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5 poemas de Mario Montalbetti

Mario Montalbetti es un poeta y ensayista nacido en Lima, Perú, en 1953. Profesor Principal de Lingüística en la Pontificia Universidad Católica del Perú, ha escrito nueve libros de poemas: Perro Negro (1978), Fin Desierto (1995 y 1997), Llantos Elíseos (2002), Cinco segundos de horizonte (2005), El lenguaje es un revólver para dos (2008), Ocho cuartetas contra el caballo de paso peruano (2008), Apolo cupisnique (2012), Vietnam (2014), Simio meditando (2016) y Notas para un seminario sobre Foucault (2018). Su poesía reunida ha aparecido bajo el título de Lejos de mí decirles (Editorial Aldus, Ciudad de México 2013 y Ediciones Liliputienses, Cáceres 2014); una selección de la misma apareció bajo el título En una lengua rompida en Ruido Blanco (Quito, 2017) y otra bajo el título Huir no es mejor plan en Mansalva (Buenos Aires, 2017). También ha publicado Lacan arquitectura (con J. Stillemans, Fondo Editorial PUCP, Lima 2009); Cajas, un estudio sobre lenguaje y sentido (Fondo Editorial de la PUCP, Lima 2012), la colección de ensayos Cualquier hombre es una isla (Fondo de Cultura Económica, Lima 2014), El más crudo invierno. Notas a un poema de Blanca Varela (Fondo de Cultura Económica, Lima 2016), Ceguera y sentido del poema (Bisturí 10, Santiago 2019) y El pensamiento del poema (Marginalia, Santiago 2019 y Kriller71, Barcelona 2019). Es codirector de la revista Hueso Húmero.

***

Como Walcott

Escribo a mano con un lápiz Mongol No.2 mal afilado
apoyando hojas de papel sobre mis rodillas.

Ésa es mi poética: escribir con lápiz es mi poética.

Si alguien pregunta como quién quiero escribir
respondo “como Walcott”. Ésa también es mi poética.

También, esperar a que ella me muerda el cuello
para comenzar a escribir es mi poética. La oscuridad del mar,
lleno de pliegues, es mi poética. Ella pregunta como quién
quiero escribir

y yo respondo “no sé, como Walcott”. O más bien

mi poética es di algo visceral de una buena vez,
como en la ópera, sin esperar que ocurra una muerte
especialmente interesante al final: es mi poética.

Lo del lápiz mal afilado es indispensable para mi poética.

Sólo así quedan marcas en las hojas de papel
una vez que las letras se borran y las palabras ya no

se entienden o han pasado de moda o cualquier otra cosa.

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El canto de las aves

(para Alberto Blanco)

el canto de las aves escondidas en el follaje
apenas alcanza las tres sílabas

luego silencio

luego otra vez alcanza las tres sílabas
luego silencio

es la forma que tienen las aves de no decir nada
luego otra vez

tres sílabas luego silencio y luego otra vez
es el canto de las aves escondidas en el follaje de los ficus

tres sílabas silencio otra vez

es la forma que tienen las aves
de no decir nada

tres sílabas silencio tres sílabas

pero el canto
es hermoso y se repite regularmente al atardecer
y luego otra vez
y luego otra vez

y no dice nada

***

Poema en homenaje al V Congreso Nacional de Filosofía del Lenguaje, Huampaní 26-28 de Junio del 2010

¿cuál es la diferencia entre una vaca y el lenguaje?

una vaca
¿qué es una vaca?

una vaca pace al lado del camino

el camino da un rodeo
y lleva hasta el granero

la vaca cruza el camino
sin rodeos

el lenguaje no puede hacer eso

***

Fin Desierto (fragmento) 

este es el verso en el que la sangre se vuelve vino y el paraíso metrópoli

y la daga imaginaria se clava sobre pechos mojados
este es el verso en el que entro al pueblo

y pregunto por ella y por un bar llamado el patio
todos volteamos hacia el mismo lugar todos cometemos el mismo error

camino por estos versos para olvidar tormentos y siento un alivio pasajero al ver
jacarandás en flor

pero luego todo vuelve de golpe y escupo sobre estas calles

en este verso llueve como lloverá en el último otoño
por fin el actor no es el héroe por fin no hay nada que entender

en dos días llegaré al sur que no tiene sur

los caballos se esconden en las acequias afiebrados
en este verso no se puede seguir

este es el verso en el que no se puede seguir

***

Disculpe ¿es aquí la tabaquería?

Nadie dice todo. Nadie dice nada.
Lo deseable es decir poquísimo.
Callar no es más radical.
Callar es como raparse la cabeza:
el pelo vuelve a crecer.
Pero decir poquísimo, decir lo mínimo
que uno puede decir,
eso es lo que nos permite decir algo.

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