Juan Pinilla, reconocido cantaor flamenco —ganador de la Lámpara Minera 2007 y nominado a los Grammy latinos 2014—, nos tiene habituados a escucharlo en festivales, teatros y auditorios. Sin embargo, ahora nos sorprende con un canto distinto: el de la amistad, que sostiene el pulso narrativo de su primera novela, Los colores de la nieve, publicada por Valparaíso.
Samo es la antítesis de un “nini”: estudia, trabaja y, en los márgenes que le dejan las obligaciones, se reúne con un profesor que lo inicia en los secretos de la prosa. De esta relación entre maestro y discípulo encontramos bellos pasajes de narratología. Su inquietud intelectual lo llevó a buscar en los docentes una suerte de segunda familia, decisiva en la forja del carácter, especialmente cuando una profesora lo introduce en los entresijos del activismo político. En Samo, la teoría y la práctica se entrelazan: la sensibilidad estética desemboca en el compromiso ético.
El protagonista descubre igualmente los misterios del amor junto a Lis, cómplice de sus anhelos literarios. Comparte piso con otros estudiantes, uno de ellos, Ray, cuyo desparpajo terrenal complementa la madurez reflexiva de Samo. Sus intereses son distintos, pero la amistad —cuando no es utilitaria— encuentra complicidades profundas, especialmente cuando ambos ofrecen su ayuda a Wadima, un joven migrante indocumentado recién llegado a Granada tras un exilio devastador y cuya salud pende de un hilo. Samo le ofrece su hogar, su protección y, con ello, nace una amistad donde la valentía compartida se convierte en el lazo más firme.
La relación entre Samo y Wadima está marcada por la empatía, la solidaridad y la admiración mutua. Samo se reconoce en la mirada de Wadima, se calza sus zapatos gastados y aprende a caminar con ellos. El tono revolucionario de esta amistad radica en que no se sostiene en intereses efímeros o en la superficialidad hedonista de las amistades de barra de bar y risa fácil. Frente a los vínculos oportunistas tan comunes hoy, Pinilla escribe sobre un amor —entre amigos y amantes— que se mantiene incluso cuando implica un esfuerzo comprometido.
La novela está atravesada por pasajes poéticos, muchos nacidos bajo la inspiración de Granada: ciudad ambivalente, mezcla de belleza y crueldad, cuna de Ganivet, Lorca o Ayala; ciudad que acogió a Irving, a Falla, pero también la que asesinó a su poeta más ilustre y sepultó sus ríos. En una escena luminosa, Samo y Lis observan el río Darro. En la efervescencia del amor joven, quisieran apresar el instante, como si desearan su eterno retorno. Lis pregunta: “¿Puedes seguir una gota en la corriente?”. Samo lo intenta, en tono jocoso, pero el río demuestra su lección heraclítea: “Entonces no sería ya esta agua que vemos discurrir libre, presurosa, con el frescor de la sierra. Las gotas en un frasco ya no serían estas gotas, no tendrían ese brío, ni esta temperatura, y acabarían muriendo, pudriéndose, evaporándose…”.
Frente a la sabiduría trágica de Heráclito —nadie puede bañarse dos veces en el mismo río—, el amor, la amistad o el arte pueden arañar un fragmento de eternidad. Quizá el vínculo más fuerte consista en atesorar la belleza de los instantes perdidos.
El título, Los colores de la nieve, funciona como un lienzo impresionista: capta la variación cromática de la nieve de las cumbres de Sierra Nevada, que Samo y Wadima contemplan un día, siempre mudable bajo la luz. La amistad también se nutre de la admiración mutua por el instante, siempre condenado a desaparecer, pero no por ello exento de celebración.
SAMe Old shit no es solo un acrónimo; subraya las antiguas y aún vigentes violencias ejercidas por dictaduras y conflictos que arrojan a miles de personas a desiertos, montañas y mares en busca de una vida posible. Un amigo nos recuerda que la vida merece la pena si se aligera entre dos. Los colores de la nieve es, en definitiva, un canto a la amistad, porque un verdadero amigo es siempre alguien que promete futuro.
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Autor: Juan Pinilla. Título: Los colores de la nieve. Editorial: Valparaíso. Venta: Todos tus libros.


El libro que más me ha aportado últimamente. Voy a volver a leerlo. Simplemente maravilloso ❤️
El libro más bonito que he leído últimamente. Voy a volver a leerlo.
Maravilloso
Los colores de la nieve ha sido un libro que me ha marcado mucho. Gracias Sergio Antoranz por poner en relieve algunos de los detalles que encierra esta maravillosa novela.
El libro es una maravilla, al igual que su autor, es cantaor, escritor, periodista, investigador y muchas cosas mas, cada vez que abre la boca es un mar de sabiduria, con un compromiso inquebrantable, Juan es de esas personas que no abundan y que hacen falta en este mundo y sobre todo en estos tiempos, este es uno de esos pocos libros que me ha llegado tanto que lo volveré a leer seguro
Lo mejor que me ha ocurrido hoy. Volveré a releerla. La compré el pasado verano en La Unión. Juan eres bueno en todo lo que haces.
Bonito artículo y maravilloso libro que he disfrutado este verano
Querido Sergio:
Gracias por este precioso artículo sobre la novela de nuestro adorado artista y amigo, Juan Pinilla.
Me encantan tus observaciones sobre el Bildungsroman. Ciertamente, creo que podríamos mencionar incluso la estructura del arquetipo narrativa universal de Joseph Campbell, donde el protagonista parte de la salida de su mundo ordinario por algún hecho insoslayable, a modo de viaje iniciático ingresa en un mundo extraordinario y regresa transformado y con una sabiduría interior, como ocurre en los personajes del Bildungsroman, que experimentan un crecimiento íntimo, psicólogico, donde se encarna la presencia del ser humano en su plenitud.
Este viaje iniciático, desde mi punto de vista, es paralelo en los dos personajes protagonistas: Samo y Wadi; e incluso, ambos, a la manera cervantina, se prestan la ayuda que complementa al otro, llegando después a mostrar un proceso de transferencia y de superación de una máscara o personaje demasiado encorsetado. Así, Samo es un personaje fundamental para salvar a Wadi, en primera instancia, de la miseria, quién sabe si de la propia muerte física y emocional. Más adelante, Wadi proporcionará a Samo un motivo, una misión, un primum nobile, haciéndole el regalo de su vida, compartiéndolo con él. Ese intercambio, creo que quizás quede sellado en el objeto mágico que Lis regala a Wadi, su pintura con los colores de la nieve. Así, los matices que Wadi le ha regalado a Samo, este se los lleva en el alma y la amistad profunda de Wadi con Samo y su mundo viajan a África, a la búsqueda de paz y libertad.
Estas palabras, Sergio “El tono revolucionario de esta amistad radica en que no se sostiene en intereses efímeros o en la superficialidad hedonista de las amistades de barra de bar y risa fácil. Frente a los vínculos oportunistas tan comunes hoy, Pinilla escribe sobre un amor —entre amigos y amantes— que se mantiene incluso cuando implica un esfuerzo comprometido”, alumbran la mirada y la profunda observación a este mundo actual, embutido en vínculos superfluos, banales y frívolos; pero ciertamente, como tan bellamente explicas, estos personajes se sumergen profundamente en nuestra psique y en nuestra alma para recordarnos que otros modelos de vida coexisten con nosotros.
Por cierto, que la mención hacia la profesora nos lleva al paseo por el museo de los grandes seres humanos que nos sonríen en la novela: Domingo Malagón, Juan Latino, que además parecen reconciliar también a Heráclito con las diferentes muestras de una misma esencia de modelo humano, como nos explicas de una manera tan preciosista “Frente a la sabiduría trágica de Heráclito —nadie puede bañarse dos veces en el mismo río—, el amor, la amistad o el arte pueden arañar un fragmento de eternidad. Quizá el vínculo más fuerte consista en atesorar la belleza de los instantes perdidos”.
Pura poesía entretejes, querido, cuando te refieres a la tradición artística, literaria de Granada: “La novela está atravesada por pasajes poéticos, muchos nacidos bajo la inspiración de Granada: ciudad ambivalente, mezcla de belleza y crueldad, cuna de Ganivet, Lorca o Ayala; ciudad que acogió a Irving, a Falla, pero también la que asesinó a su poeta más ilustre y sepultó sus ríos”. Consigue Pinilla, hacer brillar a Granada, siguiendo la estela de los maestros, como una ciudad mítica entre la llamarada de la necesidad de la mirada e implicación social actual, así como de la memoria histórica y el recuerdo de los versos, de las músicas, de los gitanos, de las cuevas, del flamenco, de las candelas de las cuevas… de los versos de Rafael de León, de la esencia de Ayala, de Federico…
Belleza nuestro Juan Pinilla, belleza tu artículo, querido Sergio. Consigues con tus certeras y visionarias palabras lanzarnos al espíritu de una obra que, para mí, ha conseguido elevar la inmigración a mito universal, como nuestro Federico hizo con los gitanos en Andalucía o a los afroamericanos en Nueva York, testigo que recogió Basquiat.
Solo me resta decir, ¡Olé los dos!
Un abrazo enorme.