Una camisa blanca para António Lobo Antunes

No sé qué fue de aquella camisa blanca que compré en Coimbra para ir presentable a visitar a Lobo Antunes. Fue el día más caluroso de aquellos años, sin duda el más luminoso y la media hora que más sufrí por entonces esperando en la entrada sin sombra de aquel enorme portal de un edificio grandioso y como recién estrenado a que se cumpliera el momento exacto de la cita, durante esas sobremesas en las que el mundo bosteza, y más aún los cocodrilos.

Fotografía