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5 poemas de Paul Éluard

5 poemas de Paul Éluard

Agitado políticamente y dueño de una sensibilidad atenta a los pormenores del cariño, el francés Paul Éluard construyó una vibrante carrera poética a lo largo de la primera mitad del siglo XX, a caballo entre las vanguardias dadaísta y surrealista y su propio universo sentimental.

Íntimas

Te deslizas en la cama
De leche helada tus hermanas las flores
Y tus hermanos los frutos
Por el rodeo de sus estaciones
En la aguja iridisada
En la cadera que se repite
Tus manos tus ojos y tus cabellos
Se abren a los crecimientos nuevos
Perpetuos

Espera espera espera
Que vas a sonreírte
Por primera vez

Espera
Que vas a sonreírte
Para siempre
Sin pensar en morir.

Max Ernst

En un rincón el incesto ágil
Gira en torno a la virginidad del vestido corto
En un rincón el cielo liberado
Entrega esferas blancas a las espumas de la tormenta

En un rincón más claro que la totalidad de los ojos
Esperan a los peces de la angustia
En un rincón el carruaje de verdor del verano
Gloriosamente inmóvil para siempre

Al brillo de la juventud
De las lámparas encendidas con retardo
La primera muestra senos que matan a los insectos rojos.

La victoria de Guernica

I

Bello mundo de miserias
De la noche y los campos

II

Rostros benignos en llamas rostros benignos en el fondo
Que rechazan la noche las injurias y los golpes

III

Rostros benignos para todo
He aquí el vacío que los fija
Su muerte servirá de ejemplo

IV

La muerte corazón derrumbado

V

Ellos los harán pagar el pan
El cielo la tierra el agua el sueño
Y la miseria
De su vida

VI

Ellos dijeron anhelar la benigna inteligencia
Ellos restringieron a los fuertes juzgaron a los locos
Practicaron la caridad partían un centavo en dos
Ellos saludaban a los cadáveres
Ellos derrochaban amabilidad

VII

Ellos persisten ellos se exceden ellos no son de nuestro mundo

VIII

Las mujeres los niños tienen el mismo tesoro
De hojas verdes de primaveras de leche pura
Intacto
En sus limpios ojos

IX

Las mujeres los niños tienen el mismo tesoro
En los ojos
Los hombres lo defienden como pueden

X

Las mujeres los niños tienen las mismas rosas rojas
En los ojos
Cada uno muestra su sangre

XI

El miedo y el coraje de vivir y de morir
La muerte tan difícil y tan fácil

XII

Hombres para quienes este tesoro fue cantado
Hombres para quienes este tesoro fue arruinado

XIII

Hombres reales por quienes la desesperanza
Alimenta el fuego devorador de la esperanza
Abramos juntos el último botón del porvenir

XIV

Parias la muerte la tierra y el horror
De nuestros enemigos tiene el color
Monótono de nuestra noche
Nosotros tendremos razón

Nusch

Los sentimientos aparentes.
Ligereza del acercarse.
La cabellera de las caricias.

Sin preocupación, sin sospechas.
Tus ojos se entregan a lo que ven:
Son vistos porque ellos miran.

Confianza de cristal
entre dos espejos.
Tus ojos se pierden en la noche
para añadir el insomnio al deseo.

El espejo de un momento

Disipa el día,
Muestra a los hombres las imágenes desligadas de la apariencia,
Quita a los hombres la posibilidad de distraerse,
Es duro como la piedra,
La piedra informe,
La piedra del movimiento y de la vista,
Y tiene tal resplandor que todas las armaduras y todas las máscaras
quedan falseadas.
Lo que la mano ha tomado ni siquiera se digna tomar la forma
de la mano,
Lo que ha sido comprendido ya no existe,
El pájaro se ha confundido con el viento,
El cielo con su verdad,
El hombre con su realidad.

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