Ser adulta contemporánea, como dice mi amiga Connie, resulta agotador.
La adulta contemporánea debe demostrar que sigue siendo relevante y difícilmente sustituible por la inteligencia artificial. Debe demostrar que es ágil, flexible, creativa, que tiene criterio, sensibilidad, intuición, don de gentes, empatía y liderazgo.
La adulta contemporánea también debe poner en valor su experiencia frente a los jóvenes y desplegar su perspectiva, templanza, conocimiento y memoria histórica.
Las adultas contemporáneas suelen ser madres. Algunas incluso abuelas. Y aunque, sin duda, la maternidad proporciona algunas de las mayores alegrías de la vida, también acarrea una serie de preocupaciones que la adulta contemporánea debe saber manejar con brillantez. Sin olvidar que las adultas contemporáneas también son hijas de unos padres que, en muchas ocasiones, dependen o se apoyan en ellas.
La adulta contemporánea suele asumir la obligación de estar estupenda, lo que requiere hacer ejercicio. Ya no vale con andar, hay que hacer cardio. Y fuerza. Sobre todo, fuerza. Hay que tener masa muscular, densidad ósea y consumir mucha proteína al día. La adulta contemporánea va al gimnasio, corre, camina, levanta pesas, hace pilates, estira y, muy importante, también debe descansar aunque, a veces, no sepa cómo.
La adulta contemporánea empieza a tener algún leve achaque. Y las gafas pasan a formar parte indispensable de su vida. No puede vivir sin ellas.
Las adultas contemporáneas ya no duermen igual y prueban todo tipo de soluciones para remediarlo, casi siempre con poco éxito.
Las adultas contemporáneas tienen canas que hay que esconder, matizar o lucir, lo que cada una elija. Y tienen arrugas que hay que eliminar, rellenar, tensar o, como mínimo, disimular.
Las adultas contemporáneas deben alimentarse bien. Ya no comen cinco veces al día, como antes. Ahora tienen que ayunar. Algunas adultas contemporáneas cada vez que abren la nevera sienten que están tomando una decisión geopolítica.
Las adultas contemporáneas viven rodeadas de colágeno, magnesio, omega 3, vitamina D, probióticos, prebióticos y suplementos con nombre de elementos de la tabla periódica.
Algunas adultas contemporáneas se decantan por los retoques, los pinchazos o el láser. Otras, por la naturalidad. Pero cualquier opción casi siempre implica un proceso personal de mejora continua, que se une a la frecuente autoexigencia de salir de la zona de confort, la cual las adultas contemporáneas tienden a abandonar.
A las adultas contemporáneas también les gusta tener vida social. Hay que quedar. Hay que llamar. Hay que contestar los mensajes. Hay que organizar cenas. Porque, según un estudio reciente, tener relaciones sociales es fundamental para vivir más. Así que las adultas contemporáneas deben quedar para no morir.
La adulta contemporánea debe estar informada. Debe saber qué pasa en el mundo, tener una opinión sobre la economía y conocer las nuevas tendencias. También tiene que ver series, estar en las redes y conocer los cantantes que escuchan sus hijos para no parecer antigua.
Y todo ello sin decir nunca “en mis tiempos”. Porque después de todo, una adulta contemporánea es una adulta de estos tiempos. Porque por eso son contemporáneas. Porque están aquí y ahora.
Trabajan, viajan, aprenden, cuidan, aman, opinan, se preocupan, se despreocupan, hacen planes, renacen, disfrutan y también se agotan. Porque, insisto, ser adulta contemporánea resulta agotador.
¡Feliz semana!
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