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5 poemas de perros

5 poemas de perros

La figura del perro en la poesía es casi tan antigua como la poesía misma. De ahí que no hayan sido pocos los poetas que, a lo largo de la historia, han mostrado su amor por ellos. Esta antología, realizada por Ricardo Álamo, es un muestrario de piezas escritas por autores contemporáneos.

En Zenda reproducimos cinco poemas de Perros: Antología poética (Renacimiento).

***

MERITÍSIMOS PERROS

I

Desde que no soy nadie,
desde que vivo solo,
mis perros son mis únicos amigos,
mis parientes y todo.

Para ellos soy sabio
y discreto y afable como pocos,
y mi pan, con ser negro,
lo tienen por mejor que cualquier otro.

Todos tienen su silla,
tienen su cama todos,
y su plato en que comen
se los tengo nombrado, les es propio.

Nunca ha salido de mi casa un perro
ni siquiera a enterrarse. Tengo un soto
sembrado de amapolas,
al pie de un arrayán que riego y podo
con mis manos yo mismo,
y allí es donde mi amor ha abierto un foso
que calienta a mis perros cuando mueren
y que los cubre a todos.

Cuando un can se nos muere, lo lloramos
desde un día hasta otro
mis hermanos y yo. Nadie se acuerda
de comer aquel día. Pesarosos
están todos los perros
y todos con asomo
de infinita tristeza
en el aullido largo y en los ojos.

Después, echo los perros por delante
en dirección al arrayán, y pongo
al desaparecido entre mis brazos;
y en procesión callada se le lleva
a podrir en el soto.

II

No olvidaré a Sultán, can fidelísimo
que por mí perdió un ojo;
ni a Machaquito, que acabó sus días
como tuberculoso,
a causa de los climas que, por duros,
no eran para nosotros.
Ni a Menelik, que estuvo preparándose
con gran penetración por casi todo
el discurso de un año, por si al cabo,
me faltaren los ojos
Ni al bravo aquel Camar que cayó enfermo
de no sé qué frío pernicioso
a tiempo en que yo estaba
ardiendo en calentura y como loco,
de suerte que, caídos
en tan enorme postración, ni modo
de que estuviera en términos, ninguno,
de poderle decir “Jesús” al otro.

No olvidaré a Donila,
ni a Radamés, ni a Dogo,
ni a Tamburlán, ni a Safo,
perras y perros todos
de gran fidelidad,
dignos de ser cantados por los heroicos.

Todos ellos murieron hace mucho,
mas no con suerte igual unos que otros.
Unos quedaron por ahí dispersos
y otros están deshechos en el soto
que sembré de amapolas,
y al pie del arrayán que riego y podo
cuando la primavera,
vuelta la espalda al polo,
reviente diligente sus capullos
y cuelga, entretenida, sus retoños.

La franca inmensidad, 1959

ALFREDO PLACENCIA

***

EL PERRO DE A BORDO

Un maretazo rápido y aleve
lo llevó de cubierta a nuestra vista;
fue su agonía dolorosa y breve
y aún el trágico lance nos contrista.

Era el más viejo del bajel. Cogióle
el capitán en una playa hambriento,
y, como a un nuevo tripulante, dióle
sitio en el rancho y pródigo sustento.

Era el guardián del buque; sus melenas
agitaba magnífico en sus rondas.
¡Con qué furor ladraba a las ballenas!

Todos vimos su muerte doloridos,
¡y aún nos parece oír bajo las ondas
el fúnebre clamor de sus ladridos!

Versos del mar y otros poemas, 1924

JOSÉ DEL RÍO SAINZ

***

PERRO MUERTO EN LA VÍA

¡Qué horror de muerte! Te vi
partido en dos. Un tren loco
te mató. Pesadas moscas
te devoraban las ingles,
el pobre sexo, la patas,
y tu cabeza dormía
cerca de unas matas verdes.

Soñando en las verdes matas.

Poesía (1924-1944), 1944

CÉSAR GONZÁLEZ-RUANO

***

SOCIEDAD PROTECTORA

A este cachorro
que pasa sus belfos por el suelo
como queriendo borrar su origen
y su destino,
hoy lo vacunan por primera vez.

Esta misma tarde, más tarde,
vendrá también a que lo duerman.
Un solo instante
tragado por sus fauces abiertas
como un grano de pienso.

Ahora, la correa innecesaria
no ciñe su pescuezo sino el cuello
ya estrangulado de la angustia.
No su reflejo, el nuestro en las baldosas
desinfectadas.

El tiempo ladra y gruñe, no devuelve
pelota alguna, no regresa.
Solo sabe el camino que se aleja
con la vida en la boca.
Entierra nuestros huesos, sus juguetes.

Inédito

ANTONIO RIVERO TARAVILLO

***

PERRO DE VECINO

Una caricia mínima
como de tedio,
un grito inverso de cuero y alambre,
el paseo fugaz, la sombra que huye,
la orden y el hueso,
huellas grises de lengua en las aceras,
olor a poder y a egoísmo,
la puerta que se cierra,
la locura y la alfombra,
una brutal patada.
La sentí tan adentro
que aún me duele.

Paraísos irregulares, 2004

ANTONIO LLAMAS

—————————————

Autor: Ricardo Álamo (ed.). Título: Perros. Antología poética. Editorial: Renacimiento. Venta: Todos tus libros.

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