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13 de enero de 1936: Romanones, genio y figura

13 de enero de 1936: Romanones, genio y figura

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España. En los dos primeros meses cuenta con la colaboración de Íñigo Palencia.

Lunes, 13 de enero de 1936: Romanones, genio y figura

Media hora larga había conferenciado el conde de Romanones con Manuel Portela, encerrados ambos en una sala del palacio de Villamejor, antes de salir a la plaza de Colón, donde esperaba la prensa.

—Calma, señores. Déjenme hablar y contestaré a sus preguntas. El señor Portela y yo hemos conversado sobre cuestiones electorales. Como sabrán, he sido víctima de alguna violencia en mis distritos de Guadalajara y, lógicamente, vengo a exponer mis quejas. El señor Portela, como presidente del Consejo de ministros, con un gran espíritu de justicia, las ha recogido y las atenderá —indicó el político. Aunque septuagenario, seguía manteniendo ese perenne brillo irónico y juvenil en su mirada. Esta daba a entender mucho más de lo que decían sus palabras—. Aquí no habrá más que justicia y legalidad. Estoy convencido de que estas serán las elecciones más limpias que se han celebrado nunca en España. A mí me han suspendido algunos ayuntamientos de elección popular, y eso empaña algo el escenario. Pero me han asegurado que estas van a ser unas elecciones, pero que muy limpias…

"Romanones no puede dejar de hacer comentarios sobre el pasado, el presente y el porvenir…, pero estos comentarios no deben salir del terreno de la intimidad, señor Pla"

—Entonces ¿de qué se queja usted? —preguntó uno de los cronistas.

—¡Ah!, mi queja es por una nimiedad con los ayuntamientos… nada más. Y ahora, si me permiten.

El sonriente Romanones se metió en su vehículo y desapareció Castellana abajo. Algunos periodistas se alejaron, camino de las redacciones. Los demás se quedaron hasta que, al cabo de un par de horas, salió del edificio gubernamental un confiado Portela.

—Señores, por favor. Ya les habrá explicado el conde de Romanones el objeto de su visita. Me ha confirmado que no piensa suscribir un documento de protesta por los atropellos cometidos por el gobernador de Guadalajara. Y como la amistad y el afecto particular que nos profesamos mutuamente le impiden sumarse a lo que pudiera parecer un ataque directo contra mi Gobierno, ha preferido venir en persona a formular sus quejas. Se ha referido, concretamente, a la disolución de dos ayuntamientos de elección popular, el de Brihuega y el de Tendillas, y me pide su reposición. Como saben, el Gobierno hasta ahora nunca ha permitido la disolución de ayuntamientos de elección popular en ningún punto de España. Y como no puedo aprobar lo hecho por el gobernador de Guadalajara, he dado órdenes para que esos ayuntamientos sean repuestos inmediatamente… Esa es mi respuesta a la demanda de mi particular amigo el conde de Romanones.

—¿Solo han hablado de eso? —preguntó Josep Pla, el corresponsal de La Veu de Catalunya, destacándose entre sus colegas.

—Claro es que una persona de tan fino sentido político como Romanones no puede dejar de hacer comentarios sobre el pasado, el presente y el porvenir…, pero estos comentarios no deben salir del terreno de la intimidad, señor Pla —indicó con prudencia el presidente Portela, que tenía, se notaba, una clara familiaridad con el periodista catalán.

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