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Yakarta se hunde

Yakarta se hunde, y no vas a poder hacer nada por evitarlo. Cada año desaparece un nuevo centímetro en el mar. Casi nadie se da cuenta de ello, pero acaba ocurriendo. Todo parece funcionar, hasta que un día te miras en el espejo y compruebas que estás lleno de arrugas, te falta el pelo y la piel cuelga sin remisión; estás a punto de ahogarte y sólo queda un poco de aire en tus pulmones. Los fracasos se acumulan hasta hacer estallar las puertas del armario; la amargura ha avanzado por tu cuerpo como mercurio ardiendo, arrasando con todo; y las derrotas son tantas que es imposible aceptar una sola más. Joserra (Javier Cámara), el protagonista de Yakarta (Movistar Plus), lo sabe, y aun así intenta tener una última oportunidad, una redención que siempre le ha sido vedada. Que le den la medalla, la puta medalla, y que además se la den ellos, los que se lo negaron todo.

"La justicia poética no existe en Totana, Ponferrada, Torrelavega o Tardajos. Esto no es Hollywood, ni falta que hace"

Yakarta se hunde, y cuando el agua te llegue a la barbilla, será demasiado tarde para escapar. Joserra tiene los pulmones encharcados, pero sigue aleteando, y cuando ve a Mar (Carla Quílez) saca la cabeza del agua y comienza a nadar con fuerza. Él no pudo conseguir el triunfo en Barcelona 92, pero quizás ella pueda lograrlo con su ayuda. Una historia de segundas oportunidades, pero en la vida no hay nunca segundas oportunidades, y menos en Vallecas. Cuando caes, lo haces hasta el fondo; en picado. Y a pesar de ser consciente de ello, devoras los seis episodios de la serie de Diego San José y Elena Trapé. Ahí está el éxito de una narración, saberte el final y querer que sea otro, confiar en que todo puede ser distinto. La justicia poética no existe en Totana, Ponferrada, Torrelavega o Tardajos. Esto no es Hollywood, ni falta que hace. Nos hemos acostumbrado a historias que nos explican, a series que nos guían como si no fuéramos capaces de seguir una narración; en Yakarta se nombran las bombas —la piscina, las facturas, el coro— y luego cada una explota en un episodio. Qué importante es que el creador confíe en el espectador.

"Luchamos contra la amargura y también contra la esperanza, que nos hace todavía más daño"

Yakarta se hunde, y tú y yo acabaremos en las profundidades, como Joserra: en el parking de un bingo, en la parada de autobús de un pueblo de Burgos. De ahí ya no se sale. Yakarta se hunde, y a pesar de todo lo intentaremos una vez más. Nuestro sitio es otro, en la puerta, lejos de los aplausos, pero soñaremos con el pódium, porque de no hacerlo: ¿qué nos queda? Luchamos contra la amargura y también contra la esperanza, que nos hace todavía más daño. Y en tu cabeza esa canción, una y otra vez, hasta que te estalla la cabeza. Una canción con una sola frase: “You Can’t Win”. Un mantra que repite Al James hasta la extenuación, y mientras: Yakarta se hunde, y tú con ella. Tú siempre has sabido que no ibas a ganar, ya sólo te queda rendir homenaje a la derrota.

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