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5 poemas de Juan Bonilla

Juan Bonilla es un escritor nacido en Jerez de la Frontera en 1966. Ganó el Premio Biblioteca Breve en 2003 con Los príncipes nubios y el I Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa en 2014 con Prohibido entrar sin pantalones, publicada por Seix Barral. Su primera obra fue El que apaga la luz, una recopilación de relatos (Pre-Textos,1994). En 1996 publicó Nadie conoce a nadie, Ediciones B, libro que fue llevado al cine por Mateo Gil en 1999. En 2015 la Fundación BBVA le concedió una de sus Ayudas a la Creación para la escritura de una nueva novela sobre la artista mexicana Nahui Olin, Totalidad sexual del cosmos (Seix Barral, 2019). En poesía ha publicado Partes de guerra (Pre-Textos, 1994), El Belvedere (Pre-Textos, 2002), Buzón Vacío (Pre-Textos, 2006), Cháchara (Renacimiento, 2010) y Pequeños Poemas Pequeñoburgueses (Renacimiento, 2016). También ha publicado ensayos como Teatro de variedades (Renacimiento, 2002), La Costa del Sol en la hora pop (Fundación José Manuel Lara, 2007), Biblioteca en llamas (Renacimiento, 2016) o La novela del buscador de libros (Fundación José Manuel Lara, 2018).

 EL ESPÍA

Llevo en la nuca
la mirada del hombre
que quise ser

LO QUE QUEDA

Solo una cosa
queda de nuestro amor:
aún leo tu horóscopo

EN TODAS PARTES

En todas partes esta sensación
de haberme presentado disfrazado a una fiesta de disfraces
que fue desconvocada

VISOR

Vivimos dentro del visor del arma
de un francotirador
apostado en quién sabe qué tejado,
el dedo ya dispuesto en el gatillo.

EL RÍO

Si pudiera elegir, sería un río.
Siempre el mismo pero sin ser el mismo nunca.
Un río hundiéndose como daga en el mar
en el exacto instante repetido
en el que también nace sin testigo alguno
entre las grietas de una peña y se desliza como lágrima.

Y a cada instante ser también
hilo de agua solitario entre árboles pacientes
que levanta un rumor de agua nerviosa
o se ensancha orgulloso al paso de ciudades
por reflejar torres del oro y vanas catedrales,
o da de beber al ganado en un recodo
o se inventa piscinas para que se bañen los chavales.

No, nuestras vidas no son ríos:
ellos siguen naciendo cuando mueren,
siguen corriendo alegres, violentos,
o se remansan en los valles.
Si pudiera elegir sería un río, cualquier río.
Algo que siempre está naciendo,
algo que está pasando siempre,
algo que muere en cada instante.

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