Rayuela, que algo queda

He tomado otra vez Rayuela, después de muchos años, con la saludable intención con que uno abre una medicina amarga: esperando el bien prometido, o recordado, y temiendo el sabor de ahora. He salido, no curado, sino con la sospecha de que el viejo frasco venía vacío y el prospecto escrito en francés.

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