese rebaño

de quién el mastín que lo guarda

dónde está la osa, la osera, las crías

dónde está la saliva blanca

sucedió algo esa noche

el rito del bosque, del nido

de la tierra caliente

del esperma frío

sucedió algo esa noche

el hombre escuchaba al perro

y era ella, ¡ella, quien aullaba!

sucedió algo

el hombre cortaba leña,

nevaba sobre el acebo

y ella ya lo esperaba

había sangre en sus manos

había sangre en su boca

había sangre en su alma.

 

Yo lo contaré así:

el hombre del bosque camina junto a su perro

hay una senda que solo él conoce.

El hombre del bosque avanza bajo el nombre del silencio

la mujer se ha ido

desapareció con el alba

nutria animalillo esquivo

nocturno

que dejó su rastro de sangre

y el perro, que la lame

y el perro, que la aúlla

y el hombre del bosque camina junto a su perro

y se pregunta:

¿soy feliz ahora y para siempre?

***

LO QUE DIJO MI PADRE

Lo que dijo mi padre.

Dijo: Filoterrorista.

Y me quedé inmóvil, asustada.

El público se conmovió. Estábamos en aquel salón, el alcalde, el poeta, la familia, el pueblo y yo.

¿Filoterrorista?

Mi padre rectificó:

Filotelurista o filotelúrica,

del griego Philos, amigo, y del latín, Tellus, tierra.

Amante de la tierra, eso es,

mi hija la escritora

eso es.

 

Lo que dijo mi padre sobre mí y mis libros.

 

Y ahora que no está (mi padre)

podría escribir de cualquier cosa sin temor a sus palabras

a sonrojarlo

a que me leyera y me comparara con Azorín:

esos paisajes, esas descripciones,

Castilla y horizonte

la palabra certera, el dardo,

limpio, sin sangre.

 

Ahora que no está,

podría escribir de cualquier cosa:

sexo, violencia, muerte,

suciedad, traición, semen.

Tener tres amantes,

invitarlos a dormir a la casa del pueblo

(tan pulcra y polvorienta)

escribir sobre tres amantes durmientes

en la casa del pueblo

amantes que dejan sexo, suciedad, semen

y desaparecen en el laberinto

de la casa del pueblo

puertas que no van a ninguna parte

escaleras cegadas

mi tía que grita por el balcón:

-¡Quítate esa silla de la cabeza!

podría escribir sobre el río

y aquel falo que flotaba en el agua negra

(tardes de estío)

podría escribir sobre el aroma del hachís

(el pastor de la majada

me manoseaba sobre sus rodillas)

podría,

Dios,

¡qué libertad!

¡qué felicidad literaria!

¡qué creatividad me espera!

¿no creéis?

¿no?

 

Pero yo solo quiero escribir sobre la tierra.

La noche que anega los campos.

La lechuza de ojos fijos.

La majada abandonada.

La luna de agosto.

La grana de la hierba, déjala.

El campo labrado.

Un zorro que salta la canaleta.

Y mi padre:

Me gustaba quedarme solo aquí por las noches

contemplando el silencio, el cielo

apagaba las luces

y el mastín a mis pies

me gustaba

hasta que alguien del pueblo murmuró:

cuidado, anda merodeando el peligro.

Luego ya fue todo peligro,

silencio,

cielo.

 

Y ya solo quiero escribir sobre la tierra,

y ya solo sobre la noche

sobre la finca labrada, el mastín, la majada,

sobre lo que ya no existe

sobre lo que dijo mi padre

y ya solo sobre mi padre,

escribir sobre mi padre.

—————————————

Autora: Marta del Riego Anta. Título: Flores de sangre sobre la hierba. Editorial: Eolas. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

Marta del Riego. Foto: Vincenzo Penteriani.

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