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6 poemas de Ernesto Carriøn

Ernesto Carriøn es un poeta, novelista y guionista nacido en Guayaquil en 1977. Ha merecido, entre otros, el Premio Miguel Donoso Pareja de Novela (2019); el Premio Lipp (versión hispana del Prix Cazes – Brasserie Lipp de París) de Novela (2017); Premio Casa de las Américas de Novela (2017); Premio de Literatura Miguel Riofrío de Novela (2016); Premio Único Bienal de Literatura de Poesía Universidad Católica Santiago de Guayaquil (2015); Premio Pichincha de Poesía (2015); Premio de Poesía Jorge Carrera Andrade (2013); becario del Programa para Creadores de Iberoamérica y Haití en México (Fonca-AECID) (2009); Premio de Poesía Jorge Carrera Andrade (2008); Premio Latinoamericano Ciudad de Medellín del Festival Internacional de Poesía de Medellín (2007); Premio de Poesía César Dávila Andrade (2002). Algunas de sus obras más destacadas son: Cementerio en la luna, Incendiamos las yeguas en la madrugada, El día en que me faltes, Cursos de francés y El vuelo de la tortuga. Su última novela, La carnada, fue publicada por Seix Barral. En poesía escribió el tratado lírico titulado Ø, que reúne 1.500 páginas de poesía en tres tomos: La muerte de Caín, Los duelos de una cabeza sin mundo y 18 Scorpii. Los textos seleccionados pertenecen a Como un caracol nocturno en un rectángulo de hielo.

***

EL SELF ARMÓNICO

LOWELL

Estás en medio de palabras moviéndote con estricta ferocidad, operando esta fotografía que pueda describir quiénes fuimos y quiénes seremos. Estás moviéndote por encima de los círculos de la vida y de la muerte, persiguiendo el dibujo brillante de lo que causa los cambios profundos en la condición de todos, hasta hacernos víctimas. Estás en medio de un paisaje de huesos, iluminado por tantas caras y ninguna disfrazada con el sueño cumplido. Estás repitiendo con vigencia la canción del sacrificio en cada poema. Estás blasfemando al otro lado de la vida con un corazón de madera como un depósito para las raíces de todos tus muertos. Estás renunciando a mantener así la boca bien cerrada.

PLATH

Estoy en medio de palabras, de órdenes muertas y oraciones abriendo el dorso del abismo con sus pasos de guerra. Yo no sé quién soy, pero al menos sé quién no soy. Nadie ha dicho que sobre la piedra escrita queden solamente mandamientos. Vi la nieve por muchos meses como un hermoso maestro apretando mis labios. Ahora estoy en medio de palabras, acudiendo a la fuente de mi propio delirio. Escribiendo para olvidarme precisamente de aquello que hace un tajo en mi memoria, raramente humana. Tengo las mejillas blancas, escarchadas, frente a un texto gélido. Mi purificación es azotarme contra los significados de todas las palabras. Desaparecer mi dolor haciéndolo precisamente aparecer. Y hasta ahora pienso que es extraño cualquier modo de expresión, menos la nieve.

SEXTON

Estás en medio de palabras, derribada de tu pedestal, siendo la pura criatura. La luz de hielo del sol aplasta las partes blandas de tu cuerpo, donde los ojos de un niño muerto son el país limítrofe. Las condiciones de la casa se prestan para esta operación: hacer con todos tus muebles un poema. La depresión es real, y es un animal hambriento con puños como martillos repicando. La depresión es la prueba de que el universo está lleno de cruces con cuerdas en una cueva vacía que sostiene una lengua desconocida y una aorta. Se escribe contra el silencio y contra el animal hambriento apaleándolo todo; y desde una lengua desconocida hacia una lengua desconocida que sabe tanto como tú de la perfección de los paraguas bajo las estrellas. Aquí no hallarás el amor, en el poema no hallarás el amor nunca, eso debes saberlo antes de empezar. Pero te ocupará al menos su idea por muchos años.

LOWELL

En tu cabeza pasaron días; y la sensación de haber visto conejos en la nieve afuera, y luego accidentalmente dibujados como manchas o trapos bajo tu ropa desparramada en aquella habitación donde descubriste que la depresión no te abandonaría nunca. No estás lleno de odio, sino todo lo contrario. Estás coleccionando agonías como un tatuaje de vidrio gigantesco que propague la neblinosa longitud de tu propio fantasma. Vas a salvarte escribiendo como un raro artefacto cuyo ritmo de lactancia nadie escucha. Vas a salvarte escribiendo como un raro artefacto incapaz de sugerir la duración de su grito.  Incurable, entre las luces y los alimentos envenenados del mundo. Así sabrás imprimirte los días, su mística ajenidad de bloque de hielo. Todos lo hacen. Ocuparás un puesto entre un punto y su desfile de puntos. Partituras descabelladas bajo una rúbrica eléctrica. Y harás de tu lenguaje tu abundancia.

PLATH

Esto no se calcula –dice la nuez en mi cráneo. Esto –la escritura– es incalculable. Es incalculable el dedo asimilando el horizonte. El cuchillo de plata, en mi apellido, rebanando la vaca de la luna. El poema que es el monstruo enloquecido, echado sobre el lecho, de barba esquizofrénica, perdiéndolo todo. El poema que es el monstruo y la razón del sueño de una herida vuelta puro significante. Herida vuelta toda disolución, portal y precioso vacío pateando la puerta. Si estoy viva es gracias al poema. Si aún vivo es gracias a ese monstruo, de barba esquizofrénica, que está pateando mi puerta mientras sigo respirando como un fantasma entre las costillas de una boca que no es mía.

SEXTON

Sabes por los huesos que vives en un país inmaterial, sumergido en el charco de tu propia sangre. Sabes por los huesos, tachados como la luz cúbica de tus ojos acumulando telas de ceniza más allá de sus órbitas, recortadas para siempre en la memoria, que no saborearás la felicidad en el bosque de otro cuerpo inexplorado. La verdad, eso no importa. Qué fue la felicidad sino un golpe de platos hipnotizados con fines de lucro. Qué fue la felicidad sino un colirio verdinegro empañando la obra en imágenes del cielo de Boston lleno de tramos blancos, como pomos políticos de nieve, sobre los árboles despellejados de una estación a otra. Tú vas a escribir –enferma y encorvada sobre una torre de libros– para comprender que nunca más la realidad estará frente a ti. Vas a escribir de este país inmaterial secuestrada como un lirio bajo un montón de hielo.

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