(s.f.) — Fue después de una comida cuando hablé por primera vez de la historia del manantial. A pesar del calor, hemos decidido comer fuera de la casa, el jardín al menos baja la temperatura. Cargamos la mesa bajo la sombra de un tilo.
21 de febrero — La cafetería está llena, encontré una mesa de milagro. Viernes por la tarde, dos hombres platican —uno viejo, otro joven. Afuera llueve, pero aquí el ambiente está cargado, así que al momento de sentarme suelto el bolso, me quito el abrigo y el jersey. Mientras me desvisto, el chico joven me mira, le mantengo la mirada y le sonrío. (…)
Paula me dio la idea de la siguiente novela: ECCE HOMO. Fui a Madrid y estuve hablando de ello con Charlie, me recomendó que no me pasara cuatro años escribiendo la novela que tenía en mente. Fui a Madrid a la fiesta de (H)AMOR BI(Y)BOLLO.
15 de marzo, Barcelona T1 — Los mismos asientos de espera donde dormimos a duras penas la noche hacia París, leyendo a Ernaux. Hoy me traje RITMO LENTO de Martín Gaite. En los mismos asientos donde yo me tumbé, un grupo de brasileños juegan a las cartas. Un cochecito lleva por la terminal a media docena de mayores. En las pantallas parece que sigue la misma publicidad. Vine a presentar con la Vasallo. Le conté mi próximo libro y me animó. Le dije que me asustaba alejarme de lo queer y ella me dijo que estaba planteando algo verdaderamente queer. También se lo conté a Julia, me dio la idea de grabar todo el proceso para compartirlo cuando se publique. A quien no se lo conté fue a Nico.
Sábado Santo — Esta es la mañana en la que visito Borja. Un día oscuro, encapotado, de tormenta. Hay truenos y relámpagos. El viaje fue estupendamente, cómodo, ameno con Paula.
26 de mayo — ¡Qué días tan feos últimamente! Dedicados a redactar convocatorias: subvenciones, residencias, becas… en pocos días la de París, la del Ministerio, la del BBVA, la de Gijón. Todo para hacer lo que precisamente me están quitando de hacer: escribir. Al menos —y ahora mismo los siento— en el patio interior, al que da mi cuarto de atrás, donde tantas horas paso, una familia de colirrojos vive sus días de primavera. Federico y yo los miramos trajinar.
2 de junio — No sé cómo abordar ECCE HOMO. Charlie me dijo “disfrútalo” y pienso en eso todo el rato, pero tiendo a estrujarme los sesos y complicarme. Conozco los hechos, la situación, pero yo qué cuento. Una novela pastiche, collage.
3 de junio — Hemos acabado. Última videollamada con Marisa.
13 de junio — INVOCO AQUÍ QUE LA BECA SE ME HA CONCEDIDO, GRACIAS UNIVERSO.
22 de junio – Estoy en Bilbao, TENÍA QUE ESCRIBIRLO.
18 de julio, 89 años del alzamiento — Días terribles en casa. Malas noticias. Dejo el trabajo. No hay dinero.
24 de julio — Mañana es mi último día de trabajo. Estoy delulu, no tengo dinero. Pero tendré un tiempo para estar con la gente, ir a la playa, leer el Quijote, ¿escribir? TENGO QUE ESCRIBIR. Leer a Javier Marías me estimula muchísimo.
26 de julio — Aquí viendo el reportaje que ha hecho La Sexta sobre el Ecce Homo.
6 de agosto — Todos los misterios se dan de la siguiente manera: un hecho misterioso se da sin que nadie lo pueda explicar. Este misterio puede prolongarse durante días, semanas y años. En ocasiones, el hecho da pie a la leyenda y la leyenda al olvido.
8 de agosto — Con Jara y Jacobo hablando de lo bonita que es mi letra. Yo escribo. Paula, Marina y Nico preparan una tarta de zanahorias. Julia hace yoga.
10 de agosto — Cecilia contrajo la enfermedad del pintor, el amor a la naturaleza, un mal bien conocido, y dedicó en adelante su vida. A pesar de cada desgracia, Cecilia se repetía “amor a la vida”, “amor a la vida” con la devoción propia de una loca o una santa. Citar a pie de página, ORLANDO p. 134.
13 de agosto — Cojo el cuaderno que he decidido utilizar para escribir este libro. LA PAISAJISTA lo he titulado, LA PAISAJISTA escribo en la cubierta.
19 de agosto — Está siendo imposible escribir en mis diarios este verano. Sirva el ECCE HOMO para ello, es donde lo cuento todo.
7 de septiembre — El libro comenzará: “Mientras usted tiene este libro delante, yo estoy de camino al que llaman el manantial de la alegría, y mientras usted tenga el libro delante así será”.
11 de septiembre, Borja — Paula se ducha y yo escribo en la mesa de la habitación, es algo que practico poco pero me encanta, escribir en los hoteles como un personaje de Hopper. La cama deshecha. Con la ventana abierta el tráfico se oye tanto como cerrada, por la puerta del edificio pasa una carretera nacional. Mi codo roza la esquina de un libro de Goya que traje. Hoy vemos el Ecce Homo: ¿llorará Paula?
12 de septiembre — A veces al viajar en el coche me fijo en el paisaje y me pregunto qué destacarán de él los pintores de la zona y qué los pintores más lejanos, si la manera de retratar Madrid que tiene Antonio López es por la proximidad y habitabilidad del lugar —Richard Estes en Nueva York—.
8 de octubre — Paula y yo nos juntamos para sacar adelante la novela. Ella ha preparado una exposición sobre arte, yo la grabo, tomo notas. Esto que está sucediendo será la noche.
28 de octubre — Pensé que el libro tenía que empezar por el principio y que el principio consistía en explicar lo que era un ecce homo. Por ello fui a la fuente primaria, el Nuevo Testamento, que nos regalaban a los niños al hacer la primera comunión. Estamos hablando de un libro que tiene más de veinte años, mantenido por pura intención bibliófila. Leí los cuatro evangelios y subrayé las frases que luego copié.
13 de diciembre — No he muerto, solo estoy trabajando, estudiando y escribiendo una novela. Se llamará GRACIA DIVINA.
21 de enero — Jaime me había recomendado empezar a leer a Marguerite Duras, me regaló un relato precioso, “La muerte del joven aviador inglés”, y me pidió que no empezara por El amante, su libro más leído, pero yo desobedecí. Puse El amante sobre la mesa, un álbum fotográfico narrado por su propia autora.
29 de enero — Tengo una novela acabada, pero hasta hoy no avisé a mi editor. Dudas de última hora. Paula me dice: “Lo que querías es contar esta historia, y eso es lo que cuenta”.
16 de marzo — Hablo con Charlie del título de la novela: El manantial de la alegría o Ese hombre (suena a Ecce Homo y a Rocío Jurado).
30 de marzo — Hoy es mi cumpleaños y he ido a escribir a la biblioteca. Ayer en el coche Paula y yo fuimos hablando de distintas cosas —tomamos el funicular, subimos a Bulmes, comimos bien, nos desviamos para visitar una iglesia abandonada, paramos también en Villa Encarnación (una mansión del XX abandonada al llegar la guerra, ocupada por los republicanos para hacer un hospital militar y después por los fascistas para encarcelar presos de guerra sometidos a trabajos forzados, ahora es una finca donde pastan ponis)— y entre ellas del nuevo título de la novela: EL MANANTIAL DE LA ALEGRÍA. Es la primera vez que lo escribo. Me dije que llamarlo así cuando mi primera novela se llama LA PENA es demasiado reiterativo, un escribir de las emociones. Paula me preguntó “¿acaso se puede escribir de algo que no sean las emociones?”. En ese momento hacía sol, pero también nos llovió y nos nevó, hacía mucho frío. Horas después respondí con otra pregunta: “¿Acaso se puede escribir de algo que no sean los fenómenos meteorológicos?”.
4 de mayo — A veces la gente no me toma en serio cuando lo cuento. Entonces miro a mi novela como si fuera el Ecce Homo, con cariño y condescendencia.
24 de mayo — Al sacar los cuadernos de la bolsa de playa, aún tenían arena. Tengo un café frío en la mesa, SUMMER WINE sonando, el gato en la alfombra. Marta nos invitó a pasar el fin de semana en casa de sus padres. (…) Decidimos ir en coche al faro. Marta nos contó que su abuelo pescaba en una gran roca cercana, pero un día un helicóptero vino y se la llevó, era la huella fosilizada de un dinosaurio. A mí me había recordado esa historia a la escena de EL MANANTIAL, al principio de LA DOLCE VITA. Allí arriba en el garo, los tres se acercaron a la valla de madera, en ella un cartel rezaba “Peligro de desprendimiento” y otro con una foto de una niña y con un ramo de flores: “El cielo vale la vida” o algo así.
8 de junio — En el Círculo de Bellas Artes, a la espera de que llegue Manuel Guedán. La pintura del techo, las mesas y sillas pesadas de madera, los extranjeros (y) jubilados. La pintura parece de aquel pintor canario, la escena del carro de fuego o el Dios Sol. Me traen el café y la cuenta (2,70€), estoy nervioso. Anoche dormí fantaseando con la mala idea de que la novela era rechazada. Charlie me dijo: “No es posible, es lo mejor que has escrito”. Del techo cuelga una gran lámpara de cristales, blancos pero me recuerda a la de Ai Weiwei. En el centro de la pecera, nombre del café, una escultura: una mujer que se define, escapa de la piedra, la (ilegible). Me gusta como metáfora de una novela. Por el escaparate se ve el tráfico y las estructuras de la visita del Papa, cintas en los parterres exteriores. Cada vez que suena la puerta, un vuelco: un hombre que no es él.
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Autor: Millanes Rivas. Título: El manantial de la alegría. Editorial: Lengua de Trapo. Venta: Todostuslibros.


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