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Clara E. Mattei: “No puede haber un futuro para nosotros con el capitalismo”

Clara E. Mattei: “No puede haber un futuro para nosotros con el capitalismo”

Según el economista Ameth Tonak, la tasa de explotación de los trabajadores para producir el iPhone X (el modelo de Apple de 2017) es veinticinco veces mayor que la de las fábricas del siglo XIX, en los principios de la Revolución industrial. Si la compañía de la manzana produjera su popular teléfono móvil en los Estados Unidos, debería venderlo a un precio de 30.000 dólares para obtener el mismo beneficio. Aunque las condiciones laborales en muchos países de Asia sean infrahumanas, tampoco les va mejor a los trabajadores del país de las oportunidades: más del 44 % de los asalariados de EEUU no gana el suficiente dinero para poder cubrir sus necesidades básicas. No sólo es que muchos de los que reciben ayudas estatales tengan un empleo, es que más de la mitad de los “sin hogar” tienen un trabajo. Todos estos datos, y muchos más, los encontramos en el ensayo de Clara E. Mattei, Escapar del capitalismo (Capitán Swing). Mattei rebate en su libro la idea de inevitabilidad del capitalismo, un sistema que puede ser sustituido; denuncia que las decisiones económicas que condicionan nuestras vidas son tomadas por organizaciones e instituciones fuera de la democracia, como la Reserva Federal y el FMI; y propone luchar por conseguir un sistema económico diferente del actual —basado en la deuda perpetua, como castigo para las personas y motor para el crecimiento de los más ricos, y que utiliza la austeridad como herramienta para lograr el beneficio de unos pocos—  que no prospere a costa de la humanidad. Un último apunte recogido en esta obra: Clara E. Mattei cita en uno de los capítulos a David Harvey, quien asegura que si un observador pudiera viajar a través del tiempo, no encontraría diferencias entre las condiciones laborales de las fábricas de algodón de Manchester en 1840 y los empleados del complejo textil de Rana Plaza (Bangladesh), que se derrumbó en 2013, causando la muerte de 1.129 trabajadores. Robert Chalmers pronunció hace un siglo una frase alienadora para los trabajadores: “Trabaja duro, vive duro, ahorra duro”. El lema sigue vigente, pero con una pequeña variación: “Trabaja duro, vive duro, endéudate duro”. El Cthulhu lleva ya una buena temporada sometiéndonos, y Mattei defiende la necesidad de devolverlo a las profundidades del océano Pacífico y buscar otra opción económica más humana y solidaria.

Hablamos con Clara E. Mattei acerca de la manera en la que la explotación está en el ADN de nuestro sistema económico, sobre cómo Keynes intentó proteger al capitalismo de sí mismo y del castigo que supone la austeridad para el trabajador.

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—El capitalismo concentra cada vez la riqueza en menos manos: “Por cada dólar que ganó una persona del 90 % de la gente más pobre, un multimillonario consiguió 1,7 millones de dólares”.

"Tenemos que comprender que sólo puede haber riqueza si hay pobreza. Así es cómo funciona el capitalismo"

—En mi estudio he querido demostrar que no es sólo un problema de la financialización de la economía, de la corrupción del sistema. Ahora hay una gran desigualdad. Y esto es algo que es difícil de esconder. Hay diferentes métodos para analizar esta desigualdad. Los menos radicales apuntan a la financialización y al exceso de monopolio, junto con la corrupción, como los causantes. En mi caso me refiero a la tradición crítica de Marx, que habla de una desigualdad estructural en el proceso productivo del capitalismo. Tenemos que comprender que sólo puede haber riqueza si hay pobreza. Así es como funciona el capitalismo. La explotación del trabajo es la clave. No se habla de esto porque se supone que en nuestro modelo económico dominante no hay explotación. En la teoría económica mainstream no existe este concepto. La idea es que el trabajador recibe una contraprestación según la productividad marginal del trabajo, es decir, lo que merece. Me di cuenta de que si no comprendes que hay esa explotación, no puedes entender todos los procesos que generan la desigualdad. Esta explotación está intrínseca en el sistema capitalista.

—¿Debemos entender el feudalismo tecnológico como una degradación del capitalismo más salvaje o como una oposición?

—Que haya un gran poder en las manos de unos pocos es resultado del capitalismo. Esto, por supuesto, es un exceso, pero no es una oposición y no es una corrupción. El sistema necesita deuda, el sistema necesita opresión, el sistema necesita la subordinación de muchos. La teoría dominante es muy keynesiana: combatir la pobreza, vencer el desempleo, las medidas sociales son buenas para el sistema… Esta es la innovación de Keynes; les dice a las personas que estas medidas pueden ser buenas para el sistema porque ayudan a mejorar la productividad, el crecimiento y la estabilidad. Creo que eso es muy confuso. En realidad, volviendo a la tradición marxista, estas medidas sociales son malas para el sistema porque pueden empoderarnos. Y esto no es compatible con la acumulación de capital. Si hablamos de feudalismo, lo estamos haciendo de un poder muy profundo; en este punto sigue habiendo trabajo asalariado y sigue habiendo una coerción económica. En el feudalismo sabías quién era tu explotador; existía una coerción política y no eras libre ante la ley. Eso no ha cambiado. Seguimos explotados por fuerzas económicas. Creo que hablar de feudalismo nos distrae del hecho de que seguimos bajo el trabajo asalariado, y que todos los procesos se han acelerado para crear más desigualdad. No me parece útil evitar señalar al capitalismo de esta situación y culpar al tecnofeudalismo. Esto no es una oposición al sistema, es sólo su manifestación más extrema. Vuelvo a Keynes: su idea de capitalismo y humanidad, de capitalismo y reformas sociales, no es cierta; el keynesianismo fue una mentira burguesa. Esto hizo mucho daño a los movimientos sociales que podían tener capitalismo y trabajadores felices. Keynes trató de proteger al capitalismo de sí mismo. Cuando hubo una gran depresión en la década de 1930 todos querían escapar del capitalismo, y él dijo: “Podemos tener capitalismo y simplemente hacerlo más humano”. Y creo que esto está muy distorsionado conceptualmente, porque nos impide hacer una crítica real del sistema.

—Milei, Trump y el resto de populistas se proclaman alternativa al capitalismo. Esos políticos señalan que la austeridad es la solución.

"La austeridad no es barata; la austeridad es muy cara para el Estado"

—Los keynesianos te dicen que la austeridad es mala por la economía pero, en verdad, la austeridad es mala por nosotros, por la lógica de la necesidad; en cambio, es muy buena por la lógica del beneficio, que es la que manda. La austeridad incentiva la inversión privada y mantiene nuestra dependencia del mercado. La austeridad protege el trabajo asalariado y a los inversores privados. La austeridad no es barata; la austeridad es muy cara para el Estado. ¿Por qué? Porque no estás gravando el capital. El Estado renuncia a sus ingresos, aparte de la recaudación. El Estado no grava a las corporaciones, no grava el alquiler, no grava la herencia; grava a los trabajadores, que ahora tienen menos ingresos. Y además, el Estado está gastando mucho dinero para subsidiar la inversión privada. Tenemos que dejar de pensar que la austeridad es buena.

—Mucha gente con trabajo no tiene casa. El 70 % de los que reciben ayudas también son asalariados. ¿Estamos viviendo una regresión a las condiciones de los trabajadores del siglo XIX?

—Ahora es el momento de preguntarnos si queremos seguir convirtiendo cada aspecto de nuestra vida en una mercancía que no podemos tener porque no tenemos el dinero. Y de cuestionarnos si queremos desmercantilizar los servicios. No podemos quedarnos atrapados en la idea de delegar todo a inversores privados. Les estamos delegando las decisiones de nuestra vida a unos inversores privados que no tienen el mínimo interés por nosotros. Y sí, en ese sentido estamos como en el siglo XIX, y necesitamos cambiar esto. El objetivo de mi libro es usar una nueva lente para ver que este es el verdadero problema, y que el capitalismo no nos va a proporcionar humanidad. No puede haber un futuro para nosotros con el capitalismo. Necesitamos cambiar drásticamente el sistema, y esto es algo que no va a ser sencillo.

—En estas últimas semanas en España ha habido muchas protestas pidiendo cambios en la política de vivienda. Hemos tenido una acampada en la Puerta del Sol y el 11 de noviembre hay convocada una huelga general. La gente se une para protestar.

"Si los trabajadores se organizan, pueden cambiar las cosas. Esta es la única medida de presión"

—Este es el mensaje del libro. Si comprendemos cómo funciona el sistema, entendemos que el valor económico está producido por los trabajadores. Si los trabajadores se organizan, pueden cambiar las cosas. Esta es la única medida de presión, porque los tecnócratas razonan según la lógica del beneficio, que es incompatible con la lógica de la necesidad. En Tulsa hemos creado el FREE (Forum for Real Economic Emancipation), donde estamos organizando un modelo con la asamblea como vía para reaprender las decisiones colectivas. Se trata de no ser sólo consumidores, sino de ser tomadores de decisiones colectivas, tomar decisiones juntos. En este foro organizamos eventos públicos sobre la economía. Ahora estamos defendiendo la escuela pública en Tulsa. Ahora están pagando un voucher a los padres por mandar a sus hijos a la escuela privada para cerrar la pública. Ahora estamos con un proyecto sobre la propiedad de la tierra —Community Land Trust (CLT)—, para evitar la especulación, garantizar la asequibilidad de la vivienda y que la gente gestione su casa como un bien común. También estamos expandiendo el modelo de FREE a otras ciudades y países. Aspiramos a crear organizaciones fuertes que puedan ser escuchadas por los ayuntamientos de sus ciudades. Si organizas algo sólido, entonces puedes presionar a los gobiernos, puedes organizar economías alternativas y romper la dependencia del mercado.

—Terminamos. En el libro no sólo hay datos y reflexiones sobre la economía y la política, también nos cuenta la historia de su tía abuela, Teresa Mattei.

—Teresa era la hermana de mi abuelo, por la parte de mi padre. Fueron una familia muy comprometida en la lucha contra el fascismo. Ella fue partisana y sufrió mucho en esa época. Cuando terminó la guerra, se convirtió en la diputada más joven de la Asamblea Constituyente de Italia. Teresa era una mujer muy fuerte y también muy inconformista. Ella militó en el Partido Comunista, pero fue crítica con el estalinismo y se salió de la organización. Ella era muy independiente. Para mí también es muy importante mantener la independencia y la integridad. Esto es algo que aprendí de ella. Su hermano, Gianfranco, que también era partisano, fue detenido y torturado; se suicidó para no delatar a sus compañeros. Es importante recordar que el fascismo es una especie de consecuencia del capitalismo, y que su violencia es real. Eso es algo que se vio también en España. Y ahora lo estamos viendo en Palestina. Hay que entender también la opresión desde el punto de vista económico: “Israel ha establecido una dependencia económica palestina análoga a la que Occidente ejerce sobre el resto del mundo […]. En los últimos cien años, la estructura económica de Palestina se ha transformado para servir a la economía de Israel” (p. 132).

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