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El Panamá, de Iñaki Domínguez

El Panamá, de Iñaki Domínguez

Esta es la biografía de una de las leyendas de la delincuencia madrileña en los ochenta, José Manuel Cifuentes, alias el Panamá. Pero también es un retrato de una época que marcó la historia social y cultural de España.

En Zenda ofrecemos las primeras páginas de El Panamá: Vida de un fuera de la ley (Ariel), de Iñaki Domínguez.

***

INTRODUCCIÓN

La primera vez que oí hablar del Panamá, fue de la boca de J., alias Máscara de Hierro, quien hizo referencia a él con el máximo de los respetos. Tras haber investigado a fondo el mundo macarra, en ese momento estaba yo interesado en acercarme al terreno —más complicado y escabroso— de la delincuencia profesional; más particularmente, al mundo de los vuelcos y robos de droga a traficantes. Cuando hice referencia a un amigo suyo, especialista en tales lides —con el que luego pude establecer contacto—, me respondió: «En ese tema, sobre todo, había una banda que era la más dura de todas, que era la del Panamá, el A., el M. N., el Said (un moro que era más malo que la quina). Era un grupo que atracaba a todos los narcotraficantes. Estos hasta tuvieron movida con los Miami y los tirotearon en la Peineta». Yo: «¿Los Miami a ellos?». Máscara de Hierro: «No, no… [risas]. Ellos a los Miami… Sí, sí, sí…». «La gente del Panamá eran los que tenían a todo el mundo acojonado. A todos los narcos, a todo el mundo. Estos no respetaban a nadie, o sea, iban a saco. Tienen doce o trece muertes, son los más jodidos.»

Tras escuchar estas palabras no tenía mucha fe en dar con el Panamá, la verdad. Naturalmente, busqué su nombre en Google y me topé con noticias muy duras sobre sus supuestas actividades. Por las fotos y los textos asociados, parecía un tipo hosco, con cara de pocos amigos, para nada agradable o abierto en el trato. Daba miedo.

Si mi entrevista con Máscara de Hierro tuvo lugar en la primavera de 2021, en julio de 2022 me agregó alguien nuevo en mi Instagram, un tal Cris. Cuando procedí a ver las fotos de mi nuevo contacto, di de bruces con imágenes del Panamá. Cris, o Crístofer, es el hijo mayor del Panamá y parecía interesado en conocerme. Le escribí el 12 de julio de 2022 por esa misma red social, preguntándole si nos conocíamos de algo (aunque sabía muy bien quién era).

Cris: Que tal iñaki, pues mira
personalmente no nos conocemos, pero
me ha gustado mucho el libro que has
escrito, el de ‘Macarras interseculares’.
Además, tenemos algún amigo en
común de los que entrevistaste para
el libro. Ha sido una pena no haberte
conocido antes, pues tenía un montón
de fotos y documentación que te podría
haber aportado de esa época y más
concretamente de la movida madrileña
y de los rockers. Aunque yo no la viví (yo
soy del 90), mi padre y amigos suyos muy
cercanos, sí fueron grandes protagonistas
de esa época. De hecho, hablas de
Fransuá  que era un gran amigo de mi
padre Jose (le llaman Panamá) y también
de mi tío Berry, 3 también muy conocido,
y más en esa época. De hecho,
el hermano de Fransuá, David, es como mi
tío. Fransuá murió hace un par de años,
se quedó vegetal porque se cayó
borracho y quedó postrado en una cama
un año. A ver si podemos quedar y
charlar. Sería un placer, lo que te digo,
sobre todo para mí padre y mi tío Berry,
que, como te he dicho, son grandes
protagonistas de esa época.

Cris: Te pueden dar mucha información y
yo tengo un montón de álbumes con
fotos de la banda de mi padre: con el
Cienduros, el Johnny, que eran de la
banda de los Teenagers….

Cris: Y, nada, mi padre está en la cárcel
de Estremera. Le he metido tu libro y le
ha gustado mucho, y me ha dicho que le
gustaría escribirte, si me puedes dar una
dirección. Os vais a entender bien y él
que vivió esa época te puede concretar
mejor los datos que yo…

Yo: Claro, tu padre Panamá es muy
famoso… Encantado de hablar contigo y
con él… ¿Tú y yo podríamos quedar
algún día? Sería la hostia hablar con él
para hacer un libro…

En ese momento, Jose el Panamá estaba en la prisión de Estremera como preso en régimen FIES (siglas que hacen referencia a los Ficheros de Internos de Especial Seguimiento), es decir, que estaba categorizado entre los presos más peligrosos, los cuales son sometidos a un mayor seguimiento y vigilancia por parte de las Instituciones Penitenciarias. El FIES se creó en 1989 para internos pertenecientes a organizaciones terroristas, pero a partir de 1991 su aplicación se amplió a convictos de distinta índole.

Pasé mis datos a Crístofer y acordamos quedar el sábado 23 de julio para visitar a su padre en Estremera. El Panamá cumple una sentencia de treinta y dos años por atracar un Mercadona en la localidad toledana de Yuncos en 2013 y disparar a un guardia civil que trató de impedir el robo, y que quedó parapléjico. Los asaltantes lograron escapar, sus caras cubiertas, pero Jose Manuel Cifuentes y su gente fueron detenidos ocho meses después tras un chivatazo de uno de los supuestos participantes en el atraco. El Panamá, sin embargo, niega su participación.

Dos días antes, el jueves 21, quedé con mi amiga, la pintora Laura Rodríguez, para salir a tomar unas copas por el barrio de Colombia. Cuando quedaba poco para el cierre de los bares, nos pasamos por el Negresco, en la calle Potosí. En la puerta del bar pregunto si podemos tomar la última. Cuando miro hacia las mesas en la terraza, veo a C., un antiguo nazi muy conocido de mi instituto, de quien ya hablé, empleando un pseudónimo, en mi libro Macarras interseculares. El tipo está sentado con un amigo y me mira. Se levanta, sale corriendo hacia mí y me abraza agresivamente, como empujándome. Yo pienso que el tío me «saluda» así porque sabe que sale en uno de mis libros, pero enseguida me doy cuenta de que simplemente me ha reconocido como parte del paisaje de su (y mi) antiguo instituto. Como yo, en aquella época, iba con los pelos largos, sudadera Adidas y zapatillas reventadas, él me llama «rojo», «guarro» o algo por el estilo.

Digamos que esa es su forma de establecer vínculos, de entablar comunicación filial con un excompañero de instituto. En ese momento, yo y mi amiga decidimos sentarnos con C. y su colega. Nos tomamos la última y les invito a mi casa. Subimos a un primer taxi del que nos echa el conductor porque al hablarle, dice, le toco demasiado el brazo. Desde luego, no es el fin del mundo, ni de los taxis. Justo enfrente hay otro que accede animadamente a llevarnos y nos subimos los cuatro. En este caso, C., el antiguo nazi (hoy probablemente de Vox), empieza a echar la papilla, momento en el cual nos vuelven a largar del coche. Al menos no tuvimos que pagar por ninguno de los dos viajes. Finalmente, tras caerse C. en un frondoso barranquillo del parque de Agustín Rodríguez Sahagún, y un largo paseo (largo, al menos, dimensionado por las altas horas de la noche y el alcohol), logramos llegar a mi casa. Laura y yo mantuvimos la juerga, con mayor o menor intensidad, aunque sin interrupción, hasta la noche del viernes, mientras que C. y su amigo, lamentablemente, nos abandonaron la tarde de ese mismo día.

El sábado aún nos despertamos y nos tomamos un par de cervezas para aflojar la resaca. Es fácil imaginar mi estado mental y físico antes de visitar al Panamá por primera vez, pero me sentía mentalizado, tenía ganas de conocerlo. Es cierto que los informes que tenía de él hasta ese momento eran preocupantes, ya fuesen de viva voz o a partir de artículos de prensa: «tiene doce o catorce muertes», «sospechoso de la muerte de J. M. L. C, alias Mickey», «ostenta un amplio historial delictivo», «tiene relación con la banda de los Miami», «ha sido involucrado en secuestros y en el encargo de palizas a miembros díscolos de la banda», «ha estado involucrado en tráfico de drogas, extorsiones, palizas, tiroteos, robos de droga a otros traficantes y asesinatos».

No obstante, y a pesar de la resaca, estoy tranquilo; algo en mi interior me dice que todo va a salir bien. Entre otras cosas, ya he tratado con su hijo Crístofer, un tipo majo, muy cercano. Hemos quedado en el metro de Antonio Machado. Laura viene conmigo, dando por hecho que habrá sitio en el coche. No me equivoco. Nos montamos sobre las 14:30, llegaremos muy justos a Estremera a la hora establecida. Crístofer le pisa a fondo, pero muy a fondo. En el trayecto le pregunto varias veces si su padre es «sociable». Crístofer sonríe y dice que sí.

En el camino, mi amiga ha encontrado unos álbumes de fotos de los años ochenta en la parte de atrás del coche en los que aparece el Panamá de joven. Las imágenes son tremendas: el Panamá de heavy con una guitarra eléctrica, vestido como uno de los Warriors (película de 1979 sobre pandilleros de Coney Island) con pelo largo, portando una esvástica en la espalda, comiendo pipas con las clásicas gafas de sol Carrera, haciendo el saludo nazi con unos skins amigos suyos a pesar de su pinta de Bon Scott. Al verlas, lo primero que me impacta es el valor, tanto estético como sociológico, de las imágenes. Poca gente de mi generación sabe de la existencia de heavies nazis, amigos de skins y rockers. Esas fotos son la hostia. ¿Un atracador heavy? Nunca había oído hablar de algo semejante.

[…]

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Autor: Iñaki Domínguez. Título: El Panamá: Vida de un fuera de la ley. Editorial: Ariel. Venta: Todos tus libros.

Iñaki Domínguez. Foto: Silvia Varela.

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