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7 poemas de Julieta Sbdar

Julieta Sbdar Kaplan es una poeta nacida en Buenos Aires en 1993. Ha publicado los libros de poesía Demoliciones (2017, Eloísa Cartonera, premio Nuevo Sudaca Border) y Mandarinas (2022, Ediciones Nebliplateada) y participado de las antologías 33 poemas (Ediciones Luismi, 2023), Vanguardia y creación (Centro Cultural Haroldo Conti, 2023) y GPS (Flor de Ave, 2025). Es Licenciada en Letras Modernas por la Universidad de Buenos Aires, Magíster en Estudios de Género por la Universidad París 8 y actualmente cursa el doctorado (UBA, París 8) con una beca doctoral CONICET. Obtuvo el premio de la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires (2023). Presentamos una selección de su obra y unos poemas inéditos de Poesía escolar, libro que será publicado en 2026 por Nebliplateada.

***

La sobremesa

El panorama, después de comer,
es casi siempre igual:
los vasos sin bebida, menos platos
que comensales
la sal firme en el centro.
Lo demás es sentarse
alrededor de lo que ha sido,
estirar la tarde
palabras y servilletas
que bailan con el viento y nadie
se atreve a levantar.

***

Versiones de un guindado

1

A mediados de abril, mi abuela
junta varias guindas y vuelca un litro
de vodka en un botellón
que cierra hasta las fiestas de septiembre.
A lo largo de esos meses traslada
el botellón de un mueble a otro
para que esté al reparo del calor
de la brisa y de la luz
potente del día.
La receta no sugiere
ningún itinerario para la maceración,
basta con que repose
en un rincón oscuro
pero el guindado desarma
la fijeza de los días,
hoy por ejemplo que toca
cambiarlo de armario a la tarde.

2

Es junio y el guindado
descansa en el mueble del living.
Nadie lo recuerda.

3

Lo podés hacer con grosellas
con arándanos o cranberries,
dice la bobe y deja
el guindado a la intemperie.
Suelta la palabra
que sostenía el poema.

4

Abrirlo, dice mi abuelo, es como estrenar un
perfume:
nunca se repite
el aroma de la primera vez.

5

Cuando lo prueba, mi papá
recuerda otro guindado, el de su abuela rusa
la que vivía sola
en la casa del fondo
y aparecía jarra en mano
los primeros días de primavera.
Nadie sabe en qué continente
aprendió la receta.
Este, dice, es un poco más dulzón.

6

Lo pruebo con el peso
del tiempo estacionado. Pero no.
El sorbo no me trae
otro guindado a la memoria. No importa.
No es urgente
darle forma a la huella.

***

En la próxima estación
va a salir a la superficie.
Cada mañana espero este momento:
queda atrás la oscuridad, asoma
un paisaje de coordenadas precisas
y el río se dibuja
en el marco sucio de la ventana.

Que este fragmento me acompañe, ruego
que me acompañe hasta el final.

***

Poema escolar

Ya aprendieron el tempus
fugit, teatrum mundi,
memento mori.
Para que mis alumnas
no rastreen, apuradas
tópicos en el poema
como si fueran buscadoras
de perlas o butifarras
las distraigo, les cuento
cómo fue que aprendí
de memoria, sin teorías
el soneto de Sor Juana.
Me piden que lo recite.
Cierro el libro porque creo
saberlo de corazón
pero recuerdo
el primer cuarteto
vagamente el segundo
y de los tercetos, nada.
A duras penas llego
a la última estrofa
haciendo pie tramposa
sobre la imagen proyectada.
Pero cuando me sumerjo
al final del poema
la voz tiembla
otra vez.
¿De dónde viene esa emoción
por el último verso
que deshilvana la materia
con su pasito cantado
hasta asomarse
al borde de la lengua y va
hacia atrás sin nostalgia?

***

La maestra particular

1

Jose suelta palabras
que atraviesan el tiempo
y llaman a mi puerta.
Mi hermana toma tres clases y deja
mi amiga toma una clase y deja
mi papá también toma
un mes de clases y deja.
Lo mismo hacen mis abuelos.
Pero la particular de inglés
me enseña y yo me dejo.
Hablando sobre postales, le digo
yo nunca recibí una.
Ese verano llega el correo
con una imagen de Machu Picchu
encabezada: Dear Julieta.
Atrás lleva escrito
Look at this wonderful place!
Now you can say
that somebody once
sent you a postcard.
Love,
Jose

2

Querida Julieta:
¡mirá qué lugar maravilloso!
Ahora podés decir
que alguien una vez
te envió una postal.
Con cariño,
Jose

3

Querida Jose:
¡mirá qué maravillosa postal!
Ahora puedo decir
que alguien una vez
me envió a un lugar.
Con amor,
Julieta

4

Me pido unos días
de vacaciones en la escuela.
Quiero conocer la ciudad inca.
Dejo la casa
apunada, cruzo la frontera.
Parada frente al Huayna Picchu
apretando los ojos por el sol montañoso
no veo lo inmenso, sino
mis manos sacando
del sobre la postal.

5

La dedicatoria de Jose
que leo parada
al borde de mi adolescencia
y que transcribo ahora
cortada en verso
me convierte en destinataria
de una lengua que no es la mía.
Mi nombre escrito
a mano y al dorso
de esa imagen lejana
me explican este mundo
con palabras de otro.

6

El traje que vestí mañana
empieza el poema de Vallejo
y desacomoda para siempre
los tiempos de la poesía.
Jose me dedicó
en un inglés incaico
la postal
que recibiré ayer.

*** 

Buenos días

Me paro por primera vez
frente a un curso
de la escuela secundaria.
La noche anterior no duermo,
transpiro, vomito, imagino
el peor de los escenarios.
Nadie lo nota cuando entro
arreglada para lucir más grande
y con mi mejor sonrisa lanzar
el primer buenos días
de muchos.

***

No borres

No borres, dicen las alumnas
pará pará pará
todavía no, dicen
y copian apuradas
como si en el fijar
se les fuera la vida.
Ahora sí, ahora ya
podés borrar, respiran
aliviadas y descansan
la mano sosteniendo
la muñeca con la otra.
Yo obedezco
y borro las palabras
que alguna vez copié
de puño y letra de otra
maestra, y así.

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