Después de escribir Magokoro, Flavia Company decidió que cerraba una larga etapa literaria. Lo que escribiría después sería completamente diferente. El nuevo camino de escritura iría en paralelo a una larga aventura: emprender la vuelta al mundo en solitario.
En Zenda ofrecemos un capítulo de La llave (Navona), de Flavia Company.
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EL LIBRO
El viaje por tierra desde la Argentina hasta la frontera de Ecuador con Colombia estaba planeado desde hacía tiempo. La idea era que durase cuatro o cinco meses e ir de sur a norte, en bus, por la costa siempre que fuera posible. Iba a salir los primeros días de junio, en cuanto acabara las clases particulares y las que impartía en la Escuela de Escritura del Ateneu de Barcelona.
A las cinco de la tarde tocaron el timbre mis alumnos —siempre esperaban a estar reunidos en la puerta para no llamar varias veces y así subir todos a la vez—. Pronto estuvimos sentados en el salón, de techo altísimo, con un artesonado estilo modernista, y suelo de baldosas hidráulicas de tipo mosaico. Me encantaba aquella casa. Dos se acomodaron en el sofá, cubierto por una tela color vino, y otros cuatro en las sillas, unas antigüedades de raído terciopelo dorado. Yo frente a ellos, en una butaca de madera oscura.
Entonces Lisa, antes de que empezáramos la clase, dijo: «Te traigo una sorpresa». Abrió el bolso y extrajo un ejemplar de mi novela Círculos en acíbar, publicada veintitrés años atrás. Antes de dármela nos contó la historia de cómo había llegado a sus manos.
Al parecer el marido, famoso director de arte de quien no vamos a revelar el nombre porque a continuación se lo podría acusar de hurto, se encontraba rodando un anuncio para televisión en Ámsterdam. El set en el que se desarrollaba la acción era el decorado del salón de una familia más o menos culta o cultivada, o así es de suponer porque había unas estanterías con infinidad de libros. «Y entre tantísimos ejemplares, mi marido, que nunca presta atención a esas minucias porque para eso están los operarios, detectó el volumen y exclamó: “Anda, qué coincidencia, ese libro es de la profesora de mi mujer”, y se lo quedó para traérmelo, y aquí está. Pensé que te haría gracia la anécdota. Todavía no lo he abierto siquiera», concluyó Lisa y me lo dio.
Lo recibí agradecida y me tomé un momento para hojearlo. Quería ver si había, no sé, un subrayado, alguna nota, un papel entre las páginas, algún elemento que pudiera darme pistas sobre a quién había pertenecido. Lo abrí por la contraportada y avancé hacia delante sin descubrir nada que me llamara la atención. Pero al llegar a la primera hoja, a la portadilla, el mundo todo suspendió durante un instante su acontecer y las nubes mantuvieron su forma y los aviones no fueron para adelante ni para atrás, y todos los seres callaron y ninguna fruta cayó de su árbol. Y fue así para que, durante ese casi imperceptible momento, se abriera un canal entre la muerte y la vida —mi impresión se asomó a mi gesto y a Pilar le dio tiempo a sacar su móvil y hacer una foto—, para que se abriera un canal y fuera factible que un mensaje cruzara el túnel o puente que une o separa los dos mundos. El ejemplar que tenía entre las manos, el que mi alumna había recibido en Barcelona de manos de su marido, que lo había hallado y sustraído en Ámsterdam para llevárselo a su esposa y que su esposa había decidido mostrarme a mí como una curiosidad justo el último día de clase antes de mi viaje, ese ejemplar de Círculos en acíbar era el que yo misma le había regalado y dedicado de puño y letra hacía más de dos décadas a mi queridísima abuela, que no había encontrado otro modo de desearme buen viaje al Sur —y justo «Sur» era el nombre de la colección de la editorial Montesinos en que había aparecido la novela.
Y la dedicatoria decía, y dice:
Mi abuelita querida, te quiero muchísimo y te admiro con todas mis fuerzas, porque sos una mujer increíble y maravillosa. (Dicen que yo salgo a vos). Y además, sos la mejor «manager» del mundo y, si no, que vean el sueldo que te pago: Todo el amor de tu nieta,
Flavia
Barcelona, 10 de febrero de 1993
Durante algunos días me planteé que tal vez debía leer el libro para entender el mensaje de mi abuela. No lo hice. Pensé que la vida me ofrecería la llave con que abrir esa puerta.
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Autora: Flavia Company. Título: La llave. Editorial: Navona. Venta: Todos tus libros.


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