Nacho Iraola: “El mundo no lo voy a cambiar, pero puedo hacer un poquito mejor el barrio de mi hija”

Buenos Aires es un enjambre de librerías: según un estudio de la Universidad Nacional de San Martín, en 2024, había 3,43 por cada 100.000 habitantes. Raro es peregrinar por Corrientes, ese trasunto de la Gran Vía madrileña con anabolizantes, sin regresar con un saco de criaturas de tinta y celulosa. Allende el tópico, se hallan las librerías de barrio, muchas de ellas regentadas por tipos que, cuando la pandemia, como repartidores de Glovo, se jugaban la vida.

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