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5 poemas de Marcos Gras

Marcos Gras es un poeta y gestor cultural nacido en Buenos Aires, Argentina, en 1976. Es editor en Santos Locos —integrante de La Coop (Cooperativa de sellos independientes)— y editó en ese mismo sello sus dos libros de poesía: ¡No hay poemas tontos! (2012) y Semana Laboral (2014). También coorganiza el ciclo de lecturas “Santa Poesía” que se realiza en el C.C. Matienzo (Pringles 1249, CABA). Participó del libro La Plata SpoonRiver (La Plata: De la talita dorada, 2013) y en el proyecto 8cho y 8CHO (2014), que reunió a escritores y artistas plásticos para un trabajo conjunto bajo la coordinación de Silvina Gruppo y Diego Axel Lazcano. La selección que presentamos pertenece a su segundo libro Semana Laboral (2014).

***

II

Comencé a llevar un diario de poesía.
Hoy desperté a las 6 am
en 30 minutos me tengo que despertar para armar
el desayuno y cambiar a mis hijos
no estoy para llevar un diario.

***

VII

A un poema
a uno bueno
siempre se le va a la zaga
como a las minas lindas en una fiesta,
siempre de atrás
tratando de alcanzarlo
sin saber a dónde nos llevará
hasta que todo termina
y tan sólo el recuerdo queda
una sonrisa lejana para saborear
en el camino a casa
y en ocasiones ni eso.

***

I

Siete muertos
Uno cada tres horas.
Uno mientras me levanto.
Uno mientras me ducho.
Uno mientras desayuno.
Uno mientras busco mis llaves.
¿Dónde las puse?
Uno mientras esquivo las baldosas rotas, la bosta de perro, la manguera de los
encargados.
Uno mientras busco el auto.
Uno mientras saludo al pibe del estacionamiento
¡Buenos días!
Uno que son dos cuando llego al trabajo.
Dos muertos que son tres cuando paro para almorzar.
Tres muertos mientras tomo otro café
“Sin azúcar, gracias”
Tres muertos que son cuatro cuando regreso a casa.
Cuatro muertos que son cinco mientras juego a los autitos con mi hijo.
Cinco muertos que son seis mientras baño a mi hija.
Seis muertos para la hora de la cena.
Seis muertos que son siete cuando apago la luz y digo:
“Hasta mañana, sueñen con los angelitos”
Siete muertos, siete niños muertos mientras escucho a coro “te queremos papá”
y yo me voy a dormir con una sonrisa.

***

I

Tardé un poco en darme cuenta.
la guitarra desafinada de Steve Jones
ésa me gusta
tarde para entender
pero poemas,
poemas siempre
desde que tenía 15
desde aquel verso de Yeats
que hablaba de vos
y yo sin conocerte
¿Te acordás mi amor?
¿Te acordás del vino y del brindis?
¿No?
no pasa nada bebe,
yo me acuerdo por los dos.

***

VII

Estaciono lejos de la oficina
el sol despunta
las veredas sin portero huelen a perro
las otras a agua y lavandina.
Esquivo baldosas
levanto la cabeza.
En la esquina un viejo en bata y pantuflas mira desde el zaguán,
pucho en mano,
a su perro negro;
tan viejo y arrugado como él
mientras mea en un árbol.
A mi alrededor las torres no paran de crecer
esqueletos de acero y concreto
llenos de paragüayos que como hormigas
recorren los andamios.
Este barrio se lo cargaron
aún subsiste
aún es barrio,
por la gente más que nada.
Como esa chica eslava que vende café en carrito,
esa al que el dueño del perro le compra su café todas las mañanas y a la
que los paragüayos esperan como bocanada de aire fresco
cada mañana.
No le gritan cosas
le sonríen
le compran café
ella se deja sonreír
es parte del negocio
cortejos entre café azucarado
termos y vasos de plástico
negocios. A este barrio se lo cargaron
recuerdo cuando no había bares,
cuando caminábamos por acá de noche,
sin rumbo,
sin destino
y en ocasiones escuchábamos tiros
una sirena alejándose
caminábamos de acá para allá
y de vuelta para acá
sin frío,
sin plata.
Ya en la esquina de la avenida
aparece Francisco
mide cerca de 2 metros
usa zapatillas rotas en la puntera
desde donde asoman sus dedos negros
Francisco duerme entre una Iglesia y un
colegio privado justo en frente de un puesto de flores.
A esta hora siempre esta barriendo su esquina,
llega el florista
“Rulo” vino el señor del café y se llevo 2 plantas
“¿Las de 20?”
“No, no las de abajo las de 45… después pasa y te las paga”
“Gracias Pancho”
Pancho lee como un animal
ayer termino “El dueño” y
hoy ya tiene un nuevo libro sobre el banco.
esperándolo.
Siempre pienso en darle plata
debería darle un peso por cada vez que me lo crucé.
Al final hago cuentas
es mucha plata
paso sin saludarlo
entro a mi trabajo
y subo las escaleras hasta mi cubículo sin ventanas.

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