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5 poemas de ‘La habitación vacía’, de Juan Vicente Piqueras

5 poemas de ‘La habitación vacía’, de Juan Vicente Piqueras

Este libro comienza proponiéndonos un juego: ¿Qué hay en una habitación vacía? Y sus poemas cantan y cuentan las cosas extrañas, sencillas, que hay donde parece no haber nada. El tema de este libro es una elipsis, una palabra que nadie quiere oír y nadie puede evitar. Es lo que nos espera y lo que nos precede. Habla de la muerte, pero de una manera lúdica, amorosa. Vemos en sus versos a vivos y muertos juntos, conversando. Los muertos se sirven de los vivos para seguir viviendo. Los vivos, ídem, y viceversa. La muerte no es lo contrario de la vida. Es su sal, su envés, su fin, la causa de su emoción. La gente tiende a desaparecer. Las personas ocurren, se suceden, arden, brillan, cantan, y desaparecen. Este libro trata del arte de birlibirloque de estar y, hale hop, dejar de estar. Habla de ser y de repente ya no ser. El que se va deja una habitación vacía y entra en una habitación vacía, llena de las voces enlazadas de vivos y de muertos. Nunca el memento mori y el carpe diem bailaron un bolero tan estrechamente abrazados.

Zenda adelanta cinco poemas de La habitación vacía, de Juan Vicente Piqueras (Visor).

***

LA HABITACIÓN VACÍA

A Carlos Edmundo de Ory

Era uno de tus juegos preferidos.
¿Qué hay en una habitación vacía?,
preguntabas. Guardábamos silencio.

¿Qué hay en una habitación vacía?

Los que no conocían el juego
tal vez decían: Nada, y tú decías: No.
Nada es nada, he dicho qué.

Hasta que alguien decía, por ejemplo: Silencio.
Y tú decías: Sí.
Y otro decía: Polvo.
Y el juego comenzaba a tomar vuelo.

Unas huellas de pasos en el suelo.
Un fantasma. Un enchufe. El agujero
de un clavo. La penumbra.
El cuadrado que deja en la pared
la ausencia de un cuadro. Un hilo.
Una carta en el suelo.
La huella de una mano en la pared.
Un rayito de sol que entra por la ventana.
Una telaraña. Un trozo
de papel. Una uña. Una hormiga extraviada.
La música que llega de la calle
(¿hay música sin alguien que la escuche?).
Una mancha de humo o de humedad.
Garabatos o pájaros o nombres
o un dibujo de Laura en la pared.

Tú ibas diciendo sí o no.
Tú lo sabías. Eras el inventor del juego.
Tú ya sabías, Carlos, lo que hay
en la habitación vacía donde acabas de entrar.

Era uno de tus juegos preferidos.
-¿Qué hay en una habitación vacía?
-Un fantasma.
-Ya lo han dicho.
-Sí, pero el que yo digo es otro.

***

CÓMO ESTÁS 

A Margherita y Pino

Morí el martes pasado y nadie se dio cuenta.

El mundo siguió igual, cambiando e inmutable.

No hubo anuncio, tormenta ni huracán
ni nubes que dejaran que entre ellas
se colase aquel rayo de luz que aparecía
en las portadas de los catecismos.

Mi hija siguió sirviéndome el té a la misma hora
y yo sigo tomándolo a sorbos sin sabor
con la pajita que ella coloca entre mis labios.

Mi marido me dijo no te vayas,
y yo ya me había ido.

Las visitas me cogen de una mano.
La otra ya no está aquí.

Me traen regalos que ya no me sirven,
y preguntas que no sé responder.
Cómo estoy, por ejemplo,
o qué tal he dormido, qué me apetece, cosas.

Veo, sin abrir los ojos, cómo mueven los labios.
Dicen palabras que ahuyenten su miedo.

Palabras como éstas.

¿Cómo estás?

¿Cómo has dormido hoy? 

Morí el martes pasado.

Estoy mejor.

***

EL ALBARICOQUERO QUE YA NO

A Fermín, siempre

Yo creía que el albaricoquero
que crecía en el patio
crecía de la tierra
como todos los árboles.

Y sin embargo ahora me doy cuenta
de que crecía de su corazón.

Murió cuando él murió.

Dejó de respirar y de repente
el árbol se secó.

Su savia era su sangre.

Su copa era su mano
suplicándole al cielo
limosna de la luz,
lluvia, misericordia.

Por eso ya no como albaricoques.
No me saben a nada.

***

VISTO Y NO VISTO

A los amigos que siguen vivos,
pero han desaparecido,
allá donde estén, con un abrazo póstumo.

La gente tiende a desaparecer.

Un día te hacen reír y al siguiente no están.

Un día te llamaban cada día
para saber cómo estabas,
y ahora ya no puedes ni recordar sus voces.

Un día dijeron siempre
y siempre acabó siendo nunca más.

La gente se parece a los fantasmas.
Aparecen, seducen, crees en ellos,
dan miedo, brillan y desaparecen.

Se van y, de repente, ya no existen,
como si nunca hubieran existido.
Llegas a convencerte de que los has soñado.

Yo soy uno de ellos.

Morir, en nuestro caso,
será una redundancia.

***

TUMBOS

A mi madre

Desde la tumba del vientre materno
hasta el vientre materno de la tumba
este viaje sin rumbo ni descanso
a través de espejismos travesía
entre dudas y dunas y países
y paisajes y tumbos y maneras
de caminar mirar mover los labios
para decir lo mismo
-el sol la edad la soledad la sombra-
que hace siglos que dicen cada uno en su lengua
los otros yoes que nos precedieron
los que fuimos y somos y seremos en otros
a partir de mañana ya sin yo y sin salir
de este vientre materno que es la vida.

—————————————

Autor: Juan Vicente Piqueras. Título: La habitación vacía. Editorial: Visor. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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Gladis Durán Daza
3 meses hace

Que maravilla de.poesia..
Me cautivó la esencia singular de este magistral escritor! Cada poema cumple su cometido..premio mas que merecido!! Sobre todo su.poema.» La habitación vacia» .
Felicitaciones a ZENDA por.esta especial.publicacion. Exitos!!

Alcira Pilar
Alcira Pilar
3 meses hace

Así es. Aunque no queramos la muerte nos acompaña, desvela.e interroga
Los sentimientos de abandono y soledad se expresan sin metáforas. Hermoso