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¿A dónde vas, Sampedro?

En esta imagen de Daniel Mordzinski, que siempre está con, ante y por los escritores, se ha colocado esta vez tras José Luis Sampedro y lo ha inmortalizado caminando veloz, como denotan las volutas de las perneras de su pantalón. Una velocidad que es igual a la de su pensamiento.

Sampedro era un ser único, que cuando hablaba decía siempre algo interesante. Y lo hacía con la gracia que puede tener un vecino cordial, que te enseña lo difícil haciéndolo sencillo y cotidiano.

"Muy pocos han combinado durante su vida el sentido común, el diálogo democrático y una gran capacidad humanista"

Le gustaban las comparaciones. Por ejemplo, comparaba la educación con un árbol. Decía que si este partía de una semilla en la que existen potencialidades, el ser humano nacía con unas potencialidades en los genes. También comparó al escritor con una vaca que pasta en el prado y ve pasar el mundo a su alrededor mientras va rumiando sus historias. Él mismo lo practicó al escribir su novela, Octubre, octubre: solía sentarse a repasar papeles sentado a la mesa de un bar cercano a la facultad en la que daba clases. Al lado, coincidían varias  mujeres del barrio, para hablar de sus cosas, y él, poniendo un aparatito auditivo sobre la mesa simulando sordera, ponía el oído en marcha.

Muy pocos como él para ver el mundo con ojos de economista y de escritor, muy pocos han combinado durante su vida el sentido común, el diálogo democrático y una gran capacidad humanista.

La playa por la que camina es un símbolo de la amplitud de su pensamiento. El mar, la libertad por la que luchó siempre.

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