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Inteligencia Editorial Vs. Inteligencia Artificial

Inteligencia Editorial Vs. Inteligencia Artificial

Hay que pensarlo mucho, porque la tecnología se nos está yendo de las manos y podemos acabar siendo sus juguetes. Después de amenazas de destrucción total y afirmaciones apocalípticas sobre la así llamada Inteligencia Artificial, han comenzado a llegar otros problemas de índole menor, pero no por ello menos acuciantes. Y ha tocado el turno a la industria editorial. Hace unos días el sello mexicano Almadía anunció que suspendería todas las actividades relacionadas con la presentación del libro Donde el agua trabaja, del escritor peruano David Silva Rojas (1981), ganador del I Premio de Novela Breve Almadía – Ventosa Arrufat, cuyo resultado se dio a conocer en julio pasado. En un comunicado, los editores quisieron hacer frente así a una noticia de un diario español donde se exponía que el 99% del texto de la novela habría sido generado con inteligencia artificial (IA), de acuerdo con Pangram, un detector (supongo que también inteligentemente artificial) de textos producidos por máquinas. Para los editores publicar un libro, dijeron, supone una relación de confianza entre quien escribe, quien edita y quien lee, confianza que, aseguran, “es la base sobre la que se sostiene Almadía” y, por lo tanto, han querido con esa decisión “velar por los compromisos que la hacen posible”, pues manifestaron estar desconcertados por el posible uso de inteligencia artificial generativa en la escritura de la novela ganadora, una situación que, señalaron, abría interrogantes “que deben analizarse con seriedad”. Bien. Almadía recordó que, desde la apertura de la convocatoria, ya las bases y el protocolo del premio establecían la prohibición de utilizar inteligencia artificial para escribir las obras participantes, así que al designar ganador del premio, le hicieron declarar en el contrato que no había recurrido a estas herramientas, algo que también les aseguró personalmente y, afirman, no había elementos para desconfiar de su palabra. Por otra parte, fueron varios los lectores de la novela, como el propio jurado (que integraron autores de sobrada solvencia lectora como Cristina Rivera Garza, Selva Armada y Mónica Ojeda), y nadie detectó indicios que les hicieran pensar que se había utilizado IA generativa, así que la valoración de la novela se centró en la obra en su conjunto, su voz narrativa, su construcción y los sentidos que propone, aspectos que consideran fundamentales para acercarse a la literatura. Almadía reconoce que la rápida evolución de las herramientas de inteligencia artificial plantea nuevos desafíos para el sector editorial y obliga a reflexionar sobre los límites de su uso, así como sobre la confianza que se deposita en los detectores, que también son IA, aunque en este caso, no generativa sino auditora, vigilante, supervisora, fiscalizadora, verificadora, examinadora y chivata, si me lo permiten. En fin, que los de Almadía, con buen criterio, exponen que estas herramientas pueden aportar información, pero sus resultados deben interpretarse y contrastarse, especialmente cuando están en juego la trayectoria de un autor y la confianza de los lectores, por lo que ante tal panorama la editorial ha considerado necesario realizar una revisión detallada del asunto antes de llegar a una conclusión definitiva sobre el caso, pero mientras la llevan a cabo, han suspendido todas las actividades relacionadas con la presentación del libro. Por su parte, el hasta ahora autor de Donde el agua trabaja, obra que aborda la explotación laboral y las formas contemporáneas de vulnerabilidad, con el silencio como elemento compositivo, de acuerdo con la descripción difundida por Almadía al anunciar el galardón, ha querido salir al paso de este asunto y asegura y ratifica ser el autor de la novela de marras, y en una red social expuso que él la concibió, escribió y revisó sin utilizar herramientas de inteligencia artificial generativa para crearla. “La novela”, ha dicho, “surgió de una investigación sobre las condiciones de vida y trabajo de las personas que llegan a Ica (región del suroeste de Perú) para trabajar en el sector agrícola. Mientras transcribía las entrevistas, comencé a escribir pequeños fragmentos en primera persona, reuniendo en una voz imaginada experiencias y sensaciones que me habían dejado aquellos testimonios. Al principio no pensaba escribir una novela”. Esa decisión, observa, llegó después, cuando decidió convertir aquellos fragmentos en una novela y preparó un cuaderno de notas en el que estableció cómo comenzaría la historia, cuál sería su conflicto principal y hacia qué desenlace quería conducirla. “También anoté algunas directrices que me servirían durante la escritura, por ejemplo, mantener siempre la perspectiva de la protagonista, utilizar una voz contenida y trabajar el ritmo mediante las repeticiones y los silencios”. Ese esquema, precisó, era el esqueleto de la novela, no un plan detallado de todos sus capítulos, pero a medida que escribía, fue incorporando escenas, personajes y situaciones que no estaban previstos inicialmente, pero que le permitían profundizar en la historia sin apartarse de su dirección principal. Como no necesitaba registrar cada nueva idea en el cuaderno, continuó revisando la estructura y el lenguaje del manuscrito en distintas versiones de Word, versiones del maquinaescrito que, asegura, conserva, así como un cuaderno de notas y materiales relacionados con la investigación que dio origen a la novela, por lo que ha estado reuniendo y organizando esa documentación “para entregarla a la editorial Almadía y colaborar con la revisión anunciada”. Finalmente, Silva Rojas ha hecho una reflexión sobre la así llamada inteligencia artificial, y sostiene que plantea preguntas importantes para la literatura y para las editoriales. “Sin embargo”, puntualiza, “considero que los resultados de una herramienta de detección, por elevados que sean sus porcentajes, no deberían tomarse como una prueba definitiva de cómo fue escrita una obra sin examinar otros elementos”. Y remata pidiendo que la revisión se realice con cuidado y que sus conclusiones estén respaldadas por hechos. “Por ahora, mi prioridad es colaborar con la editorial y aportar los documentos que permitan examinar mi proceso de escritura”, concluye. Este caso es muy importante por varias cuestiones: ¿confiaremos ciegamente en la computación, en la informática y los algoritmos?, ¿quién es más inteligente: un escritor, un editor, un lector o una máquina y su software?, ¿estamos ante las puertas de una nueva era donde tendremos que afrontar que existen nuevas herramientas, como hicieron los ingenieros y creadores de otros tiempos?, ¿es más falsa un fotografía de Venecia que un paisaje de Tintoretto?

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